30 de abril de 2009

CICLO “Tratado de Ateología” (PARTE I/IV) ATEOLOGÍA



Con esta entrada iniciamos un nuevo ciclo en El Mundo de Daorino donde pretendo hacer un pequeño estudio sobre la Primera Parte del ensayo Tratado de Ateología del filósofo francés Michel Onfray. Este autor, materialista, utilitarista y hedonista, propone una trasvaluación de la moral mediante la filosofía y la ética con la única herramienta de la Razón, alejándose de construcciones mediante la Metafísica y la Religión, negando tajantemente a Dios como idea valida; propone, en definitiva, una nueva era moral y ética, el poscristianismo, y una “física de la metafísica” (subtítulo de este libro).

« ¿La religión? Una invención de los hombres para poder asegurarse el poder sobre sus semejantes. ¿La razón? El instrumento que permite luchar contra todas esas tonterías (palabras de Cristovao Ferreira, citadas por M. Onfray)».

(Michel Onfray, Tratado de Ateología, Editorial Anagrama –Colección Argumentos, nº339-, Barcelona, 2007. Quinta edición. Página 46)

Su ataque al judeocristianismo es imperativo, irrumpiendo como una especie de pos-Nietzsche en el panorama filosófico actual. La tarea de la Ateología es deconstruir los monoteísmos (los tres), desmitificar las religiones (las tres), desmontar las teocracias (las tres) y gritar un sí a la vida, un sí al cuerpo, un sí al Hombre, alejándose como consecuencia de la neurosis, de las patologías, de las quimeras que provoca la fe y la fantasía. Así, este libro pretende ser una cura, una cura para erradicar esas pulsiones judeocristianas asentadas en nuestra cultura y que sobrevivirán a la caída de la Iglesia y de toda jerarquía religiosa organizada, ¡tal es el daño! En las voluntades de los hombres aún dicta una teocracia.

«El ateísmo posmoderno anula la referencia teológica, pero también la científica, para construir una moral. Ni Dios, ni Ciencia, ni Cielo inteligible, ni el recurso a propuestas matemáticas, ni Tomás de Aquino, ni Auguste Comte o Marx; sino la Filosofía, la Razón, la Utilidad, el Pragmatismo, el Hedonismo individual y social, entre otras propuestas a desarrollar dentro del campo de la inmanencia pura, a favor de los hombres, para ellos y por ellos, y no para Dios o por Dios».

(Michel Onfray, Tratado de Ateología, Editorial Anagrama –Colección Argumentos, nº339-, Barcelona, 2007. Quinta edición. Página 33)

Para Onfray es necesario, para construir una nueva moral, “trabajar con la realidad y construir a partir de ella”. Esa realidad existente es la sensible, no hay nada más allá. La realidad ostensible es todo a lo que el hombre puede aspirar, lo demás son divagaciones, imaginaciones de la mente, mentiras puras. El ateo debe vivir libremente ante sí mismo, no debe justificar sus actos ante ninguna divinidad ni llenarlos de la malsana mala conciencia. ¡El ateo ha desacralizado el mundo y lo ve ante sí tal como es, sin cuentos de niños, sin revelaciones, sin negar la vida, sólo con la Razón! El ateo es, en definitiva, un guerrero en constante lucha contra la inexpugnable y recurrente idea de Dios.

En el punto dos de la primera parte de este libro que comentamos Onfray dice claramente que Dios morirá con el último de los hombres, pues todo, hasta lo procedente de sus negadores le justifica de algún modo, dándole peso en “lo real”. A mí esto me lleva a lo siguiente: el ateo es un resentido, un odiador (todo odiador es un resentido), una víctima y un verdugo ante una idea que intenta aniquilar, una idea que a cada golpe recibido se hace más grande. ¿Cómo destruir a Dios, pues? Sería fácil, al menos el decirlo lo es: no pensando en él, ¡ja! Tarea ardua, imposible, tan anclada está la idea de Dios en nosotros. Como conclusión, la idea de Dios es totalitaria; y si bien Dios no es real y por lo tanto no es inmanente en la vida misma, si es inmanente en el Hombre, pergueñador de historietas, crédulo oyente de histerias, parturienta fértil de divinidades.

Para matar a Dios tal vez la Ateología sirva como una forma de enfrentarse contra tal idea inventada, contra la quimera, trabajando con la realidad y construyendo a partir de ella; pero la Ateología tal vez no sea lo suficientemente fuerte como para llegar a la consumación liberadora del deicidio. «Así pues, Dios durará tanto como las razones que lo hacen existir; sus negadores también…» (Michel Onfray, Tratado de Ateología, Editorial Anagrama -Colección Argumentos, nº339-, Barcelona, 2007. Quinta edición. Página 33), sentencia Onfray. ¿Pero cómo matar algo que cobra vida con sólo nombrarla? Dios es como Medusa, que al mirarla te convierte en piedra: negar a Dios casi te convierte en un creyente. Tal vez podría matársele siendo lo contrario que lo produjo: activo, afirmador, valiente, inteligente y consciente de “lo real”; pues Dios no pudo nacer sino del miedo y de la debilidad en tierras yermas, en el desierto. En definitiva, la única forma de aniquilarlo sería hundiéndolo en un profundo olvido: ¡Qué grande debería ser el golpe a nivel planetario para provocarnos “una amnesia de Dios”!

Pero he ahí que el ateo de Onfray no ha de confundirse con un “ateo resentido”: «Aquel que pretende aspirar a la no creencia en Dios, quedándose paralizado en el resentimiento, en el odio hacia lo relacionado con semejante invención. La no creencia, la negación total, sería el Nihilismo. Por lo tanto, el ateo es un mal rumiante porque no digiere ni a Dios por un lado ni su negación por otro -pues negar a Dios es una falsa negación-, por lo que no tiene acceso ni a Dios ni al Nihilismo» (daorino). Este tipo de ateo justifica con sus argumentos una idea ficticia, le da crédito al discutirla, pero para Onfray el ateísmo ha de entenderse como aquello que se opone drásticamente a la idea de Dios, sin darle crédito alguno (citarle debería considerarse como un in-nombramiento); pero en realidad el ateo le debe precisamente a Dios toda su existencia, un ateo que es además moral hasta la casquería y que como el hombre de fe se cree dueño de “lo cierto”: ambos, fe y razón, pretenden el poder: ¡¡A DIOS NO DEBE DE ENFRENTÁRSELE, SINO QUE HAY QUE SUPERARLO SIENDO MÁS!!

El principal problema de la Ateología, señala Onfray, es que no hay vocabulario hecho para la confrontación directa contra la Teología y las Teocracias. Ateo significa muchas cosas, ateos pueden ser gente con una fe incuestionable incluso: ateo es todo aquel que se ha rebelado contra el orden teocrático establecido, todo aquel que hace culto a una religión distinta, aquel que vive libre ante Dios, etc. Así pues, ¿cómo llamar a los negadores de Dios? La palabra a-Dios no existe dentro de los significantes establecidos. Este problema es de suma importancia en esta primera parte del libro que tratamos. Ni siquiera en la Ilustración, abanderados de nuestros ideales actuales, abanderados de las luces y del libre pensamiento, se despojaron del lastre judeocristiano: la adaptaron para los nuevos tiempos. No negaban a Dios, ciertamente, lo aceptaban bajo la sombra del deísmo. Así pues, la Ateología es en realidad algo muy reciente.

Onfray defiende el poscristianismo (una nueva Era para la Razón), una vida alejada de Dios, una vida basada en la realidad y en la verdad; defiende una sociedad hecha para el hombre y por el hombre, un mundo del más acá y no del más allá. Entonces su ateísmo no “parece” contener un resentimiento, sino un sí a la realidad sin Dios. La Ateología es entonces una vuelta a la cordura, a la vida, “salud mental recuperada”, como diría el propio francés. El nihilismo queda totalmente al margen, que para Onfray significa la decadencia del Hombre, una ausencia de valores.

«La época parece atea, pero sólo a los ojos de los cristianos o de los creyente. De hecho, es nihilista.»

(Michel Onfray, Tratado de Ateología, Editorial Anagrama -Colección Argumentos, nº339-, Barcelona, 2007. Quinta edición. Página 57)

Pero he que me inquietan ciertas cosas. ¿Qué lugar ocuparía la razón en un nuevo mundo pos-cristiano? ¿El de Dios? Si se hace cuestión de fe La Razón, mal, si se hace de la razón dogma, mal, si la razón es usada a manera de Dios, peor todavía; pero si se usa la razón para argumentar, observar, desenmarañar, desmitificar, desacralizar y aniquilar la mentira y las quimeras (¡pues para lo mismo que se usa la fe puede manejarse la razón!), estupendo.

Vivimos en un mundo aparentemente laico. Si bien dijimos que la mentalidad judeocristiana sobrevivirá a cualquier Institución religiosa, es debido a su inoculación inconsciente en el hombre durante siglos. Su moral se manifiesta espontánea: nuestra sociedad es la de los lastimeros y de los apenados, de los lastimados y de los penosos… ¡cuánta debilidad! Pusilánimes todos, ¿no nos damos cuenta de que todo funciona a base de piedad y pecado? ¡Razón para la inteligencia pero teocracia para el espíritu! Este es nuestro mundo, pura contradicción. ¿Contradicción o malentendido? ¿A caso la razón que se manifiesta en nuestra inteligencia no está judeocritianizada? Al débil se le ama, al masoquista (al que pone la otra mejilla) se le venera. El mundo sigue igual. Vivimos en el ateísmo cristiano o cristianismo sin Dios, como dice Onfray. Pero esto no es una evolución, es sólo una pequeña castración del cristianismo producto de la Ilustración deísta. Debemos superar esta etapa de debilidad, esta etapa decadente, debemos avanzar, según Onfray, a un ateísmo poscristiano, hacia una nueva era sin religiones y sin Dioses, a una nueva era construida exclusivamente con La Razón, La Filosofía y El Hombre. Pero qué lejos aún del “ateísmo ateo” nos encontramos, pues el hombre no está dispuesto a deshacerse de la fe, más bien al contrario, se empecina en matar por ella, en fanatizar su vida por una mentira, en sufrir una patología, una enfermedad mental: este tipo de ser alza su vista a Dios sin ver nada creyendo que es observado y que son escuchadas sus plegarias, mientras el racionalista poscristiano miraría de frente encontrándose consigo mismo en la mirada de otro hombre.

«La teología deja de ser la genealogía de lo moral, y la filosofía toma el relevo. Mientras que la lectura judeocristiana supone una lógica vertical –desde lo bajo de los humanos hacia lo alto de los valores-, la hipótesis del ateísmo cristiano propone una exposición horizontal: nada fuera de lo racionalmente deducible ni disposiciones en otro campo que no sea el mundo real y sensible. Dios no existe, las virtudes no se derivan de una revelación, no descienden del cielo, sino que provienen de un enfoque utilitarista y pragmático. Los hombres se dan a sí mismos las leyes y no tienen necesidad para ello de recurrir a un poder extraterrestre.»

(Michel Onfray, Tratado de Ateología, Editorial Anagrama -Colección Argumentos, nº339-, Barcelona, 2007. Quinta edición. Página 72)

Pues bien, si los Ilustrados sustituyeron a Dios por la Razón, Onfray pretende sustituir a Dios por el Hombre. Una gran pretensión sin duda. Quiere que seamos solares, nada de luces del siglo XVIII, sino solares, que la razón brille fuerte y poderosa sin brizna de Dios. Y quién sabe si Michel Onfray, como buen francés, da comienzo a una nueva etapa ilustrada o al menos cimenta una buena base para eliminar la florecida simiente judeocristiana en un futuro por el bien de Europa y del Mundo.■


Textos de interés:
- http://www.mundodaorino.es/2009/01/crtica-y-afirmacin-de-lo-real.html
- http://www.mundodaorino.es/2008/11/meditando-sobre-nietzsche-de-lo.html

5 comentarios:

  1. Chesterton decía que el día que los hombres no crean en Dios creerán en cualquier cosa. Que Dios no existe y la religión es un camelo me parece fuera de toda duda, pero lo cierto es que la inmensa mayoría de la gente la sigue y les hace felices. Es demasiado optimista pensar que si dejaramos atrás la Fe, se llegaría el Superhombre o algo por el estilo. A saber qué estupidez vendría realmente. Hasta ahora los hombres han salido de la Iglesia para entrar en el Centro de Comercial.

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  2. Dices bien, Mircea, yo también detecto ese optimismo de Onfray hacia el hombre. Pero también es verdad que para un verdadero religioso, ya sea cristiano, islámico o... yo que sé, sintoista, los postulados poscristianos de Onfray pueden serles de utilidad, al menos para mejorar en muchos aspectos, y si bien los Ilustrados no han de basarse en exceso en la Razón (pues corre el peligro de la paradoja de convertirse en fe), los religiosos no han de pasarse con la Fe. Pero al final nos encontramos entre diversos tipos de Razón, una Razón Escéptica Ilustrada y una Razón Dogmática de tipo religioso (incluso político), que se tarta de un razonamiento concluso, es decir, un razonamiento absoluto. Esto es un laberinto.

    Y bien, me encantan tus ocurrencias. Es muy literario eso de que los hombres salieron de la Iglesia para irse al centro comercial. Eso significa que la fe se utiliza para estimular el tener en los seres; hemos pasado de una cierta espiritualidad a una superficialidad, una fe en el consumo. Fijaros con la fe (ceguera, es casi amor por las objetos) que van esas mujeres y hombres a comprar, casi ciegos, seducidos, apasionados, inconscientes... El hombre parece tener necesidad de la fe, pero se me antoja que es así no por la necesidad, sino porque no han conocido otra cosa, no han volcado alguna vez su cabeza a la reflexión y lo que es peor, huyen de todo atisbo de inteligencia.

    Hasta pronto.

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  3. El proyecto de Onfray, que se muestra ya en el propio título del libro, es inaugurar un nuevo tiempo de ateísmo, llevando hasta las últimas consecuencias algunos de los postulados de la Ilustración.

    La "Ateología" que este filósofo propone tiene como eje de actuación básico el ataque a las religiones existentes, cebándose en particular con los tres monoteísmos abrahámicos. Supongo que se centra en estas tres religiones en particular, entre otras cosas (como podría ser el hecho de que en nuestro entorno inmediato son las dominantes) por ser su crítica, para lo que él pretende, mucho más sencilla.

    La contradicción más importante en la que incurre Onfray, no la única, es que su propuesta de ateísmo tiene un origen directo en el cristianismo, al igual que tanta moral profana actual. En la Antigüedad, el fenómeno del ateísmo es inexistente y es sólo la separación radical entre ser increado (Dios) y ser creado (mundo) que el cristianismo impone, lo que permite la irrupción del ateísmo. Y es que el cristianismo ha desacralizado el mundo, un mundo que era sagrado y donde la divinidad convivía con el hombre de una forma más natural.

    Onfray lloriquea ante la inexistencia de un léxico adecuado para la "Ateología". Pero el problema al que se enfrenta es precisamente que, sin léxico o con él, con la "Ateología" y el ateísmo permanece en una lógica cristiana, monoteísta, abrahámica.

    Y haces bien, Daorino, en sospechar acerca del papel que Onfray le quiere dar a la razón. Porque erigir la razón en lo único útil y seguro para la vida y el mundo es, como poco excesivo y unilateral. Nunca podría confiar en alguien que no le da la importancia debida a la irracionalidad.

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  4. Desde luego, León Riente, es para sospechar, y mucho. Ser irracional, como tu bien sabes, no es ser irracional, sino aceptar o, mejor dicho, afirmar esa cualidad de la vida y de las relaciones humanas incluso, que no se atienen a razones o una lógica definible. Con esto digo que el irracionalista no es irracional, sino dueño de una razón más global de la vida y de la naturaleza. Y Onfray no da a la irracionalidad ningún protagonismo, solamente la racionalidad es lo importante. Pero ahí está la osadía de Onfray, por lo que considero muy necesario filósofos de esta talla, al menos en convicción y en fuerza, porque así se fomenta el debate: la filosofía actual carece de cauces para la discusión.

    Y es curioso que sea así, pues de forma muy nietzscheana, Onfray se muestra como un coriáceo pensador vitalista. Y no hay nada más irracionalista que se afirmador de la vida, aunque tal vez me equivoque: el irracionalismo y el ilogisco lo identifica con el monoteísmo.

    Otro detalle que comentas es el asunto de que el cristianismo a desacralizado el mundo. De este asunto ya hablé en el ciclo El Nacimiento de la Tragedia. Lo paradójico de esto es que para Onfray los sacralizadores del mundo fueron precisamente los cristianos y demás religiones abrahámicas. Si el error de Nietzsche fue no criticar el judaísmo y el islamismo, bien sea el de Onfray no reseñar el paganismo o las religiones orientales, ya sea para hacer crítica o para señalar virtudes.

    Por otro lado, no estoy tan de acuerdo en que Onfray trabaje con una lógica cristiana, su esfuerzo se encamina precisamente en alejarse de un léxico cristiano y en alejarse de la lógica cristiana, aún sea por el camino contrario o con lloriqueos. Creo que el esfuerzo es de por sí importante y el objetivo muy noble: poner al hombre los pies en la tierra, construir alejado de la esperanza, eliminar los mundo inmateriales y el trascendentalismo teísta y por supuesto, construir desde lo real.■

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  5. El hombre siempre ha buscado o buscará algo en lo que ocupar el tiempo o la mente. Más que el centro comercial, creo que lo que la gente en general busca con mayor ansia es el del bien propio. Es una constante histórica o si queréis una estructura (que dijera Braudel). Tengo la sensación de por más vueltas que le demos a la religión, a la filosofía, a la historia o a cualquier pensamiento jamás seremos capaces de resolver los enigmas que más nos atormentan: ¿qué diablos hacemos aquí? ¿por qué me tengo que morir? ¿por qué existe el dolor?

    El solo disfrute de la vida, de sus placeres y bellezas no nos colman. Existen interrogantes que los superan y que suelen aparecer con mayor fuerza cuando se sufre. Nadie se preocupa cuando es feliz sino cuando existe una pena que nos angustia o un miedo que nos atenaza. La mente se activa y procura buscar respuestas ante algo que nos está mortificando.

    En este sentido no entiendo las disputas entre ateos y cristianos, extremos los dos de una misma cuerda. Cada cual tira hacia su lado, pero los dos son igual de creyentes. Tanto unos como otros focalizan su mente y tiempo en ideas incontrastables. Es más, los ateos son un subsidio de los religiosos, ya que son una reacción contra ellos. Pero ¿quién puede demostrar la existencia o no de un sentido que dé consuelo a nuestras preocupaciones?

    Me considero agnóstico porque no sé darle una explicación lógica al mundo. De la misma forma soy agnóstico porque no encuentro en la imaginación humana una respuesta. Creo que el ser humano no ha sido capaz de dar solución a las preguntas trascendentales que nos afectan, aunque esto no debe ser óbice para detener la búsqueda, sí para aparcar las creencias.

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