7 de mayo de 2009

CICLO “Tratado de Ateología” (PARTE II/IV): MONOTEÍSMOS



Tiranías de los tres «monos»

Los tres monoteísmos, a los que anima la misma pulsión de muerte genealógica, comparten idénticos desprecios: odio a la razón y a la inteligencia: odio a la libertad; odio a todos los libros en nombre de uno solo; odio a la vida; odio a la sexualidad, a las mujeres y al placer; odio a lo femenino; odio al cuerpo, a los deseos y pulsiones. En su lugar, el judaísmo, el cristianismo y el islam defienden la fe y la creencia, la obediencia y la sumisión, el gusto por la muerte y la pasión por el más allá, el ángel asexuado y la castidad, la virginidad y la fidelidad monogámica, la esposa y la madre, el alma y el espíritu. Eso es tanto como decir «crucifiquemos la vida y celebremos la nada».

Michel Onfray, Tratado de Ateología, Editorial Anagrama –Colección Argumentos, nº339-, Barcelona, 2007. Quinta edición. Página 83)

Quisiera empezar aclarando ante todo que este ciclo no es una muestra de odio contra los creyentes y depositarios de una fe sana y sobre todo privada, sino una muestra de coherencia con lo real y una denuncia y repulsa sin paliativos hacia todas esas religiones que al amparo de una idea ficticia han hecho millones de atrocidades y ocasionado un mal inconmensurable; un mal que requerirá de tantos siglos para destruirse como siglos ha perdurado y perdurará el judeocristianismo y el mal islámico. Este artículo, como el anterior y los siguientes a éste, que conformarán este ciclo, muestran, en definitiva, mi repulsa hacia toda moral y visión judeocristiana e islámica, hacia toda moral pusilánime y hacia toda mentalidad negadora y sadomasoquista, sirviéndome de una inspiración ateológica.

¿Cómo nacen las religiones monoteístas? Pues tal vez del miedo a la muerte o del cultivo desmesurado del miedo en sí que, mezclado con una época de decadencia pagana, un Pablo de Tarso con sus histerismos rimbombantes y un Constantino “ediposo”, acabaron por crucificar a la Humanidad y menoscabar la Vida.

La vida es trágica porque es real, pero he ahí que se crearon los mundos subyacentes, esos mundos alejados de lo verdadero, tan abstractos como irreales, condenando al ser humano a un martirio en la tierra, a una esclavitud estúpida a cambio de un hipotético lugar en el cielo para contemplar a Dios. Ese es el chantaje de los pusilánimes a los mortales durante más de 2000 años: haz lo que dicta la fe o irás al infierno. Y es que las religiones exigen obediencia para ganarse el paraíso. Es así como la Iglesia o el Estado Teocrático imponen un sin fin de obligaciones, ¡y cuantas más se impongan mayores riegos para pecar y sentirse invadido por la mala conciencia! En el pasado este muro inmaterial (y por ello difícil de derrumbar) que mantenía al Hombre del lado de la muerte más que de la vida, pues supone la anulación total del individuo, tuvo una ferocidad sin límites. Hoy, mirando como un clerical de cualquier condición religiosa, solamente vería pecadores orgullosos. Sin embargo, ante los nuevos tiempos, las religiones se han ido ablandando: otra muestra de que todo es mentira y que puede darse el brazo a torcer para sólo mantener o intentar mantener el estatus; o radicalizándose: tal es la rabia del Islam, un canto a la Guerra, un canto a la eliminación de los infieles…; como el Judaísmo, que se nos manifiesta endogámico, centrípeto, belicoso, único, exclusivo…

La religión, como sinónimo de fe y de ceguera, decide por ti las pautas a seguir. La Razón y el sentido común quedan reducidos a las pantomimas de unos supuestos iluminados y a las tesituras del Libro. ¿La libertad individual y la inteligencia? Bobadas, diría el cura, el rabino o el imán. Sin embargo, existe la interesada y prefabricada idea del libre albedrío en sentido judeocristiano que…

La lógica de los monoteísmos se ha decidido a base de lo lícito e ilícito y de lo puro e impuro. ¿Qué es impuro? El cuerpo, el sexo, la inteligencia… ¿Qué es ilícito? Amar, gozar… Con estas lógicas ha dominado el judeocristianismo y el islamismo durante siglos. En el día de hoy, aún resuena el crujir del látigo, ese enorme flagelo que golpea a la humanidad, amoratada en un callejón sin salida.

Y por supuesto, odio a la inteligencia y al saber por parte de los “manoteístas”. Persecuciones a los filósofos, quema de libros… Con el monoteísmo nace el oscurantismo. Aún así, con el Siglo de las Luces la Iglesia comenzó su declive en Europa. En el día de hoy aún espero la estocada definitiva. Pero imposible, pues bien es sabido que el judeocristianismo y el islamismo sobrevivirán a toda empresa de fe; bien es sabido también que hoy no hay nuevas luces conscientes y dispuestas a plantar cara a la invasión de la fe ciega islámica, furibunda, resentida y fanática, convencida de la gloria de un más allá, y cómo no, bien es sabida la inmanencia casi innata de Dios en el Hombre.

Condena a todo materialismo, a todo atomismo, a lo real en definitiva, que desmiente todas las ficciones y deja en ridículo cualquier atisbo de espiritualidad abstracta o mundo subyacente. Continuamente, la Iglesia va de ridículo en ridículo, reconociendo lo que antes negaba a la ciencia. Mejor saber rectificar a tiempo que en empecinarse en los dictados de un Libro que supuestamente contiene todo, pero todo mentira, todo contradictorio.■


La mujer, los ángeles y el paraíso.

Los monoteísmos, manteniendo en sus fieles esa pulsión de muerte que tantos efectos negativos han ocasionado a la psicología humana, prefieren la ficción de un paraíso y postergarse con el flagelo y la castidad en la realidad más inmediata, que cultivar la vida y alegrarse ante un cuerpo que necesita de los goces y de los apetitos más sensuales, culinarios y estéticos. Esto no es culto al cuerpo de forma superficial e incontrolada, sino de culto al Hombre, de no negar esa pulsión de vida, ese instinto que llama al sexo, a las pasiones, etc.

Como muestra de la negación a la vida o pulsión de muerte, los monoteísmos han arrojado todos sus odios y neuras contra lo femenino. El monoteísmo es la falocracia casta e impotente, el mayor de los absurdos, el mayor de los odios hacia uno mismo. La mujer, depositaria de la virtud de dar a luz la vida al mundo; la mujer, turgente y provocativa, con belleza escandalosa, deleite para el hombre que la contempla glorioso y le dice, «¡sí!, dame tus encantos para mi goce y mi alegría y yo te daré los míos». El sacerdote, el ayatolá, el rabino… dicen no, dicen no a la vida, dicen no a la mujer, al sexo… A esto derivamos a la Sexualización de la culpa, llegando hasta los dominios del pensamiento. Tener un pensamiento impuro ya es meritorio de flagelo. Menuda condena esta pulsión de muerte, menuda fascinación de la muerte la de aquel quien se sume a esta atrocidad del espíritu de forma voluntaria. La vida debe ser vívida, pasional y trágica, si no no se ha vivido. ¡No al cinturón de castidad! ¡Sí al sexo sucio y limpio! (¡JA!)

Ya en el génesis muestran los tres libros su repulsa a la mujer. Eva, depositaria de una voluntad que al parecer es seducida por una serpiente, come del árbol sagrado del conocimiento del Bien y del Mal. Desde entonces, el Hombre es expulsado del paraíso por culpa de la tentación (y no a causa de la curiosidad, virtud del filósofo) de una mujer: comienzan los padecimientos. Con el pecado original se intuye el odio a la inteligencia y a la voluntad de saber. Por culpa de una mujer el Hombre camina entre lo real. Pero ese odio hacia la mujer va más allá, pues ya de por sí la mujer aporta consigo el pecado y por ello debe toda su sumisión a lo masculino. Gran avance entonces la emancipación de la mujer, mal por aquellas tribus de histéricas que conforman el absurdo conglomerado de grupúsculos feministas, nacidas del resentimiento hacia el hombre, sacándole rédito y beneficio al martirio que han sufrido: ¡Qué mentalidad más judeocristiana ésta! Bien por Eva, que tuvo el valor de dar rienda suelta a su curiosidad y otorgarnos cual Fausto el conocimiento, mal por las feministas, que ven en el hombre un enemigo. Mal igualmente por aquellos que veneran la inocencia del idiota de Adán.

Dicho lo dicho y para concluir, he ahí el ángel y el paraíso, que Onfray señala perfectamente y que definen a la perfección el idílico mundo monoteísta, irreal y asexuado:

El Mundo fuera del mundo produce dos criaturas fantásticas: el Ángel y el paraíso. El primero funciona como prototipo de antihombre; el segundo, como antimundo.

(Michel Onfray, Tratado de Ateología, Editorial Anagrama –Colección Argumentos, nº339-, Barcelona, 2007. Quinta edición. Página 110)


Textos inspiradores para este artículo:
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5 comentarios:

  1. La condena a estos tres monoteísmos concretos es necesaria, pero difícil y, sobre todo, incoherente si se desea hacerla desde el ateísmo, que, como ya se dijo en un comentario anterior, no es sino una derivación lógica de los caracteres de estos monoteísmos, en particular de lo referido a la dicotomía en cuanto a la divinidad establecida entre lo increado y lo creado.

    En parte, de esta dicotomía y de este situar todo lo bueno en uno de los planos, que por eso mismo deja al contrapuesto privado de lo divino, viene también ese odio de estos monoteísmos a la razón, a la filosofía, al arte... Quizás esta dicotomía sea la responsable de esta mala relación establecida por estos monoteísmos entre lo divino y lo humano. Compárese esto a lo que según la Stoa caracteriza a los sabios (los filósofos) en relación con la divinidad: "Son divinos, pues tienen, por decirlo así, a Dios dentro de ellos. En cambio, el necio (phaûlos) es ateo. El ser ateo tiene doble sentido: se dice del que se enfrenta a la divinidad y del que niega lo divino. (...) Los buenos son piadosos; pues la piedad es el reconocimiento del culto divino. Por lo tanto incluso harán sacrificos a los dioses y se conservarán puros. Y los dioses los aprecian (a los sabios y buenos). Pues son reverentes y justos ante la divinidad".
    (Cita tomada de: Vidas y opiniones de los filósofos ilustres. Diógenes Laercio. Alianza, Madrid, 2008, pág. 376).

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  2. Insisto: a estas alturas del partido ¿a quien le molesta la religión? está erradicada de nuestras vidas ¿Moral sexual? nosotros ya hemos crecido sin cortapisas de ningún tipo...Creo que hace falta un sistema moral, y la religión cumple.

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  3. Bueno, Mircea, te contesto, lo que es todo un honor.

    1. No me molesta la religión en sí, sino la religión tal como se nos ha dado, es decir, no es lo mismo el cristianismo bien dado e interpretado que el cristianismo que nos venden y gobierna a los que consumen o son gobernados por dichas instituciones. El ataque de este ciclo de artículos, tal como hace Onfray, no va en contra del creyente, sino del JEFAZO y la Institución religiosa que gobierna.

    2. Si, es cierto, nuestra generación ha crecido sin cortapisas, ¡¡y menos mal!!, pero la moral judeocristiana e islámica, es decir, hablamos de la moral abrahámica, si ha crecido con nosotros. Por otro lado, aunque nosotros andemos parcialmente o absolutamente libres de yugos religiosos y podamos acceder a ésta o cuál religión de forma libre, no es así en el territorio islámico por parte del ISLAM (¿a excepción de Turquía o algún estado laico islámico?) o zonas de África donde ese estado teocrático llamado Vaticano predica cosas que son, al verdad, lógicas por decirlas ellos, es cierto, pero incoherentes dada la situación allí dada.

    3. En cuanto a lo de “necesitamos una moral, y la religión cumple”, he de decirte que estoy deacuerdo, pero en parte. Es cierto que necesitamos una moral, el hombre necesita sus propias leyes tanto para juzgarse como para juzgar. Al ser humano le da cierta seguridad eso de saber qué es bueno y qué es malo. Pero creo que es innegable que esta moral judeocristiana gobernante, religiosa, sólo trae debilidad, veneración del mendigo, odio a la inteligencia y apego a lo irracional y sobrenatural: todo gran acto es por l agracia de Dios, el malo por la gracia del Diablo, ¡¡creo que no hay imparcialidad!!. Sí a una moral, pero no a la que tenemos, debemos cambiar muchas cosas para no solo crear individuos fuertes, sino una sociedad fuerte y JUSTA: una moral apegada al hombre que entrega todo lo que tiene a los demás hombres por el bien de todos en lugar de hacerlo, no por sí mismo, sino por un Dios (me niego a cualquier religión que exculpe al Hombre, debemos sentirnos orgullosos de nuestros aciertos y errores; y esto sería una religión de fuertes).

    4. Yo también parto de que la religión, contra más fuerte, mejor, pues más fuerte será el pueblo que la tenga. Por ello considero que los países islámicos son más fuertes que el occidental, no armamentísticamente, aunque no lo sé, pero si en el terreno de la fe. Son más fuertes porque son más ciegos. Mircea, a mí una religión que se aparte de la racionalidad me parece una religión peligrosa y salvaje que anula completamente al individuo, pues evita su liberación y libertad. A lo mejor me has leído defender lo amoral y lo irracional, pero era una simple forma de entender el verdadero trasfondo de la vida: que la vida sea amoral e irracional no quiere decir que el hombre no pueda razonar para entender dicha realidad.

    Hasta pronto, Mircea.

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  4. Creo que te contradices Daorino en tu respuesta a Mircea. En tu discurso desmontas cualquier conocimiento ultramundano. Entonces la religión ya no puede ser factible, a menos que hables de una esperanza sin ningún tipo de contenido conceptual. ¿Cómo puede haber, entonces, una moral religiosa? Una moral racional en todo caso que no dejaría de estar influenciada por el cristianismo a corto y largo plazo.

    Si todos los que aquí hablan y comentan son españoles o europeos, tened por seguro que por más ateos o agnósticos que podáis ser, gran parte de vuestra cultura es judeocristiana. Observo en vuestros blogs y comentarios que lucháis a conciencia contra ella, pero os olvidáis que los atavismos y sarmientos judeocristianos brotan en el momento menos inesperado en vuestra conducta. Solo tenéis que analizar vuestra moral o, más generalmente, el marco legal de nuestro país para daros cuenta de que hay una estructura mental que lleva gobernando Europa desde hace siglos. Es algo inconsciente, que mamamos desde la cuna y del entorno que nos rodea y que condiciona la percepción con la que juzgamos el mundo. Es una mano invisible, parafraseando a Adam Smith, que nos involucra a todos nosotros en el tinglado. Por eso me hacen gracia aquellos que focalizan los males del mundo en una determinada etnia o raza como los culpables (ideal irracional y supersticioso), cuando ellos mismos son alegres participantes en la fiesta sin darse cuenta. La realidad es que se engañan ellos solos y viven contumaces regodeados en la pocilga de su propia confusión. Son como un palimpsesto, ni borrando todo vestigio consiguen dejar limpio de mácula el manuscrito. Como unos parásitos a hombros de un mastodonte, incapaces de detener su marcha y de dar un giro radical a su dirección. Las revoluciones en cuestiones de mentalidad no existen y se tardarán muchos siglos, si es que se logra, en destruir lo que in tempore et doctrina se ha construido. Si ese día llega, los gusanos ya habrán hecho su trabajo y las pretensiones de los hombres del pasado no serán más que meros reflejos de una realidad ingobernable.

    Hasta Marx era judeo-cristiano. El marxismo está cruzado por la idea de Cristo (de reminiscencias estoicas a su vez) de ayuda al pobre y al que es explotado, con la única “diferencia” de que Marx le dio una utilidad más práctica y, por lo tanto, mundana. La mentalidad es una estructura. Nuestra sociedad se ha edificado según dos modelos mentales principales: el griego y el judeo-cristiano, recalcando que ha sido este último el que ha decidido qué es lo que interesaba adoptar del heleno, de entre los mismos cristianos y de las creencias paganas. Todo lo demás, estopa de hoguera.

    Si analizamos los 10 mandamientos podremos observar que muchos de ellos nos agradan, los compartimos en la práctica y los cumplimos porque son una buena forma de vivir en sociedad. Nuestro sistema legal se basa en ellos. Podemos matar a los Dioses, pero desde algún lugar de nosotros se siguen manifestando y demostrándonos lo necios que somos.

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  5. Muchas gracias, מֹשֶׁה (¿Moshe, Moisés?) por leer el artículo y sobre todo por comentarme. La verdad es que tu comentario es muy bueno, muy seguro, muy sensato, bien argumentado, sobre todo respetuoso, y, cómo no, me veo obligado a responderte, pues sin duda deba matizar ciertas cosas.

    Asumo mis contradicciones, qué sería un ser humano sin ellas. Pero bien es cierto que cuando uno argumenta debe hacerlo sin fisuras, y, por supuesto, sin nada que aboque en contradicción, porque si no el propio argumento se debate a sí mismo y se pone en duda. Bien, tal vez haya dejado muchas fisuras. Allá voy yo con mezcla y palaustre a intentar dar solidez, jeje.

    El que exista religión no es para mí un drama, si en algo se centra este ciclo es en la crítica a los tres monoteísmos. Yo, como Nietzsche, creería en Dios que bebiera, cantara y bailara, jeje, no en uno que va dando pena. Un Dios debe ser fuerte, en él el hombre debe sentirse dignificado y no humillado. Esa es sin duda una de las diferencias de la fuerza pagana y la pusilanimidad monoteísta de las religiones del desierto. Así que no descarto la religión como base moral y social para que las personas se relacionen entre ellas, ¿acaso critico el hinduismo, el paganismo, el taoísmo…? No, critico sólo a los tres monoteísmos porque han hecho tanto daño a la conciencia y deformado de tal forma los valores… y encima ha durado tantos siglos que hemos de asumir el judeocristianismo como parte de la cultura europea. Y sí, lo asumo, porque es una verdad irrebatible históricamente. Contra esa moral pues se centran mis críticas, por una nueva moral abogo, y tal vez no atea, en realidad no sé cuál.

    Aunque también esa moral deba nacer del hombre, y no de un Dios. Es decir, no de una moral revelada, como el decálogo, o cosas por el estilo. La moral debe nacer del propio hombre y de la realidad misma, no de lo revelado.

    Asumo, por supuesto que sí, la realidad judeocristiana en el presente, tienes toda la razón y a partir de segundo párrafo sólo puedo decirte a casi todo, TIENES RAZÓN.

    A mí también me hacen gracia “aquellos que focalizan los males del mundo en una determinada etnia o raza como los culpables”, como bien dices. Le religión no es cuestión racial, es cuestión de conciencia, por ello hay musulmanes y cristianos blancos, negros y asiáticos, aunque sí es cierto que el judaísmo sufre de cierta endogamia, por lo que sí es justo relacionar por ejemplo el judaísmo con la propia raza judía.

    Lo que dices del marxismo es muy destacado, por lo cierto que es. Pero no olvidemos que el marxismo es puramente materialista, nada de mundos subyacentes, parte desde la propia realidad, por eso lo que tu bien dices de que es “práctico”. Y claro, por supuesto que existe cierta moral judeocristiana. No sé si es lícito señalar la procedencia judía de Karl Marx y la relación que existe entre masonería, iluminatis y marxismo. Por ello abogo por una izquierda no construida desde el marxismo, aunque no hay que desdeñarlo del todo, pues hay que tener muy presente la validez teórica de dicho movimiento y la crítica feroz de Marx al sistema capitalista.

    También he de señalar que yo también he criticado al ateo, y mucho. Un ateo, tal como hoy surge, es un cristiano cabreado y un resentido que lo afirma en cada una de sus acometidas. Lo sabemos por su moral, su conducta, etc.; el ateo es un cristiano más, y no es raro encontrar ateos que se jactan de ser más cristiano que el más de los cristianos, ¿no es paradójico? Sólo nos queda el nihilismo filosófico, aquello que niega todo, hasta el nihilismo. Es difícil negarlo todo, es difícil destruir una idea tan fuerte como la de Dios que adquiere aún mayor fuerza con sólo nombrarla. Sólo queda asumir la existencia de Dios como idea e invención y criticarla hasta descabezarla. Pero siempre la saldrá otra cabeza, jeje…

    Hasta pronto, מֹשֶׁה.

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