21 de mayo de 2009

CICLO “Tratado de Ateología” (PARTE IV/IV): LAICISMO Y POSCRISTIANISMO



El laicismo militante se basa en la ética judeocristiana, y se contenta a menudo con plagiarla. (…)

(…) El pensamiento laico no es un pensamiento descristianizado, sino cristiano inmanente. Con un lenguaje racional, en el registro desfasado del término, la quintaesencia de la ética judeocristiana perdura. Dios sale del Cielo para bajar a la Tierra. No muere, no lo matan, lo consumen y lo introducen en el campo de la pura inmanencia. Jesús es el héroe de dos visiones del mundo: sólo se le pide que guarde la aureola y que evite los signos de ostentación… (...)

(...) Vayamos más allá de la laicidad, que aún está demasiado impregnada de lo que pretende combatir. Bravo por lo que fue, felicitaciones por sus batallas del pasado y un brindis por lo que le debemos. Pero avancemos de manera dialéctica. Las luchas de hoy y de mañana necesitan nuevas armas, mejor forjadas, más eficaces; precisas instrumentos de la época. Un esfuerzo más, pues, para descristianizar la ética, la política y todo lo demás. Pero también la laicidad, que obtendrá grandes ventajas al emanciparse aún más de la metafísica judeocristiana, lo que le podrá servir realmente en las guerras del futuro.

Pues equiparar todas las religiones a su negación, como propone la laicidad que hoy triunfa, avalamos el relativismo: igualdad entre el pensamiento mágico y el pensamiento racional, entre la fábula, el mito y el pensamiento científico, entre la Torá y el Discurso del Método, el Nuevo Testamento y la Crítica de la Razón Pura, el Corán y la Genealogía de la Moral. Moisés equivale a Descartes; Jesús a Kant; y Mahoma, a Nietzsche… (…)

(…) Ese relativismo es perjudicial. De ahora en adelante, con el pretexto de la laicidad, todos los discursos son equivalentes: el error y la verdad, lo falso y lo verdadero, lo fantástico y lo serio. El mito y la fábula pesan tanto como la razón. La magia vale tanto como la ciencia. El sueño, tanto como la realidad. Ahora bien, todos los discursos no son equiparables: los de la neurosis, la histeria y el misticismo provienen de otro mundo que el del positivista, Así como no debemos darles la misma ventaja al verdugo y a la víctima, al bien y al mal, no debemos tolerar la neutralidad ni la condescendencia abierta con respecto a todos los regímenes de discurso, incluso los de pensamiento mágico. ¿Es necesario ser neutrales? ¿Debemos seguir siendo neutrales? ¿Contamos todavía con los medios para darnos ese lujo? No lo creo…

A la hora que se anuncia la última batalla –ya perdida…- para defender los valores de las Luces contra las propuestas mágicas, es necesario promover una laicidad poscristiana, o sea, atea, militante y radicalmente opuesta a cualquier elección o toma de posición entre el judeocristianismo occidental y el islam que lo combate. Ni la Biblia ni el Corán. Entre los rabinos, sacerdotes, imanes, ayatolás y otros mulás, insisto en anteponer al filósofo. (…)

(Michel Onfray, Tratado de Ateología, Editorial Anagrama –Colección Argumentos, nº339-, Barcelona, 2007. Quinta edición. Página 223-226)


Actualmente el judeocristianismo se manifiesta incrustado en la mentalidad laicista y en las acciones de aquellos cristianos sin Dios que ponen gran énfasis en la culpa y en ese afán de encumbrar a lo paradigmático todo acto sufriente. ¡Admirarme, pues sufro o he sufrido! Ese es el grito del cristiano moderno que pide ser aplaudido cuando se azota; se trata de un cristiano que vive independizado de la Iglesia y de Dios, pero no de sus preceptos más profundos, a saber: su moral y su pulsión de muerte. Cree que vive libre, pero está enfrascado en y controlado por los propios automatismos judeocristianos.

Este mundo está hecho de llorones, los socialistas y los comunistas, por ejemplo, quieren hacer culpable al resto del mundo de las injusticias a las que han sido sometidos. Ellos se piensan especiales, son como el «pueblo elegido», que se cree alumbrado por la verdad y la Razón absolutas. Como no tienen libro Sagrado, se inventan la Memoria Histórica, con sus héroes y batallitas, y, por supuesto, hasta con sus halos de santidad y de leyenda. Esta mentalidad izquierdista es penosa, pues ofrecen culpa al prójimo: quieren que el resto del mundo se sienta culpable ante lo que nos presentan. A mí no me dan ninguna pena, ¡basta de lloriqueos! Pero no sólo la masa izquierdista lleva como baluarte la moral cristiana, también los de derechas o los denominados de centro… ¿de centro? Como si en política se pudiera ser neutral… Así pues, se sigue sacando rédito y grandes beneficios morales gracias al sufrimiento, un sufrimiento que de paso servirá para justificar los males que vayan a infligirse e infringirse al enemigo. ¿No es absurdo todo este chantaje emocional? ¿Cuándo se acabará todo este insulto a la inteligencia, toda esta política de monos pusilánimes?

Donde más “curas” he visto son en los grupos izquierdistas (muchos de ellos ateos y laicos de palabra), en los grupos hippies pasados y modernos (aún queda algún resquicio), y, por supuesto, en la derecha... Son cristianos postmodernos de vida singular, defendiendo una libertad extravagante o que denominamos progre. Esta gente también cree en los mundos subyacentes, nutren de espiritualidad sus postulados, quieren ser más que la Iglesia, pero sin vivir crucificados. Se creen tolerantes y flexibles, cuando son dogmáticos en su fe ilustrada y herederos de una falsa moral, además de tener un carácter “cerrado”, como un candado oxidado en la puerta olvidada de un cementerio en el fin del mundo. Los izquierdosos, amigos del débil, los de derechas, amigos del fuerte, ambos se lloran mutuamente por el dolor que se regalan. Política de catecismo es lo que tenemos: el Congreso es una catequesis de “fe discutida”.

Pero que quede claro que el laicismo no es ateísmo, por lo tanto no es negar a Dios, ni siquiera no tener fe en él, puesto que el laicismo es no estar cohibido o dirigido por las instituciones religiosas. Aún así, el laicismo no garantiza la no inferencia de las autoridades religiosas en la política o en la Ley. Famosas son las bravatas de algunas autoridades enorgullecidas de proclamarse cristianas en público. Alguien que va a dictar órdenes, que va a proponer reformas y todo tipo de medidas políticas que se manifiesta bajo tal identidad, no nos garantiza por lo tanto un Estado Laico. Esto demuestra la poca emancipación del hombre respecto a la Fe y la religión, la gran simulación que es promulgar que existe a rasgos morales una ruptura real entre Iglesia y Estado, por mucho que se peleen por asuntos abortistas o de diversa índole. La única diferencia existente entre ambos es una discrepancia en cuanto a los intereses que les mueven, pues en tanto a lo moral son de un idéntico valor esencial.

Onfray defiende el poscristianismo como superación del laicismo dominante en nuestro mundo contemporáneo. Se trataría de un “laicismo” independizado y descarnado de toda moral judeocristiana. Nada de fe, y, por supuesto, nada de Dios. En el mundo sólo existe una realidad y debe construirse desde ella. No al relativismo laicista, pues da el mismo crédito a la mentira y a la verdad, al mito y a la razón, a lo mágico y a la ciencia; si a un escepticismo sano y ateológico, donde la razón se desarrolle gracias a la duda, sin dogmatismos. Lo que Onfray pide a gritos es un resurgir y una revalorización positiva de la figura del Filósofo, que deberá anteponerse a rabinos, sacerdotes, imanes, ayatolás, mulás… incluso a políticos y legisladores.■


- Material recopilado para este artículo.

6 comentarios:

  1. La primera enmienda (puramente empírica) a todo esto que dice Onfray, y perdona la brusquedad, es que la mayor parte de los filósofos han sido firmes creyentes en alguna forma de divinidad. Así que si Onfray quiere escoger al filósofo entre todas esas figuras, que sepa que, probablemente, no habrá evitado que aparezca la faceta religiosa del hombre.

    Y es que este hombre, Onfray, está demasiado empeñado en suprimir lo que tienen de religioso la mayor parte de los hombres. ¿No se ha parado a pensar en que quizás lo religioso sea constitutivo de los hombres y que sin religión, entendida en un sentido amplio, no hay hombres? He leído con interés su libro, el que aquí se cita, y encuentro ahí a un fanático del ateísmo, un auténtico creyente. Quizás la religión de Onfray sea el ateísmo. Su actitud y lo elocuente de su discurso termina negando, en su ejemplo personal precisamente, su discurso de rechazo de toda religión.

    Observo cómo el ateísmo no es experimentado por la mayoría de ateos de otra forma. Es decir, el ateísmo es experimentado por éstos de una manera religiosa. Me parece un indicio más de aquello que sostuve en un comentario al respecto de que el ateísmo es una derivación del cristianismo y una consecuencia directa del dualismo cristiano (dualismo entendido como el establecimiento de dos ámbitos estrictamente separados entre lo increado y lo creado, negando así la presencia de la divinidad en lo creado).

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  2. Bien, creo que Onfray no pretende suprimir lo religioso, sino llevarlo a la estricta intimidad. LAs instituciones deben regirse por elementos no dogmáticos, exentos de cuestiones de fe. El ateísmo de Onfray es un escalón más alto que el laicismo.

    El mesaje de Onfray, de todas formas, creo que pretende transmitir algo distinto a lo que entendemos, creo que que su intención no es suprimir, sino hacer una crítica feroz. El no hacerse entender claramente a ese respecto es culpa de Onfray.

    Hasta pronto.

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  3. Puede que tengas razón y sea así: la intención verdadera de Onfray quizás sea hacer una crítica feroz y destructiva. Pero aún en ese caso, hay partes en su libro en las que propone, y cuando lo hace muestra ser un auténtico creyente.

    Creyente, naturalmente, en la religión por excelencia de los ilustrados, el ateísmo.

    Respecto a llevar lo religioso a la estricta intimidad, también puede plantear problemas. Onfray pretende imponer, bajo el argumento de evitar las imposiciones, el modo en el que la gente tiene que vivir su religión. Pero así él también está imponiendo su voluntad y su ideología al creyente que quiera llevar la religión al espacio público. Además, el llevar la religión a este espacio no es sinónimo de imposición.

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  4. Imponer. Esa palabra es dura en su significado pero necesaria en la práctica. Algo debe haber impuesto si queremos regirnos por algo: ya sea en lo político y en lo moral; para vivir en sociedad algo debe imponerse. La Ilustración se impuso pero bajo parámetros que otorgaban libertad de pensamientos, derechos humanos, etc.: uno de los logros de la ilustración, en la teoría, es que le daba al hombre un valor, un significado, casi equiparado con Dios Esto me recuerda al recomendable libro Walden Dos: "Están determinados y sin embargo son libres", argumentaba Skinner. En este caso, VIVEN CON UNA LEY IMPUESTA Y SIN EMBARGO SON LIBRES. Podemos estar dándole la vuelta a la tortilla una y mil veces, pero al final, algo prevalece, es decir, se impone.

    Creo que la religión monoteísta al menos debe ser íntima pues no tienen ninguna utilidad práctica que no vaya más allá de destruir la vida y todo aquello que hace bello al hombre. León Riente, tú bien sabes lo que pienso del paganismo y mi gran respeto por ello. Onfray no ataca en ningún momento el paganismo, por lo que yo creo que su repulsa se inclina hacia la religión monoteísta abrahámica.

    El paganismo en Grecia nunca impidió el desarrollo científico, el surgimiento de ideas, etc. Más bien propició un mundo dado a la LUZ, en el sentido de coherencia natural con la vida, aunque bien, como dice Nietzsche, hasta que apareció Sócrates, jejeje...

    Y bien, entiendo tu postura, el ateísmo como religión de los Ilustrados. Para convertirse en religión debe ser dogma de fe y es cierto que los ilustrados a veces adoptan poses religiosas. Sería interesante que los Ilustrados hubieran surgido vendiendo la Ilustración como una religión más. Como una forma de fe hacia el hombre y lo terrenal, no hacia un mundo subyacente y un Dios difuso. Tal vez así eliminarían esa paradoja que poseen de parecer más cristianos que los cristianos y más curas que los curas, jeje… Si algo repugna es la falta de coherencia, jejejeje… pero a veces es una repugnancia necesaria, aunque sea para discutir.

    Pero bien que Onfray en cierto modo intuye eso y como consecuencia invita a un poscristianismo, a dar un paso más allá de la Ilustración, una nueva construcción bajo la endiosada Razón. Si algo hay que echarle en cara a Onfray, como a los Ilustrados, es esa exacerbación de la razón. Bajo la razón puede demostrarse la existencia de Dios si se quiere, que ya se ha hecho, ejemplos como los de Descartes me corroboran. En este mundo necesitamos un poco de irracionalismo, no un irracionalismo descabezado, sino un irracionalismo filosófico, una incursión escéptica en la razón misma.

    Hasta pronto, León riente.■

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  5. Excelente página, mis felicitaciones.
    Sobre todo porque has utilizado el símbolo ateo universal para expresar tus ideas.
    Ateamente
    Jorge Aberingi

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  6. Muchas gracias Jorge, todo un honor para mí su presencia en mi blog. Gracias por leerme. Hasta pronto.

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