7 de agosto de 2009

CICLO "Genealogía de la Moral" (PARTE I/IV): «Bueno y malvado», «bueno y malo»



(…) las aves rapaces mirarán hacia abajo con un poco de sorna y tal vez se dirán: «Nosotras no estamos enfadados en absoluto con esos buenos corderos, incluso los amamos: no hay nada más sabroso que un tierno cordero.» - Exigir de la fortaleza que no sea un querer-dominar, un querer-sojuzgar, un querer-enseñorearse, una sed de enemigos y de resistencias y de triunfos, es tan absurdo como exigir de la debilidad que se exteriorice como fortaleza.■

FRIEDRICH NIETZSCHE, LA GENEALOGÍA DE LA MORAL (Un escrito polémico). Alianza Editorial, año 1998. BA 0610, Pág. 59. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.


I
En Más Allá del Bien y del Mal (escrito que junto con Humano, demasiado Humano son de lectura obligada para entender la Genealogía de la Moral), Nietzsche dijo que solamente existe «voluntad fuerte» y «voluntad débil». La voluntad es «mandar» y «obedecer», es ordenar a algo que uno tiene dentro de sí mismo. Quien se beneficie de un mayor espíritu de liderazgo, es decir, quien tenga mayor voluntad de mando, será el más fuerte. Los «pusilánimes», hechos para obedecer, es decir, aquellos hombres de fe, aquellos de la postración ante Dios, que son los que niegan la vida, los que crean mundos imaginarios porque no aman el suelo que pisan, ni el aire que respiran ni el cuerpo que portan -pues la existencia les supera- son los carentes de voluntad y como tales son merecedores de ser esclavos, de ser poseedores de una voluntad de esclavos, de redimirse tal como lo hacen: con su sufrimiento autoinfligido e innecesario, con su apaleamiento existencial y carcelario. Y ante este tipo de seres no hay que bajar la guardia, pues su dialéctica piadosa y tartufesca es veneno para el espíritu noble. ¡Contemplémosles en su calabozo y que oigan nuestra carcajada y nuestro baile al ritmo del soniquete de sus cadenas! ¡Regocijémonos en nuestra «maldad» y despreciemos su «bondad»! –hablemos así para que ellos nos entiendan.

Ser fuerte de voluntad no significa ser fuerte físicamente; tener voluntad es, como se ha dicho, esa capacidad del hombre de mandarse a sí mismo, de empujarse, de superarse; es la VOLUNTAD DE PODER, es la fuerza, el dominio, el pastoreo, el enseñorearse con el más débil: toda voluntad lo que quiere es dar rienda suelta a su fuerza, saciar su sed de conquista, etc. Al pusilánime, a ojos de un hombre de voluntad fuerte, solo merece el desprecio y el sometimiento. Aquí vemos pues una de las grandes diferencias entre un Señor y un Esclavo, entre una mentalidad fuerte y una débil, entre los hombres libres o librepensadores, emancipados de toda supeditación metafísica, afirmadores, frente a todo hombre convicto en las redes de la fe y en la negación de los sentidos: son los negadores de la vida, de la belleza, de la fuerza y de todo aquello que signifique elevación. ¡Viva aquellos hombres que no se postran ante Dios! ¡Viva el Superhombre que es toda elevación y amante de nuevos retos, de nuevas guerras...! En definitiva, existen los hombres que se mandan a sí mismos, es más, personas ínclitas en el buen arte del mandar y del obedecer; y luego existen otras personas que solamente saben del arte del obedecer y que necesitan de otra voluntad que satisfaga su carencia en el fornido arte aristocrático del mandar: pero el pusilánime encuentra esa voluntad en las quimeras....

No debemos sentirnos culpables, no debemos sentirnos en deuda con nadie, ¡no permitamos que nos hagan juicios morales, que nos arrepintamos de nuestra fuerza, de nuestra voluntad dominante!, ¡«desjudaizaos», amigos!, ¡sed como una «bestia rubia» triunfal en la batalla, bárbaros, dionisiacos!, ¡zafémonos del resentimiento, no dejemos que crezcan gusanos dentro de nosotros: venganza inmediata u olvidar! ¡Vamos, aves rapaces!, ¿¡acaso no tenéis hambre!?, ¡allá a lo lejos veo oscuros corderos, enseñémosles nuestra alegría y nuestro amor!■


II
Han sido los judíos los que, con una consecuencia lógica aterradora, se han atrevido a invertir la identificación aristocrática de los valores (bueno = noble = poderoso = bello = feliz = amado de Dios) y han mantenido con los dientes del odio más abismal (el odio de la impotencia) esa inversión, a saber, «¡los miserables son los buenos; los pobres, los impotentes, los bajos son los únicos buenos; los que sufren, los indigentes, los enfermos, los deformes son también los únicos piadosos, los únicos benditos de Dios, únicamente para ellos existe bienaventuranza, - en cambio vosotros, vosotros los nobles y violentos, vosotros sois, por toda la eternidad, los malvados, los crueles, los lascivos, los insaciables, los ateos, y vosotros seréis también eternamente los desventurados, los malditos y condenados!...» Se sabe quien ha recogido la herencia de esa transvaloración judía...■

FRIEDRICH NIETZSCHE, LA GENEALOGÍA DE LA MORAL (Un escrito polémico). Alianza Editorial, año 1998. BA 0610, Pág. 46. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.


Posiblemente sea la Genealogía de la Moral el libro más destacado de Nietzsche por la repercusión en su época y en todas las personas que lo leen aún -poseedoras de la cualidad filosófica de “sorprenderse”- , además de por ofrecer una nueva “mirada moral” que desmonta la judeocristiana. En realidad lo que Nietzsche reclama no es una moral en sí si la contrastamos con la moral de las acciones, sino que es una moral relacionada con el ser del hombre noble y aristocrático; es decir, no se juzga a la acción, sino al propio hombre. Así, mientras que los judeocristianos veneran las acciones piadosas y de naturaleza abnegada y masoquista (no sufriente en cuanto que en la vida se sufre, sino que hablamos de dolor autoinfligido) «por doquier» para engrandecer a Dios (una «moral de esclavos»), el «hombre aristocrático» puede tener igualmente una acción a priori (que es lo mismo que decir “en apariencia”) piadosa y abnegada, aunque sea en realidad por exceso de fuerza, por un buen sentido de justicia o simplemente por veracidad y por un respeto a sí mismo (es, en todo caso, un nuevo tipo de piedad, nada judeocristiana: no es por engrandecerse, es por generosidad). Así pues, transcribo (cortar y pegar) estas palabras de la WEB:

«Pero Nietzsche, sin embargo, utiliza el término “piedad”, en el sentido de veneración y respeto, como un afecto positivo que se experimenta ante lo sagrado, ante lo insondable de la existencia, ante la grandeza de la naturaleza humana. Es en este sentido como el noble siente respeto de sí mismo, siente por sí mismo, pero no puede sentir por los demás».

Así que podemos describir dos tipos de moral: una aristocrática y de señores, otra esclava. La primera de ellas es aquella dicotomía entre «bueno y malo» (gut und schlecht), la otra entre «bueno y malvado» (Gut und Böse).

Gut und schlecht: Esta es la «moral de señores», aquí la dicotomía es simple (no por ello sencilla). Lo bueno es lo poderoso, lo fuerte, la fe en sí mismos, la voluntad misma de un ser con conciencia de sí mismo como ser autónomo que ve en los dioses una exaltación precisamente de ese amor a sí mismo y a sus iguales. Sin embargo, lo malo es lo débil, lo pusilánime y sin voluntad (o con una voluntad que solo obedece), y no es merecedor de odio, sino de desprecio. El aristócrata o señor huye de aquello que cría gusanos; así, el odio y el resentimiento, creadores de deudas (“el noble es un ser sin deudas”, el propio Nietzsche lo dirá en varias ocasiones en Genealogía de la Moral), son valores del hombre débil, de aquel que no es capaz de darle libre curso a su fuerza: no solo es esclavo por ello, sino que se esclaviza con mundos imaginarios. Su venganza posterior vendrá con la inversión de valores. Pero en esta antítesis no existía en realidad ese tipo de esclavo que cito ahora mismo. Es esta dicotomía el hombre malo es el débil, sí, pero también un hombre que venera la fuerza: todo un aristócrata en comparación a lo que se convertiría posteriormente, en el «esclavo bueno».

Gut und Böse: Con esta dicotomía se consuma la inversión de valores aunque a priori no lo parezca. Critican al fuerte y lo condenan, le llaman «malvado». Ser orgulloso (amarse a sí mismo) y ser fuerte es a partir de ahora denostado. Los oprimidos y débiles exaltarán su pusilanimidad, venerarán la obediencia, la piedad… Eso se ve hoy en día claramente. Ser autónomo es sinónimo de egoísmo, y tal vez lo sea, pero ¿acaso no entiendan que ese egoísmo es toda una generosidad si lo pensamos con buena conciencia?, ¿no es un ser noble y aristocrático pródigo en regalos, un ser bello? ¿Y cuál es su regalo? Pues abre el camino como conquistador con su machete en la maleza de la selva para dar rienda suelta al hombre, para dejar vía libre a toda elevación:con su osadía demuestra que no necesita de nadie, que él mismo se basta. El esclavo, sin embargo, es un NO A LA VIDA, un enterrarse, un estar muerto: es toda antítesis de aquel hombre legislador que somete las cosas a su voluntad, el noble, el superhombre. En definitiva: “Caridad, humildad y obediencia reemplazaron competencia, orgullo y autonomía”. (Ver Friedrich Nietzsche en Wikipedia) Y como bien es sabido, el hombre malo se convierte en bueno y el bueno en malvado.

¡NO A LOS ODIADORES E IMPOTENTES! Odiadores en cuanto maestros del resentimiento, tanto gusano dentro de sí… me imagino al pusilánime (al judío y al cristiano, aunque yo hablaría también del musulmán amenazador y que hoy en día nos atenaza) como carne muerta, sin ser, materia en descomposición. ¿Acaso no lo sea? Lo es ciertamente. Y es que es por ello consecuencia su impotencia, ¡imposible que carne muerta sea pródiga en dar vida y afirmarla! No tiene capacidad de procreación, todo lo que ofrece ya está muerto, son un aborto viviente, la vida les supera, ni siquiera la digieren… únicamente el pecado y el martirio son su casa. «El hombre débil y bueno» ha construido todo su mundo desde la negación. No solamente han invertido la moral –y convertido las acciones en juicios morales– sino que han invertido lo sagrado y natural, acaso no sea lo natural lo sagrado. Para ellos todo es culpable, mientras que para el malvado sólo existe la inocencia y el error, pues no son camellos.

En la actualidad, aquellos pusilánimes que se quedaron libres de la intempestiva nietzscheana amenazan al hombre europeo -y acaso ya lo enseñorean desde su negación de la vida y de todo lo bello-. ¡Despertemos los fuertes de voluntad!, ¿no veis que se aprovechan de nuestra pereza, de nuestra falta de valores, hasta de nuestras pobres leyes democráticas? Volvamos a ser legisladores, bárbaros, ¡bebamos la sangre de esos nuevos corderos y comamos su carne cocinada como premonición de victoria! O mejor: ¡sacrifiquemos cerdos y cómanoslos delante de ellos, obliguémosles a comer nuestro cerdo si es necesario y que se traguen su propio vómito! ¡Mandemos a los débiles al desierto! Un nuevo Dios se cierne sobre Europa, un nuevo Dios más ciego que el judeocristiano nos quiere dominar... Estos nuevos vítores de guerra que se escuchan desde lejos me emocionan, ¡ganas de matar un Dios tengo! ¡Cojamos las armas y ganémonos nuestra paz!■

- Textos utilizados para este artículo -

5 comentarios:

  1. En un mundo donde casi todo el mundo acepta gustoso, casi exige podría decirse, ser pastoreado, es regocijante observar que la voluntad de poder no ha desaparecido del todo, al menos no en sus elementos más nobles.

    Resaltas un punto fundamental: la fortaleza es, ante todo, fortaleza de voluntad, voluntad fuerte, voluntad de poder, de pastorear y de enseñorearse. Requisito primordial aquí es someterse uno mismo a su voluntad, enseñorearse de uno mismo, pastorear sus apetitos y templar un voluntad que no se resquebraja. El carácter, concepto que traslada el problema de la voluntad de poder al ámbito más específico de la personalidad, es importante y, quizás por ello y sabedores de ello, los nefastos ingenieros sociales de la modernidad no cesan en su creación de métodos y sistemas para aplacarlo.

    ResponderEliminar
  2. Si todo el mundo procurara aplicarse ese superhombre esto sería un merienda de negros. No habría trabajador que trabajara para nadie. Todo el mundo se revelaría ante cualquier mínima autoridad y no habría diálogo posible. Todos preferirían morir matando antes que someterse a la voluntad de otro.

    En definitiva, el mundo sería un caos. Aspirar a ello es absurdo, pues el esclavo no es un valor absoluto al igual que el aristócrata. Todos tienen sus momentos de valentía y de cobardía. Y ya sabemos lo que ocurre con la masa "esclava" enfurecida. Sirva como ejemplo la sublevación de Espartaco o las revoluciones francesa y burgesas del siglo XIX. Los supuestos superhombres devinieron en pusilánimes y los pusilánimes en superhombres.

    El verdadero superhombre no es algo individual. El superhombre es el que sabe integrar a los demás y construye su poder a través de la humanidad. El superhombre es la sociedad diversa pero encaminada a sobreponerse por encima de las leyes naturales. Con ello vence el mayor peligro; la muerte.

    El superhombre individual no va a ninguna parte solo y solo se quedará si actúa siempre con la intención de imponerse a los demás. ¿Cuándo se aprenderá que el autónomo no es nada sin sus trabajadores a los que prentende someter y vejar (según esa visión)? Mejor que aprenda a respetarlos. Ya sabemos lo que ocurre con las masas enfurecidas.

    Ser pusilánime en algún momento no quiere decir tonto, pues llegará el momento en el que el látigo se vuelva contra la mano de quién lo usa.

    En un mundo social el superhombre no es solo inviable sino absurdo. Otra cosa es que quiera vivir en el desierto alimentándose de escarabajos y serpientes, proclamando su superioridad sobre la arena yerma y el arbusto seco. Seguro que no aguanta mucho en esas condiciones y se traga las ganas de someter a los demás.

    ResponderEliminar
  3. Bueno anónimo, ¡da la cara!, jajaja... Ante todo muchas gracias por el comentario.

    Lo que dices es muy sensato y me parece muy lógico y hay cosas que comparto. Pero te digo que en una sociedad aristocrática y no de esclavos un hombre debe saber mandar y obedecer y no a cualquiera. Cuando alguien que es superior en la jerarquía te trata con dignidad porque sabes que el que está más abajo es autónomo y noble, el que está por debajo no es ningún esclavo: un buen aristócrata no veja al de abajo si este es soberano y fuerte, le trata con dignidad y respeto, pero hay que respetar el orden jerárquico (eso de la igualdad es una patraña de los más débiles). Al esclavo le gusta ser inferior, le gusta dejarse someter... (por ello Espartaco no es un esclavo, él era fuerte, esclavos eran lo que le siguieron, él fue una especie de aristócrata redentor) Y si todo el mundo se aplicara el rollo de ser autónomo y soberano este mundo no sería cosa de negros, seguramente el mundo sería mejor, los iguales estarían mejor aglutinados y sobre todos no se dejaría que unos impresentables abusaran y explotaran como lo hacen.

    Así que ahí llevas, ser aristocrático, ser soberano, ser autónomo, es saber mandar y obedecer, y esto se puede aplicar individualmente y colectivamente.

    ¿Acaso no ves cómo van las cosas con los que mandan en la actualidad? Gracias a obedecerles no es que estemos muy boyantes. Se ha muerto el movimiento obrero, no hay una resistencia fuerte anticapitalista, solo pataleos… Es decir, a grandes rasgos hay una gran conformidad y apatía y sobre todo un espíritu de esperanza que me produce vomitera y lasitud. Sin duda, vivimos en una moral de esclavos, en un mundo de esclavos, donde el que obedece no tiene ni pizca de inteligencia. Un buen mando aristócrata sabe mandar, y eso es lo que valora el que está por debajo si es soberano y dueño de sí, por eso es el líder. Pero hoy dejamos que nos mande cualquiera, y obedecemos a cualquiera, y a mí eso no me parece lógico. El mundo de ahora es un caos, la democracia una patraña, una mentira brillante.

    Por otro lado, superdeacuerdo con esto que dices: «El verdadero superhombre no es algo individual. El superhombre es el que sabe integrar a los demás y construye su poder a través de la humanidad». Y es que para construir una sociedad no es cosa de un solo EGO, pero el superhombre es cosa individual y una sociedad aristócrata cosa de colectividad.

    En cuanto a esto: «Ser pusilánime en algún momento no quiere decir tonto, pues llegará el momento en el que el látigo se vuelva contra la mano de quién lo usa». Vaya, claro que no es tonto, es algo inferior a eso. No tener voluntad es carecer de toda fuerza. Una sociedad de pusilánimes es lo que tenemos. Y fíjate, ¿tengo que vivir con la esperanza de que quien azota con el látigo se le volverá el látigo en su contra? Por el momento los bancos han dado con el látigo y cuando el látigo se les ha roto allá vamos los obreros (gracias a un gobierno ZP progre) a comprarles un nuevo látigo. Si ser superhombre te parece absurdo, ser un pusilánime, que es su antagonista, a mí me produce vergüenza ajena como ser humano.

    Y te digo una cosa. Tal vez sea mejor vivir en el desierto, los sanos no hemos de mezclarnos con los enfermos; como diría Nietzsche, a veces es casi mejor estar solo, por ello PATHOS DE LA DISTANCIA.

    Hasta pronto anónimo.

    ResponderEliminar
  4. Simplemente te quería decir que tanto el esclavo, como el aristócrata o el pusilánime no son categorías absolutas. Y que si aplicáramos la teoría de Nietzche al pie de la letra no habría orden ni concierto (pero veo que lo matizas).

    Dices:

    "Si ser superhombre te parece absurdo, ser un pusilánime, que es su antagonista, a mí me produce vergüenza ajena como ser humano."

    Efectivamente no se puede contemplar el superhombre de forma absoluta ni individual. Eso ha quedado claro. Por otro lado, te decía que el pusilánime (visto de forma colectiva) siempre se ha acabado revelando ante las injusticias extremas. Por ello hay que esperar a que apague el televisor y le empiece a faltar el pan sobre la mesa.

    ResponderEliminar
  5. Anónimo, dado que así has decidido llamarte:

    si quieres hacer una correcta hermenéutica de Daorino deberías de saber, ante todo, que éste no escribe para esclavos. Eso es algo que lo puedes observar tanto por el tema de sus artículos, como por el léxico que utiliza y demás. Esto quiere decir, entre otras cosas, que no son los lectores quienes le eligen a él, sino que, prioritariamente, es él quien elige a sus lectores.

    Por otro lado, veo que depositas demasiadas esperanzas en la masa. ¿Te has mezclado con ella? ¿La has observado? ¿En serio esperas que surja de ahí esa especie de superhombre colectivo del que hablas?

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.