21 de mayo de 2010

RESCATANDO A SÓCRATES Y A LA ANTIGUA GRECIA DE LAS IDEOLOGÍAS MODERNAS

(a León Riente)


Es curioso cómo la democracia clásica es venerada como el gran paradigma a seguir en la actualidad por el intelectual mediocre, siendo tratado como algo idealizado, como el origen de la libertad y de la tolerancia más absolutas. O cosas por el estilo he llegado a oír. Incluso he llegado a escuchar en boca de licenciados que en la democracia ateniense existía el sufragio universal y una tolerancia a la homosexualidad sin precedentes, cuando es sabido que no todas las personas que habitaban aquella Atenas de hace más de dos mil años podían votar y que los homosexuales no estaban bien considerados, de hecho habían leyes que condenaban tales inclinaciones, al considerarse innaturales. No podían votar los esclavos, ni los extranjeros ni las mujeres, algo que sería escandaloso para la mentalidad actual, y en cuanto a la homosexualidad podemos señalar el ejemplo del orador Esquines (389-314 a. de C.) cuando relata las Leyes de Solón, en las que puede leerse que aquellos que mantengan relaciones con personas del mismo sexo no podían ser sacerdotes, ni actuar como magistrados o tomar parte en debates. Así que la homosexualidad era considerada como algo vergonzoso y la democracia no era tan democrática. Pero claro, Atenas, como todo el mundo helénico, ha pasado a la historia como una especie de paraíso homosexual y progre. Más quisiéramos hoy en día tener aquellos valores helenos tan fuertes, aunque fueran los de la democracia ateniense, dónde por el bien de la polis no votaba cualquiera. De esta forma, resulta irónico que los demócratas actuales quieran ver su origen en la antigua Grecia y en sus valores, que hoy serían considerados fascistas y homófobos. La libertad de aquella Grecia no puede compararse para nada con el “liberticidio” de las sociedades modernas. Tras esta primera exposición se comprenderá entonces el porqué de lo que sigue.

Para mí la antítesis héroe-mártir es sumamente interesante pues se trata de una contraposición de conceptos radicalmente opuestos a pesar de que en la actualidad puedan observarse como algo semejantes. También son interesantes porque hablan del deber y del sufrimiento y de dos posturas religiosas enfrentadas, las concepciones grecorromana y abrahámica (en ésta incluyo a derivados como el progresismo).

En nuestros días se acuñan los conceptos héroe y mártir de forma demasiado generosa, cuando representan dos tipos de hombres distintos. El héroe es un tipo de hombre presente en las culturas paganas y se asocia a acciones heroicas, a hombres con voluntad propia que han acometido empresas legendarias. Por su parte, el mártir es principalmente un ser arquetípico de las religiones abrahámicas que obedece un mandato en lugar de su voluntad: no se inmolan, mueren o castigan a sí mismos por amor propio, sino por amor a su Dios o en busca del perdón.

El héroe no quiere fallecer, el héroe quiere ser eterno, dice sí a la vida y a todas las vidas, quiere vivir aún estando muerto. Su pulsión es, por lo tanto, activa y fuerte; sus arranques y padecimientos son exuberantes y van encaminados hacia la divinización de su unicidad como hombre. En definitiva, todo lo que concibe es por amor a sí mismo, a los dioses y a sus iguales (su comunidad); no conoce el odio, no es un odiador, aunque sí conoce el desprecio y a lo despreciable, es decir, aquello que no es digno de su amor porque no se lo ha ganado, o no obedece a su ética (costumbre), o no forma parte de su patria...

Sin embargo, el mártir es por necesidad un hombre ciego, un hombre sin voluntad únicamente solvente en la obediencia y en la debilidad. No hace más que someterse a su Dios sin más: ni elige ni decide, simplemente sufre y pide clemencia con las dos rodillas cosidas al suelo. Su destino está precisado, por lo que no es soberano de sus actos, no es la causa de sí mismo ni dueño de sus efectos, es propiedad de Dios y de nadie más. Dicho todo esto no es de extrañar que a este ser le aliente una pulsión de expiración: el ser mártir se relaciona irremediablemente con la muerte, ya que es un negador que no cree en esta vida y si en el más allá, un más allá estático asentado en la contemplación de Dios o en la esperanza de harenes y paraísos improbables. Y el mártir interioriza como una cloaca, se echa la culpa de su condición humana y de sus padecimientos: todo sufrimiento le parece incurable y un castigo; no goza de la vida en absoluto, pero se vanagloria de su propia humillación ante la idea de Dios. ¡Qué diferente al hombre pagano entonces!, que si bien obedecía a los dioses era porque mediante ellos la civilización se forjó un orden, una lógica y un sentido natural de las cosas; y el hombre antiguo se entregaba a sus dioses (a la naturaleza), tal como suena, por lo que no necesitaba interiorizar demasiado ni permitir a los gusanos de la mala conciencia que lo devorase: lo sagrado era el mundo, lo espiritual era el propio mundo y los dioses vivían entre los hombres, manifestándose mediante todas las formas posibles: el amor, el fuego, la lluvia... Así que el mundo entero era sagrado y de la misma forma el hombre era sagrado también. El abrahamismo desacralizó el mundo y obligó a los hombres a entregarse a una vida idílica. El hombre, en un mundo que ya no era sagrado, perdió toda su belleza.

Con esto queda claro que no solamente es héroe o mártir aquel que en los momentos que propician su muerte se comporta de tal o cual forma, sino que detrás de tales condiciones de ser podemos hablar de diferentes formas de enfrentarse a la existencia y de entender el orden de la vida. Y tal dicotomía vino a mis pensamientos debido a la inquietud que me provocaba la forma en que afrontó Sócrates su muerte. Con lo que sigue resolví tal inquietud.

Al griego, no sé cómo ni por qué, se le ha pretendido cristianizar (¡se le ha equiparado al propio Jesús de Nazaret!), además de convertirlo en un abanderado del progresismo, del feminismo y de otras tendencias modernas. Se le quiere apodar con conceptos no aptos para su tiempo y con tal afán llamarle equivocadamente mártir de muchas causas. Es cierto que Sócrates fue en cierto modo un advenedizo del cristianismo por la razón de haber dotado al hombre de alma, de haber abierto los caminos hacia la espiritualidad (arrancarle al hombre los pies del suelo), de haber sido creador de la moral y tutor de uno de los ideólogos involuntarios del cristianismo: Platón. Pero aún así yo veo en Sócrates a un griego y como a tal habrá que hacerle verdadera justicia, pues ni de lejos le imagino como quieren definirlo ciertos movimientos actuales utilizando la técnica del anacronismo.

Muchos piensan que Sócrates murió por sus ideas y que como tal fue un mártir. Yo digo que no fue así, que si bien es posible que muriera por sus ideas su muerte no estuvo bajo el régimen del martirio; ni siquiera pienso que se tomara la cicuta de forma voluntaria: lo hizo porque no tenía más remedio, la huída habría significado vivir con vergüenza eternamente. No obstante, un mártir no muere por sus ideas, alguien que muere por sus ideas es alguien que cree en sí mismo y en sus razonamientos, alguien que hace uso de su soberanía como ser en el mundo con voluntad propia, caso de Sócrates; porque un mártir obedece sin más un dictamen y lo cumple sin plantearse nada, carece de un pensamiento propio. Sócrates murió, en definitiva, con buena conciencia. Aunque es cierto que en cuanto a mala conciencia quizá Sócrates sufriera aquella que le produjera su mujer, Jantipa. ¡Qué diferente habría sido Sócrates y la historia de la filosofía con otra ama! De Jantipa dicen las crónicas que era una mujer horrenda, insolente, iracunda y atroz. Así es de entender cómo Sócrates se lanzara a la plaza pública a dar a conocer su sabiduría y resolver sus propias dudas, puesto que era mejor que estar en casa.

Así que Sócrates fue juzgado y castigado por diversos motivos: políticos, sociales, etc. ¿Todo el que es juzgado y castigado es un mártir o un héroe? Creo que no y el afirmarlo sería grotesco: dar por supuesta tal afirmación convertiría de repente en héroes o mártires a todos aquellos que reposan en las cárceles. Tampoco está claro por qué fue condenado el griego, se habla de que introdujo dioses extraños (cierta deidad como el daimon o voz interior mística) o de que negaba a los dioses establecidos (según qué fuentes cambia la versión), que corrompía la moral de la juventud (alejándolos de los ideales democráticos precisamente), de que introdujo un mundo etéreo sin que en ello mediara ningún Dios, etc. Aunque también se habla de que fue inculpado porque dos de sus discípulos fueron tiranos.

Así que como conclusión:

Que Sócrates fue condenado por sus ideas -consideradas éstas subversivas por la tan aclamada democracia ateniense en la actualidad- y que posteriormente prefiriese morir respetando la Ley de su polis, negándose a huir por vergüenza y honor -puesto que es sabido, según las fuentes, que sus amigos le podrían haber ayudado a sobrevivir-, demuestra que el filósofo griego fue un héroe porque su voluntad manifestó ante todo valentía y coraje, pero sobre todo porque decidió su sino y porque en decisión tan noble no intervino sobre su voluntad ningún designio divino ni ninguna revelación, ni siquiera se tiene constancia de que su polémico daimon influyera sobre él.

En definitiva, Sócrates siempre fue demasiado griego como para que se lo apoderen ahora tanto la cristiandad como el progresismo y le consideren aliado de sus causas modernas. Resulta irónico igualmente que defiendan a Sócrates como un abanderado de la libertad de expresión y que por lo mismo veneren la democracia ateniense.■

10 comentarios:

  1. Gran artículo, Dani.
    Este tipo de textos son los que deberían estudiarse en los institutos españoles.

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  2. JEJEJEJEJE... Gracias, hombre, gracias, jajajaja...

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  3. Estimado Daorino, hay varias cosas que me chocan de las definiciones que das de héroe y de mártir. Y es que creo que esas definiciones no son absolutas y que existen muchos matices. Creo que, tanto ese héroe como ese mártir, solo existen en tu mente. La realidad es mucho más compleja.

    Es decir, creo que hablas de una distinción que solo está en los libros: o bien en la tradición grecorromana o bien en la Biblia. En la vida real, esas definiciones sirven de poco, pues edificas un proceso inductivo sin pararte a pensar que en cada caso cabría hacer un estudio pormenorizado para atestiguar si un mártir, por ejemplo, ha actuado ajeno a su voluntad. Término, por otra parte, relativo, pues para dejarse matar por una idea se necesita una voluntad de hierro, se crea en Dios o en el honor.

    Dices que el héroe no conoce el odio... y te quedas tan pancho (imagino que te referirás a la tradición literaria-mitológica). ¿Por qué un mártir no puede creer en sí mismo y en sus razonamientos? No me cabe duda de que todo ser humano interpreta la realidad, y conforme a la idea que se haya fabricado de Dios o de cualquier creencia, actúa en consecuencia. Esa dicotomía que haces, en mi opinión, es muy reduccionista, son etiquetas con las que simplificar lo que en la realidad es inextricable.

    Sintetizando: las propiedades que atribuyes a un "héroe" pueden ser propias de un "mártir" (en la vida real). Los dos priman el ideal por encima de lo material.

    Un saludo

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  4. Hola Sr. Poopsnagle de nuevo, un placer observar tu continuidad en mi blog. Muchas gracias.

    Existen multitud de matices, profesor, claro que sí, yo sólo me he limitado en decir lo que yo creo, por lo que es totalmente subjetivo, y aún sí, no por ser subjetivo menos acertado; por lo que sí, puede que existan en mi mente nada más, pero creo que también en la de otros muchos, te lo aseguro. Y claro que la realidad es más compleja, pero es que yo no tengo clarividencia, ni omnipotencia… para abarcar todo. Disculpas por ser tan humano, jejeje…

    Luego te contradices y pasas de decir que algo que existe sólo en mi cabeza sólo está en los libros, o bien en la tradición grecorromana o bien en la biblia. Pues bien, es cierto en parte. He leído muchos libros y las definiciones que doy son conclusión de esas lecturas.

    Por supuesto que en la vida real esas definiciones sirven de poco, principalmente la de héroe. En este mundo héroe es cualquiera, cuando en nuestro mundo real escasea el heroísmo. No así el martirio, lo vemos en el súbdito de Alá que se inmola, por ejemplo. Por definición un mártir actúa ajeno a su voluntad, actuar bajo su voluntad sería desobedecer a Dios.

    Y buen héroe que se precie no puede surgir del odio a sus enemigos. Odio y desprecio son cosas diferentes. Reconozco que mis definiciones son muy generales, pero es que todas las definiciones lo son.

    En todo caso, la intención del artículo era descristianizar a Sócrates y poner en su sitio a la democracia ateniense, que no digo en absoluto que fuera mala -no moralizo-, sino que no era tan ideal como la quieren ver ahora: fue la democracia ateniense la que a su vez mató al amado Sócrates, un Sócrates que no estaba muy deacuerdo con la democracia ateniense. ¿Ves la paradoja?

    Hasta pronto.

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  5. No he tenido tiempo hasta ahora, pero decirte que me parece este artículo una formidable introducción hacia una manera de entender a Sócrates creo que más realista y ajustada al personaje.

    Suele ocurrir frecuentemente la apropiación, por parte de escuelas de pensamiento posteriores o incluso por parte de movimientos religiosos, de personas de gran talla intelectual que no mucha relación tenían con las mismas, ni siquiera en las ideas. Y Sócrates ha sufrido algo de esto y contra esto entiendo que reaccionas.

    Queda abierta la posibilidad de que el socratismo moral, esa idea extraña de que el conocimiento lleva necesariamente a la virtud y de que el mal es consecuencia de la ignorancia, sí que encaje más con algunas de estas escuelas o movimientos religiosos. Pero no es eso de lo que se trata en este artículo.

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  6. León, gracias por tus palabras. Esto que dices: "Queda abierta la posibilidad de que el socratismo moral, esa idea extraña de que el conocimiento lleva necesariamente a la virtud y de que el mal es consecuencia de la ignorancia, sí que encaje más con algunas de estas escuelas o movimientos religiosos. Pero no es eso de lo que se trata en este artículo." Eso es cierto y no se podría decir mejor, pero habría que entender lo que era virtud en Sócrates, porque para el cristianismo la virtud es conocer a Cristo y ser ignorante de lo demás, jajaja... De todas formas, ya sabes que yo, aunque rescate a Sócrates, le he criticado y desmontado en varios artículos. Ese equilibrio entre la crítica negativa (no por ello menos constructiva) hacia el griego y una más favorable es lo que me hace ser justo e imparcial.

    Hasta pronto.

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  7. Daorino:
    Yo pienso que el concepto de "Democracia" fue totalmente deformado por la modernidad. Para empezar, "demos" - pueblo - es un noble concepto que se vincula con la sangre, el linaje y demás. Lease Homero para ver esto que digo: En la "Iliada", los personajes se remontaban a su genealogía para hablar de sí mismos frente al adversario a vencer. Todo lo cual significa que "identidad" es más que una seria de concepciones abstractas y afeminadas.
    Otra cosa que tengo para decir es que la democracia auténtica implica una concepción de civismo puro que sólo se ve en la guerra. Por eso la conocida frase "somos soldados, no ciudadanos". Porque en realidad ciudadano no es el burgues amilanado y débil que le prende velas a la diplomacia ejercida según la voluntad de Inglaterra...
    Parece mentira que el Marquez de Sade en "Filosofia de tocador" tuviera mejores y más claros conceptos sobre estos temas. Mal o bien él basó su idea republicana en las armas y fue lo suficientemente sincero como para no caer en pacifismos esteriles.

    Coincido plenamente con el articulo salvo en la valoración de Socrates. Personalmente aprecio más a Aristoteles por considerarlo más pragmatico (su discipulo fue nada menos que Alejandro Magno).

    Un saludo a tu persona y a toda la gente que está en España y en el resto de Europa. Abrazos y bendiciones para todos.

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  8. Gracias Dios de los Dioses, ya te echaba de menos por aquí. Gracias por el comentario, dice cosas muy interesantes, sobre todo lo de la genealogía.

    Un abrazo amigo.

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  9. Un saludo Daorino. En primer lugar felicitarte por tu artículo, realmente muy interesante (aunque coincido con Dios de dioses en mi preferencia por Aristóteles).

    Ciertamente descristianizar a Sócrates es un planteamiento que aplaudo y comparto, pero y aunque según dices no era la intención del artículo, la diferenciación entre héroe y martir me ha resultado casi más interesante. No he podido evitar recordar una cita de Pierre Drieu la Rochelle “No se es víctima cuando se es héroe", puede que suene irreverente pero el mártir es en esencia una víctima y el héroe no lo es nunca.

    Enhora buena, gran artículo, de esos que invitan a pensar.

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  10. Gracias Winston. Para mí Aristóteles es preferible, pero se trataba de descristianizar a Sócrates, no al alumno de Platón, jejeje… Es decir, no se trataba de preferir a nadie.

    Eso que hablas del ser víctima y no serlo es sumamente interesante. Hasta hace poco quería hacer un artículo sobre el victimismo, creo que ahora me han vuelto a entrar ganas, tu planteamiento me da alas, pero ya veré, no lo tengo claro del todo. LO QUE SI TENGO CLARO ES QUE SE LE LLAMA VICTIMISTA A CUALQUIERA CON DEMASIADA FACILIDAD, CUANDO CREO QUE QUEJARSE DE ALGO, DENUNCIARLO, NO ES NECESARIAMENTE UN ACTO DE VICTIMISMO.

    Yo creo que el victimista es aquel que se queja de todo lo que le pasa y de todo lo que hace cuando lo que hace requiere esfuerzo (quejicas en el trabajo por llevar cemento, o por poner ladrillos…), además de aquella persona que piensa que todo el mundo está en contra suya cuando no lo está (todo lo anterior es muy típico en adolescentes y en personas mayores, pero generalizable a todo el vulgo en mayor o menor medida). Como ves, encaja con una definición de mártir. Mártires serían los judíos con su manía persecutoria: ven nazis por todas partes. Mártires serían los musulmanes en España: que se llevan más de 40 % de los gastos sociales y encima se quejan de racismo y demás cuando el estado les apoya. Como ves, el mártir es un llorón, un quejica, alguien que se deja pegar y que explota su debilidad de niño pequeño para pegar aún más fuerte.

    Y cómo sería la no víctima. Para empezar no vería cosas donde no las hay, ni se quejaría constantemente de lo que le pasa, intentaría solucionarlo. En todo caso denunciaría una situación injusta que sufre, lo que no es victimismo, y lo enfrentaría. El victimista es por lo general alguien pasivo que sólo se queja y que no actúa por sí mismo, el que no lo es no se pasa el día quejándose y va a solucionar su problema. Una cosa característica de la no-víctima, del héroe, es que ensalza su esfuerzo y ve en su sufrimiento un placer, un signo de superación, el más bello sacrificio humano. Esa sería una de las grandes diferencias, la forma en afrontar el sufrimiento.

    Esto tiene muchos matices y se me ocurren multitud de hilos argumentativos a seguir.

    Hasta pronto.

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