18 de junio de 2010

EL IDEALISTA O EL HOMBRE DE OTRO MUNDO




Escena de la película Cielo sobre Berlín, del director Win Wenders. Mientras los ángeles quieren experimentar nuestro mundo sensible el hombre sólo piensa en paraísos imposibles y en la muerte.

Lo opuesto al idealista es el realista. Sin embargo, el idealista es el más realista de los realistas, diría que es el ser creador (de artificios) por antonomasia, todo lo que inventa ocupa un lugar en la realidad… pero nadie la ve: es la realidad de la fe, es la realidad de la utopía, es la realidad que no es real. A pesar de todo, el realista es idealista también, pero sus ideas brotan de las cosas que se pueden tocar, observar e intuir; más que crear transforma, y sea esa su creación: patria, familia, amor filial… todo ello tiene que ver, sin menospreciar su naturaleza espiritual, con la sangre, con la tierra, con las montañas y con los ríos; no es sólo cuestión de conocimiento pensado, sino de conocimiento vivido. Así pues yo trataría esta dicotomía como si fuera una cuerda. En un extremo tropezaríamos con el idealista, en el otro con el realista, pero en el centro con un nudo donde tanto el idealista como el realista se atropellan, se mezclan, se cruzan y se confunden, pero que delimita claramente dos formas de arrojarse a la existencia en un mismo mundo.

Max Stirner es mi maestro en esta materia. Resulta sugestivo leer su libro El único y su propiedad y descubrir un mundo de fantasmas y de espíritus, donde los idealistas son una especie de sombras, como muertos vivientes, como ángeles, como poseídos… poseídos por una idea, por una idea por la que luchan hasta el fanatismo, si es que la idea les posee completamente. Los realistas, los que se rigen por el orden natural de las cosas, son como exorcistas, como loqueros, o como hombres que viven entre tinieblas, dentro de una espesa niebla donde la visibilidad se ha reducido drásticamente. Y es que el mundo ha perdido su sentido, ha perdido su valor y claridad, ahora sólo hay sombras, espíritus, ideas… ideas que no son cosas, ideas que no representan nada de este mundo.

El idealista ama todo lo universal, pues el idealista es un ser totalitario. Quiere que su idea adquiera dominio integral sin distinguir la particularidad de cada cual, he ahí su tiranía. Así que no se enfaden con aquellos que dicen que somos todos iguales, con aquellos que dicen que no hay razas, que sólo hay una raza, la raza humana, con aquellos que sólo dicen que hay una única civilización, etc. Ellos están roídos como una mazorca de maíz en una conejera, están imbuidos y posesos por una idea que rige cada uno de sus movimientos, cada una de sus frases, cada uno de sus actos y ensoñaciones… su existencia la basan en determinaciones racionales, no someten su razón al juicio de la experiencia. Su realidad es en definitiva una realidad pensada que poco tiene que ver con lo que es realmente lo real. Si alguien les refuta y les explica que su concepto universal está equivocado, automáticamente te responderán que estás en un error lógico, que no tienes Razón y que lo que dices es absurdo, además de llamarte inculto, inmoral, malvado, malo, egoísta... ¡Qué perversos son los utópicos! Y es que la idea da superioridad moral y siempre llevan razón: un hombre racional no soporta ver su razón equivocada.

Así pues, poco puede hablarse con un idealista, con los fanáticos de la idea, con los que viven ojos hacia dentro con miedo a lo que pudieran ver si arrojaran su mirada a la existencia. En alguien que ve en todos la humanidad sin distinciones sólo verá en el disidente un inhumano, pero siempre al hombre, al mismo hombre; y se sentirá culpable de tu inhumanidad, pues en ti se ve reconocido igualmente. Aquel que ve en todos una misma raza verá en el disidente un loco que no se ha enterado del gran descubrimiento de la uniracialidad (jeje)… pero te verá del mismo color que a todos: nos os esforcéis en explicárselo, entre un negro y un blanco no verá nunca la diferencia racial, sino al hombre, lo que hay de humanidad en los dos y nada más: injusticia para el negro y para el blanco, la particularidad no existe. Aquel que ve en todos la igualdad, aquel que por comodidad racional ve a todos iguales, comete la mayor de las injusticias pero a la vez verá en el disidente un fascista, o un nazi… o un favorecedor de y conforme con las desigualdades sociales.

El idealista como negador de la realidad pues ésta refuta todo su mundo artificial e invisible.

¡Así que inhumanos, incivilizados y demás disidentes, rompamos el muro del idealismo, exorcicemos por doquier a los poseídos!■


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9 comentarios:

  1. ¡Rosset!¡amor al mundo existente-a pesar de todo y sin negarlo!

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  2. Dani, estoy bastante de acuerdo con muchas cosas que se dicen aquí pero quiero matizar algo sobre el caso particular de los "antirracistas".

    Dices:

    "no se enfaden con aquellos que dicen que somos todos iguales, con aquellos que dicen que no hay razas, que sólo hay una raza, la raza humana, con aquellos que sólo dicen que hay una única civilización, etc. Ellos están roídos como una mazorca de maíz en una conejera, están imbuidos y posesos por una idea que rige cada uno de sus movimientos, cada una de sus frases, cada uno de sus actos y ensoñaciones… su existencia la basan en determinaciones racionales, no someten su razón al juicio de la experiencia"

    De acuerdo, pero aquí entran pocos personas. La mayoría de los autodenominados antirracistas (digo autodenominados porque su antirracismo, de ser sincero, les lleva a brutales formas de racismo, pero eso es otra cuestión) entran en dos categorías que no incluyen a la que tu aludes:

    1) la de los borregos: son antirracistas porque es lo que hay que ser, lo que está bien visto, porque "es guay tío, no sé hacer la o con una canuto pero soy antirracista, lo flipas tio", por es lo que dice la gente importante que hay que ser, el amo, el poderoso o la televisión.

    2) la de los pillos: ejemplo palmario es Esteban Mayonesa. El arte de convertirse en millonario sin pegar un palo al agua mediante el antirracismo. Ese es realista, realista al máximo. Más que realista, utilitarista, en el más grosero de los sentidos. Dinero, dinero y dinero.

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  3. León Riente, es verdad, pero es que en el artículo hablaba de los idealistas, no de los realistas hipócritas y de los borregos estúpidos, jejeje...

    Me gusta lo de Esteban Mayonesa, jajajaja... Lo de este señor (este señor por no llamarle como hay que llamarle), lo que señalas de utilitarismo, es cierto; esto de la solidaridad es un negocio, no lo olvidemos. Aún así creo que Esteban es un idealista estúpido que ha sabido sacar dinero de ello.

    Una vez, una mujer muy comprometida con la inmigración en Tarifa -muy criticable por otro lado por ser inmigracionista, aunque me gusta como ataca el sistema capitalista y desenmascara el negocio de las pateras (mafias)- me comentó que uno de la cruz roja de Tarifa estaba la mar de bien gracias a los inmigrantes, porque gracias a ellos tenía trabajo. Esto hay que denunciarlo, esa panda de cabrones que se benefician del sufrimiento ajeno, que quieren hacer dinero y riqueza a costa de la penuria de los demás y que luego, hipócritamente, te llaman insolidario y racista.

    Hasta pronto.

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  4. "su existencia la basan en determinaciones racionales, no someten su razón al juicio de la experiencia".

    Pues yo diría que es al revés. Si fueran racionales, observarían la realidad y sacarían conclusiones acertadas. Es porque no se fijan en la realidad, sino en la propaganda y en ese idealismo con fondo religioso, (el progresismo es una religión), que abandonan el comportamiento racional.

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  5. Con esa frase me refiero a que su mundo es pensado, etéreo, espiritual, que no es sólido, sensible o real; es decir, la vida del idealista es exclusiva y únicamente racional mientras que un realista es racional, por supuesto, pero ve el mundo a través de los sentidos, información que procesa mediante la razón. El idealista, por lo tanto, no tiene nada que procesar, pues de fuera no ve nada, ve todo uniforme para que su mundo pensado cuadre (una idea es por definición totalitaria, universal, uniformadora, alejada de matices): el idealista adapta su mundo pensado a la realidad y destruye y mata todo aquello que no le sirva para que ese mundo pensado, espiritual e idílico cuadre, mientras que, repito, el realista conforma su mundo mediante la experiencia, lo vivido y por su puesto mediante la razón, pero con una razón que se complementa con la vida, con la diversidad de la vida. Si acaso el idealista procesa su razón y deducciones lógicas con más razón y deducciones lógicas, reconcomiéndose a sí mismo, arrojando más emanaciones idílicas al mundo: la vida es sueño.

    Su realidad es simplemente un procesado mental, es algo pensado y ya está. Usan razonamientos lógicos para la vida lo mismo que cuando multiplicamos o sumamos, su realidad sólo tiene consistencia en el papel… la consistencia que da el papel.

    Pongamos como ejemplo de idealismo el Islam o cualquier religión monoteítica. Originariamente estas religiones no son idolátricas –lo digo por el cristianismo, que tiene miles de imágenes, de santos, de referencias festivas paganas, etc. Son religiones de oído, no de vista como el paganismo. Por ello para el monoteo es sagrado un libro y la palabra de Dios mientras que para el pagano es sagrado el mundo y digno de admiración los actos de sus dioses.

    El idealista progre no ve con la vista, cree en el género humano y no hace distinciones de raza, por ello todo lo que hace un hombre es como si lo hiciera el Hombre, sin distinciones: se entiende pues por qué se quiere destruir la identidad nacional de los países y de las propias personas (se defiende el individualismo, cierto, pero un individualismo uniformador), de ahí que el logro de llegar a la luna fuera un logro (sobre el papel) de la Humanidad y no de EE.UU. El progre procesa una ideología de oído, no de vista. El realista es sensible, porque ve con los ojos, procesa a través de los ojos.

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  6. También existe ese idealismo en muchos científicos, de tal forma que las cosas que no encajan con las teorías establecidas las "olvidan" o las marginan. Y no digamos ya científicos cristianos, como en algún blog en el que he caído hace poco.

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  7. Pon el enlace de ese blog, hombre, no te cortes, jejeje.

    Los científicos son especialistas, muchos de ellos, en manipular datos... por inmorales (¡Califican de inmorales datos contrastados!) o porque no se adhieren a sus tesis. Esto lo vemos con lo del calentamiento global.

    http://www.publico.es/272214

    Hasta pronto.

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  8. La noción de «humanidad» es una de esas palabras «colectivas» que se pueden interpretar de dos formas diferentes. Si es partiendo de lo particular para ir hacia lo general: la humanidad es entonces el conjunto de todos los individuos de la especie Homo, de todos los pueblos particulares existentes en la superficie de la tierra en un momento dado. Si es partiendo de lo general para ir a lo particular: la humanidad es entonces una idea (en el sentido platónico del término) y la característica esencial de todos los hombres, es que participan de esa idea que los especifica.

    ¿Cómo se puede ser pagano?, de Alain de Benoist. Ediciones Nueva República, S.L. Pág. 179. Traducción de Jordi Garriga y José Luis Campos.

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  9. Esta afirmación universalista de la unicidad del hombre-en-tanto-que-hombre está aparentemente desprovista de todo fundamento. Para los Antiguos, el «hombre» no existe. No hay más que los hombres: griegos, romanos, bárbaros, sirios, etc. En el siglo XVII, Joseph de Maistre retomará esta idea, de naturaleza nominalista: «No hay ningún hombre en el mundo. Yo he visto, en mi vida, franceses, italianos, rusos, etc. Sé incluso, gracias a Montesquieu, que se puede ser persa: pero en cuanto al hombre, yo declaro no haberlo encontrado en mi vida» (Considérations sur la France, 1791, ch. VI). Ciertamente, siempre se puede hablar de «hombre» -en singular- en una acepción general. Pero esto no es más que una comodidad del lenguaje, una abstracción fundada, en último análisis, en la percepción de un cierto número de hombres singulares. El hombre genérico, el hombre «universal» abstracto, no existe. Para que el hombre genérico pueda existir, sería necesario que hubiera un referente común y específicamente humano susceptible para cualificar a todos los hombres de manera paradigmática. Tal referente sería necesariamente cultural, puesto que aquello que especifica al hombre en el universo tal como lo conocemos, es su capacidad en-tanto-que-hombre de crear culturas. Ahora bien, no existe una cultura humana única. Sólo existen las culturas; la diversidad de las culturas deriva precisamente de la irreductible diversidad de los hombres. Lo que existe, por el contrario, es una unidad zoológica de la especie humana. Pero una tal noción es de orden puramente genérico.

    ¿Cómo se puede ser pagano?, de Alain de Benoist. Ediciones Nueva República, S.L. Pág. 218. Traducción de Jordi Garriga y José Luis Campos.

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