14 de octubre de 2011

ÜBERMENSCH

Habla el martillo

«(...) ¡lo superior no debe degradarse a ser el instrumento de lo inferior, el pathos de la distancia debe mantener separadas también, por toda la eternidad, las respectivas tareas! El derecho de los sanos a existir, la prioridad de la campana dotada de plena resonancia sobre la campana rota, de sonido cascado, es, en efecto, un derecho y una prioridad mil veces mayor: sólo ellos son las arras del futuro, sólo ellos están comprometidos para el porvenir del hombre. Lo que ellos pueden hacer, lo que ellos deben hacer jamás debieran poder ni deber hacerlo los enfermos: mas para que los sanos puedan hacer lo que sólo ellos deben hacer, ¿cómo les estaría permitido actuar de médicos, de consoladores, de «salvadores» de los enfermos?... Y por ello, ¡aire puro!, ¡aire puro! Y, en todo caso, ¡lejos de la proximidad de todos los manicomios y hospitales de la cultura! Y, por ello, ¡buena compañía, la compañía de nosotros!, ¡o soledad, si es necesario! Pero, en todo caso, ¡lejos de las perniciosas miasmas de la putrefacción interior y de la oculta carcoma de los enfermos!... Para defendernos así a nosotros mismos, amigos míos, al menos por algún tiempo todavía, de los dos peores contagios que pueden estarnos reservados cabalmente a nosotros, - ¡de la gran náusea respecto al hombre!, ¡de la gran compasión por el hombre!... (…)»

FRIEDRICH NIETZSCHE, LA GENEALOGÍA DE LA MORAL (Un escrito polémico). Alianza Editorial, año 1998. BA 0610, Pág. 160-162. Traducción de Andrés Sánchez Pascual.


«¡Quiero acabar con toda mi humanidad!», ¡Siiiii!, ¡sea este mi grito de guerra! ¡Quiero acabar con todo lo que me hace hombre!, ¡quiero superar todo lo humano y mi mortalidad!, ¡quiero ir más allá de lo que me hace ser igual que toda una especie biológica y más que aquello que me hace ser como ente individual absoluto! ¡Quiero alcanzar al máximo mi voluntad de poder!, ¡quiero destruir muchos valores y crear algunos nuevos, también recuperar algunos olvidados! ¿Por fin se acabaron los tiempos de la piedad y de la compasión, vuelven los seres de conciencia imperturbable? No lo sé, ¡pero aquí estoy yo! ¡El malvado para los crucificados, el bueno para los fuertes y puros, para los de la moral primigenia, para los de la moral anterior al charlatán de la plaza! Quiero ser el superhombre, ¡os digo!, superhombre no como hombre, sino como superación de todo lo anterior. Quiero ser un Dios, un ser que transcienda de su propia naturaleza y alcance una mayor. Quiero poder, quiero poder disponer de las vidas de los hombres y alcanzar ideales que nos lleven a la gloria, a ellos y a mí, para dignificarles y hacerles sentir triunfantes en una nueva vía mucho más noble y más pura, más natural y más auténtica, donde la realidad se siente en carne viva: la guerra será nuestra honra y la lucha nuestro oficio, ¡nuestro orgullo! No es la razón la que nos llevará a la paz, ni el derecho-humanismo, sino nuestra sangre, nuestro sudor, nuestro plomo y nuestro acero, sólo esto ha salvado a los hombres. Quiero hombres obedientes, hombres educados en el deber y en el sufrimiento, quiero hombres que desprecien las comodidades y la banalidad, quiero hombres que no sean hombres, que sonrían ante la muerte y que ante la vida gocen como niños pequeños jugando a la guerra. Quiero hombres de grandes miras y que sean soberanos en la medida que se comprometen y luchan por propia voluntad, es decir, que obedecen a voluntad y saben ver cuando la causa es una bella causa y un líder un gran líder, el LÍDER. Que silben las balas, yo quiero luchar, yo quiero devastar, yo quiero ser esa bestia que llevo tanto tiempo manteniendo quieta y ascender en mi vía espiritual. Quiero purificar mi tierra, ¡y la sangre!, quiero dar hijos al mundo y que éstos den prolongación a mis actos, y que me superen, y defiendan todo lo bello y noble que nos hace ser lo que somos. Quiero morir en el campo de batalla y que los hombres canten mis hazañas, quiero ser paradigma, Dios y gloria para los hombres, quiero ser la meta de todos aquellos que quieren alcanzar el superhombre.■

3 comentarios:

  1. Me gustan tus artículos vitalistas, pero el hombre no puede aspirar a convertirse en Dios. Hemos de ser conscientes de nuestras limitaciones pero sin desistir a la hora de alcanzar nuestros objetivos.
    Debemos de dar pocos golpes, pero que sean decisivos.

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  2. Estoy en desacuerdo con lo dicho por Soldado Vikingo, el cristianismo fue el que distanció a los hombres de la divinidad, entre el creador y su obra, una dicotomía que no fue propia de la europa pagana. Citaré un artículo de Evola al respecto:

    «Corresponde a los dioses venir a mí y no ir yo hacia ellos». Ya en esta respuesta dada por Plotino a Amelius (quien lo invitaba a volver a los cielos favorables mediante el culto), está contenido todo el espíritu de una tradición y subrayada la distancia que separa ambos mundos: el de aquellos que “creen” y el de aquellos que «son».

    Otro gran espíritu romano, Celso, partiendo a la guerra contra las nuevas creencias entonces a punto de invadir el Imperio, dijo: «Nuestro dios es el dios de los patricios, invocado en pie, frente a nuestro fuego sagrado y que se lleva al frente de las legiones victoriosas, y no el dios al que se reza postrado en tierra, con total abandono de su ser».

    Se trata de crear en nosotros mismos una cualidad operativa, como podríamos decir, actuando sobre los poderes supra-sensibles (los dioses); es decir como una fuerza mediante la cual estos son atraídos irresistiblemente.

    «Volverse parecido a los dioses, y no solamente a los hombre de bien. El fin a alcanzar no es estar exento de pecado sino ser un numen».

    Estas máximas, pueden parecer algo inquietantes para algunos. Son, sin embargo, verdaderas sobre un plano superior. Para la antigüedad clásica (como para los antiguos arios orientales) el más alto ideal era un ideal divino y no un ideal de «moralidad» burguesa.

    Esta fuerza y esta cualidad se pueden resumir en una sola palabra: “Ser”; y en un solo precepto: “sé”, y consiste en una indestructibilidad interior, serena, clara, «olímpica», y añadimos «ascética», en absoluta insolente y «titánica», según el moderno cliché de Supermán.

    Una máxima caracterizaba la aspiración clásica a lo sobrenatural: «Para "conocer" a los dioses, es preciso ser iguales a ellos».

    En fin dejo el artículo para disposición de cualquiera, muy recomendable y que hace incapié en la diferencia entre ser y creer, a ese respecto el cristianismo fue una caída, un paso atrás con respecto a la religiosidad tradicional (aunque es muchísimo más preferible que el ateismo de la sociedad actual)

    http://juliusevola.blogia.com/2006/101701-virilidad-espiritual-maximas-clasicas.-julius-evola.php

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  3. Felicitaciónes DAORINO, siempre sorprendente, muy buenos los comentarios de Soldado y de Obstacle. Los tendre en cuenta.
    Esto me hace acordar a dos artículos ya citados, "Nuestra escencia es La lucha" y "El sentido de Nuestra Existencia," publicados por este mismo blog, en verdad Muy interesante!!!
    Quiero dejar algo muy bien dicho:
    Todo lo que el establecimiento te ha dicho que hay de malo en ti, es justo lo que hay bueno en ti.

    Vosotros veis cosas, que otros no ven, estáis creados para cambiar al mundo, a diferencia de los 9 de cada 10 personas,- Tú mente es irreprimible, y esto amenaza a la autoridad, naciste para ser revolucionario. No soportas las reglas, porque en tu corazón hay un camino mejor. Tienes fuerzas peligrosas para el Establecimiento, y las quieres eliminar, por lo que toda tu vida se te ha dicho, que tus fuerzas eran debilidades, pues yo ahora te digo lo contrario…


    Tú impulsividad es un don, los impulsos son tu clave hacia lo milagroso, tu distracción es un artefacto de tu inspirada creatividad, tus cambios de humor reflejan el pulso natural de la vida, te aportan energía imparable cuándo estás en lo alto y una profunda visión conmovedora del alma, cuándo estás en lo bajo, cuándo te diagnostican con un desorden, esa es la propia forma de la sociedad para negar su propia enfermedad, señalándote a ti.
    Gracias...

    Pablo Gómez.

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