9 de diciembre de 2011

LA ESPERANZA DE LA VOLUNTAD Y LA VOLUNTAD DE LA ESPERANZA

Menos arrodillarse y más pelear

Pensar que el esclavo no tiene voluntad es descabellado, por ello me veo en la necesidad de escribir el siguiente texto si no quiero correr el riesgo de ser malinterpretado. Pues bien, el esclavo, el hombre de la esperanza, tiene voluntad, pero la voluntad de la esperanza; es decir, hablamos de alguien que por propia decisión acepta la sumisión a lo imaginario o a lo parlante y real, quien le promete lo imposible.

La voluntad de la esperanza es la acción abocada a esperar todo de otros. Es la acción de aquel que siempre busca un redentor, alguien que le guíe y le prometa la salvación. Busca su esperanza activamente, quiere recibirla, quiere no perderla, y eso lo hace a voluntad, activamente. Su voluntad no está en ser mejor por sí mismo, sino en encontrar a alguien que le empuje… ¿a ser mejor? Porque este esperanzado cree que será mejor obedeciendo la fe, arrodillándose, dejando su ser a merced del capricho de aquel de quien espera y da gracias por todo. No es caprichoso el cristiano, o el musulmán, o… quien sea, que dice a todo “Gracias a Dios” o "Gracias..." a su ente o no-ente venerado. Es que este hombre, esclavo, no hace nada, todo lo que le ocurre es gracias a otro. No es un hombre a voluntad, sino a voluntad de otro, a voluntad de su Dios o de su redentor o guía. Su esperanza es decir “mi voluntad es otro”.

Sin embargo, el fuerte sólo espera de su voluntad el resultado de sus acciones, quien dice: “yo soy mi esperanza”. Por lo tanto, no espera otra cosa que no sea de sí mismo. De ahí que en alguna ocasión haya definido la voluntad como la esperanza de los fuertes. Este hombre es libre, y no es libre en cuanto al derecho que “otros” le dan, sino al propio derecho que a sí mismo se otorga. Ser soberano es ser libre y casi un capricho, pues uno mismo se lo da. La libertad se mide con todo aquello que sólo uno es capaz de hacer por sí mismo; pero he aquí y ahora la contradicción, la libertad es también la medida de todo aquello cuanto uno es capaz, por voluntad propia, de renunciar a cambio de un compromiso, de un comprometerse con una causa noble o con sus iguales. La libertad como eterna contradicción, la libertad como negación de sí misma, pero siempre clara en un punto, en el punto señalado anteriormente: la libertad es la medida de todo aquello que sólo uno es capaz de hacer por sí mismo.

Cuando hablo de esclavos no me refiero sólo a los abrahámicos, sino a todos sus derivados como los marxistas, los ateos, etc. Y bien, no sólo a éstos, también a otros que quizá a priori no son esclavos por verter sus ideas en otras cloacas. Aquellos que son poseídos por las ideas, por el fanatismo, son también esclavos. Es difícil no ser esclavo, es difícil ser libre y estar seguro de serlo. Yo, cuando hago algo, me pregunto: ¿lo hago por propia voluntad? Incluso responder a eso es difícil.

¡Menudo problema acabo de generarme con estos pensamientos!■

2 comentarios:

  1. La Esperanza es la voluntad petrificada por el miedo. Es pura crueldad, o mejor dicho, el alentarla es cruel. No es que aspire a erradicarla del mundo, como no aspiro tampoco a erradicar la vanidad, ni las religiones, ni los consuelos, ni los odios. ¿Qué sería del hombre sin sus pasiones y sus consuelos?. Pero la Esperanza – como las religiones – suele ser un instrumento acorde para el que las necesita, como el lisiado necesita utilizar el bastón para no caer.

    La Esperanza y el miedo caminan muy unidas; al menos algo por el estilo decía La Rochefoucauld. ¿Qué hubiera sido entonces de nuestro cristianismo sin ambos elementos?. El Más Allá, el Paraíso, es a lo que se aspira, lo que se espera, pero ¿por qué?. Pues porque todo tipo de sacerdotes están ahí para fomentarlos, aventándolos con miedos condenatorios. Reina sobre las conciencias y tendrás el Poder Absoluto.

    Hoy, están en boga los sacerdotes de los Mercados, emponzoñándonos, con sus retahílas de miedos y condenas al objeto de seguir atados al yugo del Sistema Financiero Internacional, al que venden como salvación irrefutable, cuando lo que realmente hacen es cavar nuestras tumbas sin inmutarse. El MIEDO, y como contrapartida, su ESPERANZA insaciable de salir de la CRISIS. A Grecia hay que salvarla, pero a la vez alentamos sus contenciosos territoriales con Turquía, para que al salvarla tenga que gastarse el montante de nuestra ayuda en comprarnos, a precio de oro, barcos, aviones, submarinos, bombas...¡Y todos contentos!. Y sin embargo los griegos, en algún momento, mantuvieron intacta su ESPERANZA de salir del agujero. Así es como se han hecho siempre los grandes negocios de unos pocos a costa de la humanidad, porque la Esperanza al ser el único MAL que quedó atrapado en la Caja de Pandora, ayuda al ser humano a sobreponerse a sus desgracias y seguir adelante con sus cargas, en beneficio de otros.

    Antiguamente ya se bastaba Santo Tomás de Aquino para vender sus cielos (a la orden de sus prebendas), pronunciando discursos satánicos con los que mantener al personal “contento”: “NOSOTROS, Los bienaventurados veremos desde el reino celestial las atroces penas de los condenados, para que nuestra bienaventuranza nos satisfaga más. ¡Qué espectáculo tan grandioso entonces!. ¡De cuántas cosas me asombraré!. ¡De cuántas cosas me reiré!. ¡De cuántas me regocijaré!....”. ¿Alcanza uno a imaginarse un bastardo más repugnante?.

    Ante esta clase de vilezas para atrapar al hombre u lo que quede de él, transformado ya en un pobre homúnculo, cómo escapar de la maldita ESPERANZA. Schopenhauer decía que quien ha perdido la Esperanza ha perdido el miedo y que, precisamente eso, significaba la palabra “desesperado”.

    Saludos, Daorino.

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  2. Y cuando no sea la esperanza lo que te ate a algo o te lastre, lo será cualquier otro aspecto vinculado a las circunstancias personales. El caso es que todos tenemos que buscar cuál es la misión que tenemos en la vida y cumplirla.

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