10 de febrero de 2012

EL SER ÚNICO Y LA DISIDENCIA

EL LOCO

Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras,. -sí; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando:

-¡Ladrones!¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!

Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas.

Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó:

-Miren! ¡Es un loco!

Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:

-¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!

Así fue que me convertí en un loco.

Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser.

Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.

Khalil Gibran. OBLAS COMPLETAS, VOLUMEN I. Edicomunicación, S.A., año 2003, pág. 209. Traducción de Fath al-Santott.

Khalil Gibran fue un poeta, pintor, novelista y ensayista que nació en Bisharri (Líbano) en 1883. No voy a decir nada más sobre su biografía porque hay mucha información en Internet y prefiero centrarme en el texto que habéis podido leer. Dicho texto lo leí hace más de diez años por primera vez, y aún recuerdo el impacto que me causó. Me pareció algo nuevo, algo totalmente revolucionario. Sin duda no es para tanto, pero con veinte años muchas cosas nos parecen más de lo que son. No quiero minusvalorar al autor de esta obra pero lo cierto es que a ciertas edades tendemos a mitificar y a idolatrar de forma desmedida, y yo siempre he sido desmedido en todo, así que imaginaros, jajaja...

En muchas de las últimas entradas publicadas se ha tratado el tema de lo real, un tema recurrente y que me obsesiona en cierta manera. Por ello, en parte, este texto, que al recordarlo y reencontrarlo me ha parecido muy conveniente mostraros. Se puede leer: "(...) corrí sin máscara por las calles atestadas de gente". Sin duda esa máscara dice mucho, siendo esa realidad que encubre la verdadera realidad. No digo nada nuevo, lo sé, pero me parece evocador esa metáfora que une lo desnudo con lo verdaderamente real, ese titubeo que nos concede o a que nos obliga irremisiblemente todas las inseguridades provocadas por la pudicia al ser descubiertos tal como somos.

Hagamos énfasis en lo verdaderamente real o en lo que puede acercarse a ella, en oposición a lo falsamente real, que sería la susodicha máscara. Conocer lo verdaderamente real me parece altamente complicado, por no decir imposible, pues nuestros sentidos no están capacitados para en un sólo instante, en el mayor grado de consciencia, hacernos participe de todo lo que es en todas las dimensiones de percepción posibles: por ello lo real, lo que es lo real en sí, es algo casi ajeno al hombre, que sólo aspira a sus verdades. Pero la máxima "Todo es real" hace fácil todo análisis, así como el hecho de que es más fácil llegar a cierta verdad poniendo al descubierto la mentira, rompiendo la máscara. A partir de ya no hay que cuestionar lo real, no hay que ser un negador, al menos un negador en el sentido de negar un hecho que puede darse de cualquier forma, incluso no dándose.

El texto sigue así: "Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas." Por la calle va el hombre desnudo, el hombre que dicen que está loco. Aquí la locura es mostrarse tal cual uno es, en toda su autenticidad. La máscara hace que los demás no se rían de ti, el ser despojado de ella hace posible que unos se burlen o te humillen y que otros huyan, pues el hombre auténtico, el hombre que no se da miedo a sí mismo, que no reniega de sí, que no se avergüenza de sí, que no es ajeno a sí mismo... ¡es el terror! Y así es un poco la disidencia, la disidencia real: es como ir desnudo, es como ir sin máscaras, es como ser una especie de ser que a veces es motivo de admiración pero que en demasiadas ocasiones es objeto de burla y escarnio. Existen personas verdaderamente reales y otras falsamente reales. No está loco el loco, sino quien llama loco a otro. Y bien, aquí la locura es ajena a toda desviación o trastorno mental, no hablamos de una locura clínica.

Para concluir, esta parrafada: "Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser." Al leerla por primera vez sentí un gran remover en las entrañas. Lo considero un pensamiento profundo, un pensamiento abismal. El derecho a la incomprensión, a ser una entidad indescifrable, a ser alguien que suponga en sí un misterio. Es una reflexión curiosa la de este autor libanés, plantea la comprensión de uno hacia otro como una especie de robo, un hurto de su ser, como si nos metiéramos en su mente y le poseyéramos. Se puede estar deacuerdo o no pero lo que sugiere dicha parrafada tiene un gran poder, pues se trata de un pensamiento poderoso, una evocación que invita a ser cada cual poseedor y defensor de sí mismo,  A SER ÚNICO.■

2 comentarios:

  1. Está interesante. No obstante, discrepo de que podamos tratar de loco a aquel que se quita la máscara (o las máscaras). Sería ante todo una persona sincera y honesta. Luego hay que diferenciar entre los que tildan a otro de loco con razón y los que lo hacen sin razón. Creo que ese punto es clave.

    Antes que en la locura o la ignorancia prefiero hallar la libertad y la seguridad en la razón. En la capacidad de discernir la realidad, sino hallando las verdades, por lo menos sí las mentiras como bien dices.

    Luego el ser único es una parte de nuestro ser, si bien no más importante que la que se desarrolla y nutre de los demás. Hay que hallar el equilibrio, sin que una parte engulla a la otra. La medida de ese equilibrio, será cómo no, la razón.

    Por sí solo el hombre puede perder también libertad y autonomía. Se expresa esperando receptividad y comprensión de los demás, luego el sentido de propiedad de esa comprensión es absurda por doble sentido: primero porque se expresa mirándose en ese espejo; segundo porque la comprensión de nuestra imagen social pertenece exclusivamente al observador. Otra cosa es que esa imagen se utilice en contra del observado, nuevamente sin razón.

    En definitiva, el desarrollo evolutivo del hombre se debe, en gran parte, a su interacción con otros miembros de su especie.

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  2. La verdad es que todos tenemos que dar las gracias a quienes nos roban las máscaras en algún momento de nuestra vida. Así podemos aceptar quienes somos y lo que queremos ser.

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