9 de septiembre de 2012

LA MUJER OPRIMIDA Y PORNO EN EL MÓVIL

Hoy se engaña a las mujeres con el feminismo, se les dice que pueden llegar tan alto como los hombres. Y personalmente creo que pueden llegar muy lejos, pero se equivocan si para ello deben tener como modelo al hombre, pues de esa forma asumen su inferioridad: "queremos ser igual que los hombres", dicen. Pero nunca lo serán. Y no digo que sean inferiores, pero entiendo que una feminista debe ser consciente de su inferioridad (desde un aspecto personal) y por ello se hace feminista: para poder ascender, para reclamar y conseguir de alguna forma un estatus que no es capaz de conseguir por sí misma; porque una mujer sin complejos no necesita ser feminista.

Y bien, las mujeres pueden llegar muy lejos. Pero no llegarán a lo alto siendo mujeres, sino imitando los comportamientos y esquemas propios de un hombre y gracias a una y mil políticas de discriminación positiva, que no son otra cosa que entorpecer las aspiraciones de un hombre (cuyo pecado es haber nacido hombre) en su realización personal. De esta forma, las mujeres no ofrecerán a la sociedad sus geniales dones femeninos. Se muestran rudas y a veces poco femeninas. No es algo que agracie a la mujer.

Y es que el feminismo es una desventura para la mujer. Hoy más que nunca la convierte en un ser de segunda. Necesita de la ideología y no de su genio para ascender. Y la tragedia radica ahí, pues una mujer conseguirá algo por el simple hecho de ser mujer, porque por ley se establece que así sea; e importará bien poco su valor y su arrojo, su capacidad o actitud: lo único que interesa es que sea mujer y no el ascenso de los mejores en cada puesto y en cada lugar. De esta forma nos encontramos a mujeres encumbradas que son auténticos despojos en el terreno de la política, por ejemplo. Su mérito es ser mujer. Pero para una mujer ser mujer no es ningún mérito. Esta situación creada pone en un serio aprieto a las mujeres que sí pueden conseguir lo suyo por sí mismas y que quieren ser reconocidas al margen de su sexualidad, ya que todas estas políticas ponen bajo sospecha todo logro de la mujer: ¿lo habrá conseguido por méritos propios o por ser mujer?

Hemos llegado a un momento histórico en el que por el bien de la sociedad podría haberse dicho adiós a todo sexismo. Muchas formaciones identitarias podrían haberse distinguido de las tradicionales formas políticas devenidas en democracia adoptando el antisexismo como seña de identidad política, promocionando la unidad y cohesión social y la familia, que es donde se forjan los dones propios de cada sexo en beneficio de una sociedad sana. Pero interesó fomentar el feminismo, y se sigue haciendo con auténtico ahínco, ya sea por interés político o por propio convencimiento.

Para el empresario el feminismo ha sido una ganga. Junto con el inmigracionismo han supuesto dos políticas que han beneficiado al capital. La han beneficiado por ventajas que recibe el empresario, porque resulta más barato contratar a un inmigrante o a una mujer. No hay más vuelta de hoja. Si se lucha contra la discriminación hay que hacerlo con coherencia, no con más discriminación. Y no pretendo echar la culpa de todos los problemas a las mujeres o al inmigrante, pues ellos no son más que víctimas del esquema globalizador que se está implantando y de un plan político muy bien orquestado. Y por supuesto, el feminismo y el inmigracionismo son sólo dos pilares de tal plan.

Hoy la mujer no es víctima a no ser que sienta como propio el drama de cualquier mujer que si ha sido víctima de algo. Malos tratos, desigualdad salarial, discriminación laboral, acoso en el trabajo, etc., todo ello se ha magnificado poniendo al hombre en su conjunto en el punto de mira y como causante de todos los problemas de la mujer. Y es que el marxismo, cuando no tiene a su favor las condiciones objetivas para su supervivencia, genera el caos para darse un sentido o para crear un sentido distinto en la vida cotidiana en su afán de dividir y destruir. Es lo que lleva haciendo desde hace décadas en su ardua tarea de acabar con la identidad de los pueblos europeos y eurodescendientes. Nuestra labor es hacer frente a todo esto.

Cambiando de tercio, aunque no de tema, quisiera hacer unas reflexiones sobre el caso de la concejal Olvido Hormigos, que se ha hecho popular por un escandaloso vídeo erótico. Hay que reconocer que la chica es físicamente agraciada. Pero en política no necesitamos a mujeres físicamente agraciadas, sino a mujeres que sepan ser dueñas de su intimidad, además de ser ejemplos impolutos para una ciudadanía carente de modelos loables a seguir. Por supuesto, lo mismo se pide a los hombres. A mi entender, esta mujer no ha sabido ser responsable de su intimidad, y si no lo es de su intimidad... Ella misma se ha faltado el respeto pues al fin y al cabo la detonante del escándalo ha sido ella misma. Nunca habría pasado nada si su intensa vida sexual se hubiese quedado para ella sin dejar registro en un vídeo; o lo hubiese compartido con personas de confianza. No obstante, este asunto en realidad no merece mayor interés pues que la mujer sea promiscua no es a día de hoy noticia, ni me produce rechazo que una mujer viva su propia sexualidad y la goce, al contrario, una mujer debe conocer y explorar su cuerpo... en privado y sin cámaras.

Lo que si merece interés es lo que ha desatado a nivel ideológico. Mujeres en bloque de diferentes tendencias y pagafantas han salido en su defensa, defendiendo tal acto como algo no infame. El escándalo parece haber sido provocado por la hipocresía española y mentalidades del pasado y no por la propia autora del vídeo, quien inició todo este asunto grabándose: la autora del vídeo queda eximida como detonante del escándalo, ella es inocente. Todo ha sido producto del machismo, en definitiva, o eso nos quieren hacer creer. Así debe suceder con todas las minorías declaradas en peligro de exclusión o una gran parte de la sociedad, el género femenino, que ha sufrido históricamente, nos dicen, una fuerte discriminación. Por ejemplo, los sucesos de San Gotleu fueron debidos a la falta de medios y a la escasez de recursos económicos de la población desencadenante de los sucesos, que era extranjera. También se debió a un ambiente de exclusión propiciado por el racismo del español hacia los negros, que impide a éstos integrarse y comportarse como personas civilizadas. En el caso de esta mujer el detonante parece haber sido el ambiente machista que aún perdura en este país, además de la hipocresía de la sociedad española. Esto tiene una lectura muy clara: aquel que es declarado oprimido no es responsable de sus actos, sino un sujeto determinado a cometernos por la clase no oprimida.

El (declarado) oprimido es inocente. El (declarado) no oprimido es culpable. Y no lo es de algo en concreto, sino de lo que hace y de lo que le sucede al primero. Esta es la lógica predominante, y así sobrevive el esquema marxista. Dicha lógica es la que nos quiere hacer ver que estamos ante un caso de machismo, con la pretensión de presentar a la concejal como una víctima; generando así una realidad falsa, una realidad artificial, pero una realidad que como generada acabe convirtiéndose como objetiva para que la lógica marxista se desenvuelva, a pesar de que no estemos ante un caso de machismo.

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