18 de octubre de 2012

POR LA TOLERANCIA CON LOS HOMOSEXUALES


Este artículo va a contentar a muy pocos, desde luego no voy a hacer amigos y en esta vida no es mi intención ser parte de las mayorías, sino ser yo mismo, yo mismo y mi palabra, yo mismo y mi palabra y mis actos.... y bienvenido el que me siga, algún día seremos legión. Por un lado los homosexuales me llamarán homófobo, y ya saben a dónde les mandaré, y por otro: nazis de salón y de calle, nacional-revolucionarios, identitarios de otra índole, anticuados derechistas del Partido Popular o nostálgicos franquistas, capillitas y otros elementos de la iglesia, islamistas... todos ellos, aunque no todos, más muchos más que no he nombrado, me llamarán maricón, homosexual, culo de pozo, etc. Bien, insultos de esta índole ya he sufrido por parte de algunos anónimos. Me da absolutamente igual, no tengo necesidad de justificar mi sexualidad. Yo, al contrario que muchos, no necesito insultar a nadie para hacerme fuerte. Es más, considero que insultar a alguien de forma tan ruin, lanzando falacias contra las personas o parodiarlas y ridiculizarlas por su sexualidad es una muestra de debilidad por una parte, pero de maldad por otra, de maldad gratuita, que procede de la susodicha debilidad y de una vida privada muy empobrecida, quien sabe por qué motivos.

Pero bien, en ese etcétera se incluyen también los tolerados comunistas. Famosa es la historia de Reinaldo Arenas, un magnífico escritor cubano, represaliado por el estado comunista de Castro.


Y he de subrayar que mi experiencia con conocidos y amigos cubanos guevaristas es la de observar en su ética una homofobia desbordante. Y es que en realidad la homofobia es menos predominante en los movimientos nacionalsocialistas o nacionalrevolucionarios en comparación a. Ernst Röhm fue un homosexual declarado y tolerado, incluso admirado. Y todos los nacional revolucionarios deberíamos hacer tributo a su persona al margen de su homosexualidad. Ningún lobby gay, sin embargo, defiende a este personaje tan audaz en la actualidad. Recomiendo esta lectura, muy celebrada, en su momento, en El Mundo de Daorino:


En dicho texto cabe destacar, pues conviene a este artículo, lo siguiente:

"LOS HOMOSEXUALES FUERON PERSEGUIDOS DURANTE EL CASTRISMO, ASÍ COMO EN OTROS REGÍMENES COMUNISTAS. SIN EMBARGO EN LA ALEMANIA NAZI CABE DESTACARSE TRES CORRIENTES: "La primera abogaba por la aceptación de la homosexualidad y la eliminación del §175, cuya cabeza visible más conocida era Ernst Röhm, jefe de las SA y él mismo homosexual. La segunda corriente sería la representada por Hitler mismo, que personalmente no parecía tener nada en contra de los homosexuales, mientras fueran discretos. Finalmente estaban aquellos que eran profundamente homófobos, entre los que se cuenta Heinrich Himmler, que llegaría a ser jefe de las SS." (Fuente original: AQUÍ)"

Por lo tanto, dentro del nazismo cabe destacar la existencia de cierta pluralidad, como no podía ser de otra forma en un movimiento tan diverso que sólo se concretó con la llegada al poder de Adolf Hitler.

Por lo tanto, aquellos que achacan de homofóbico el nazismo lo hacen por pura ignorancia, pues no lo fue en su totalidad. Es el comunismo y todas las ideologías que confluyen en la idea de lo idéntico, de lo mismo, etc., es decir, de que todo tiene que ser igual, que todos por igual, que sólo una forma de hombre, las ideologías más racistas, homofóbicas, machistas, etc. La supuesta tolerancia de la auténtica izquierda de hoy obedece a otros planes (o a la ignorancia de lo que es la izquierda en el que se dice izquierdista) y paradójicamente hemos de dar gracias a que tal milagro de la tolerancia a la homosexualidad se haya producido, como más abajo explicaré.

En España la homosexualidad siempre ha estado mal vista, sin embargo en los últimas décadas, incluyendo el franquismo, no ha habido una persecución contra ellos, o al menos no ha de entenderse como tal, a pesar de que se hablen de numerosas víctimas. Ha existido una velada tolerancia por un lado y el miedo del homosexual a mostrarse como lo que es, una persona que se siente atraída por los de su mismo sexo, por otro. A tal hecho ha contribuido la Iglesia y la moral ultraconservadora del estado franquista, por supuesto, en un régimen que podríamos calificar de nacionalcatolicismo. Así que bien, es cierto que ha habido víctimas homosexuales producto del franquismo, pero también es cierto que ello no supone una razón para que los homosexuales de hoy se sientan oprimidos o tengan derecho a algo más por la simple razón de que unos homosexuales fueron condenados durante una época. El victimismo homosexual de hoy no tiene sentido y los heterosexuales, avenidos a asegurar el orden natural, no tenemos la culpa de nada ocurrido en el pasado.

Lorca es sin duda el homosexual represaliado por el franquismo más famoso de la historia española. Personalmente siento admiración por su obra, especialmente por su teatro, más que por su poesía. Lorca, en vida, fue uno de los grandes artistas de España y su obra, al margen de la ideología, merece su reconocimiento. Pero bien, todo el mundo habla del Lorca represaliado, pero nadie habla de esos falangistas, de la familia Rosales, que se jugaron el cuello por salvarlo.


Y es que aquí ya entramos de nuevo en la ignorancia de las masas, una ignorancia inducida (todo sea dicho), que desconoce la historia. Y lo mismo que la masa desconoce esta realidad, la masa desconoce la realidad del falangismo antifranquista.





Y es más, me atrevería a decir que el franquismo fue una forma de gobierno antifalangista, sirviéndose de ésta como imagen disfrazada con gorra carlista.

Pero volvamos al asunto de la homosexualidad, y hablemos del milagro de la tolerancia a los homosexuales.

Durante mucho tiempo los homosexuales tuvieron que fingir su sexualidad, llevando vidas heterosexuales, creando familia y existiendo la posibilidad de que dejaran descendencia. La homosexualidad tiene un evidente componente genético (a eso apunta la ciencia), por lo que es transmisible. La tolerancia con la homosexualidad facilita la "salida del armario", una organización distinta de su vida por parte del homosexual, y provoca que la mayoría de los homosexuales dejen de procrear y transmitir una posible descendencia con tendencia a la homosexualidad. La homosexualidad, aun surgiendo de forma natural, no responde al fin último del orden natural de las cosas, que siempre ha de conducir a o concluir en la dación de vida. No obstante existe otro tipo de homosexualidad, una homosexualidad inducida por un ambiente afeminado u homosexualizado. Sin embargo este es muy ínfimo a pesar de los esfuerzos de la ideología de género en hacer creer que la masculinidad y la feminidad son roles que nada tienen que ver con la propia sexualidad de la persona. Así que: animo a todos los identitarios de cualquier índole a que adopten una actitud tolerante con la homosexualidad, a que la acepten en la sociedad de forma natural y como algo natural, y a que confíen en el sabio orden natural de las cosas, que obrará por sí mismo. El homosexual nacido como tal no es culpable de su homosexualidad, merece una existencia digna y todo el respeto siempre y cuando lo merezca, pues no se va a respetar a alguien por el simple hecho de su homosexualidad, que no constituye un mérito. La cultura grecolatina es parcialmente un buen ejemplo de un contexto de tolerancia hacia la homosexualidad. Que digo tolerancia en cuanto que su existencia era consentida, pero que no era en todo caso celebrada como muchos piensan, lastrados mentalmente bajo el influjo del mito de una Grecia o Roma sodomitas; al contrario, en aquellas culturas fuertes la homosexualidad estaba vista como una aberración, pero sin embargo era tolerada. Aquí di un leve esbozo a tal asunto.


Esta tolerancia hacia o normalización para con la homosexualidad que sugiero no significa, por otro lado, asumir todas las reivindicaciones del lobby gay, adherirse a dicho movimiento o hacerse amigo de un montón de homosexuales. Existen elementos inaceptables, como la del matrimonio homosexual, puesto que el matrimonio sólo corresponde a la unión de un hombre con una mujer (hecho que me ahorro aclarar en este espacio). Asimismo no supone equipararse ideológicamente con el marxista cultural, pues nuestra tolerancia no responde a fines perversos, mientras que la de ellos corresponde a unos fines poco claros y siniestros, cuya finalidad es, al fin y al cabo, no acabar con ni erradicar la homosexualidad por la fuerza, como los antiguos comunistas, tan brutos como intolerantes, sino fomentarla y utilizarla como ariete que lanzar contra la sociedad. Pero a su vez, paradójicamente, el marxista cultural sufre de una homofobia oculta, pues precisamente como el marxista cultural fomenta la homosexualidad va acabando con ese estado de cosas que hacía del homosexual un oprimido que no podía mostrarse en el mundo como es, lo que le obligaba a llevar un modo de vida heterosexual, con esposo/a e hijos. Visto así el marxista cultural trabaja activamente para acabar con la homosexualidad. Así que ningún izquierdista tolerante tendrá derecho a llamarnos homofóbicos si adoptamos esta saludable, estratégica y necesaria actitud eugenésica en este mundo tan extraño y decadente que nos ha tocado vivir.■

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