16 de noviembre de 2012

CONSTRUYENDO LO NUEVO: ROMPER CON EL PASADO


Hoy todo parece inventado. Parece que todo lo que puede hacer el hombre ya ha sido hecho antes, o al menos soñado (y quién dice que los hombres del presente no somos el sueño cumplido de nuestros ancestros en algunos aspectos). La originalidad, lo nuevo, parece imposible: el hoy es un reflejo del pasado, no hacemos otra cosa que repetirnos, aunque, por supuesto, cada época con su particularidad. Cambian los formatos, según los tiempos una idea que no es nada nueva adquiere una presencia diferente. Los coches de los años veinte no son nada en comparación con los coches de hoy, pero en cuanto coches siguen cumpliendo la misma función y participan de una misma idea: la de 'coche'. Así que cómo crear una idea nueva, cómo hacer surgir algo de la nada o descubrir algo nuevo. Matiz nada pequeño el de 'crear' o 'descubrir'. Quien crea descubre algo, quien descubre no crea, sino que se ve con algo creado. Sin embargo, quien 'desarrolla' ni crea ni descubre; o quizá si descubra, y no poco: descubre un horizonte cada vez mayor de una idea concreta, hace que la idea de coche, por ejemplo, adquiera una dimensión mayor.

Buscando en el pasado nos sumergimos en el cementerio que es la historia. Todos los hombres y mujeres están enterrados en él. Del pasado recogemos algunos frutos, de nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos... todos ellos nos han dejado un gran legado. Un legado universal puesto que cualquier persona del mundo puede tener acceso a ese legado histórico y aprender de él, de esa obra forjada por generaciones y generaciones pretéritas. En ese legado hay quienes figuran con letras doradas, y otras personas no aparecen. Se me agolpan en la cabeza historias de hombres y de mujeres anónimos, amontonados en cunetas, apuñalados en un campo de batalla o desollados en algún lugar de la América 'virgen'... personas que parecen no haber tenido una sepultura digna en la historia. Quizá, ganarse la eternidad significa obligar a la historia a que te haga un hueco; es decir, ganarse un nicho en el que perecer y todos te recuerden. Si la historia te recuerda todo hombre lo hará, la historia es nuestra memoria universal. Obviamente, la eternidad, bajo mi concepción, es algo más amplio, pero no corresponde aquí desarrollar tal concepción.

La historia, como reflejo del pasado, debería ser un lugar para visitar y del que aprender. No hay que renegar del pasado, no hay que condenar la historia, no hay necesidad de ninguna culpabilidad. Pero tampoco existe la obligación de hacer pagar deudas en el presente o seguir al pie de la letra el camino de nuestros ancestros. Porque de algo estoy seguro, el pasado puede ser una inspiración, un ejemplo, pero nunca la salvación o la solución de nuestros problemas.

Como heredero de todo un legado histórico he de decir que no me siento en la obligación de ser cómo mi padre o cómo mi madre. Mi padre se llama fascismo, o nacionalsocialismo, o nacionalsindicalismo, qué más da; todo aquello que participe de la idea de identidad, del reclamo nacionalista del derecho y obligación de un pueblo a su determinación y soberanía, forman parte de mí y de ello me siento heredero, aunque no de todos (esto daría para un sin fin de matizaciones). Pero tal hecho no me convierte en un fascista, o en un nacionalsocialista, o en un falangista, y tal rechazo a la conversión, no obstante, no ha de interpretarse como un rechazo al pasado o no rendir tributo a mis ancestros y héroes. La historia, como cementerio, ha de tener un lugar donde poner flores a nuestro héroes, inspiradores para los tiempos del presente. Pero ese tributo no debe suponer la praxis de todo hombre actual, no debe constituir el modo en el cual nos forjamos y nos damos forma. Los cementerios, como lugares de paz, están para que los muertos descansen tranquilos; ellos libraron sus batallas, hoy nos toca librar las propias... por y para nosotros. Tenemos el derecho y la obligación de ser nosotros mismos, de crear en el sentido estricto de la palabra, de reinventarnos como hombres. No quiero ser un mero reflejo.

Es difícil expresar lo que quiero decir y sin duda caeré en más de una contradicción: no olvidar el pasado, pero a la vez no revivirlo, no hacerlo presente; no identificarnos con los símbolos del pasado y tener la voluntad de escribir nosotros nuestro propio tiempo, construir nuestros propios símbolos...; identificarnos con el futuro en cuanto nosotros lo escribimos, con el devenir, con el poderoso destino de nuestras grandes ideas; ser dueños de nuestra época y no depender del legado de nuestros 'padres'... Porque aunque nuestros padres fueron lo nuevo, fueron lo revolucionario... algunos parece que no saben ser otra cosa distinta que nuestros padres. Hay que independizarse del pasado, como hicieron ellos de su pasado.

No seamos víctimas de la historia, o, lo que es peor, de la nostalgia. Clément Rosset me enseñó que ésta es la esperanza pero al revés, o a la inversa. Y así es. Pero la nostalgia, esa mirada con esperanza al pasado, tiene una curiosa particularidad: mientras del futuro puede esperarse algo, por malo que sea, el pasado ha dado de sí, ha dado ya todo lo que tenía que dar. La nostalgia supone la absurdidad de la espera o la necesidad de mantener los cadáveres del pasado presentes... en un congelador.

Y no confundamos lo viejo con lo nuevo ni lo nuevo con lo viejo. Aquello que parece muy viejo a veces puede ser tan actual como el mismísimo instante fugaz del presente. Existen elementos que siempre son lo nuevo, que o bien nunca han perecido o una vez perecidos viven para siempre: no se puede romper con ello, no forman parte del tiempo, son todas las épocas, todas las dimensiones... Existen elementos atemporales, que no son medibles en el tiempo, elementos que trascienden toda comprensión humana y que por su naturaleza trascienden lo propiamente humano: estos elementos viven ya por sí mismos, no necesita de ningún esfuerzo humano por ser recordados, revividos o invocados como siempre presentes. Esa eternidad es a la que aspiramos, esa eternidad es la que queremos otorgar como herencia para nuestros hijos. El sino de nuestro movimiento debe aspirar, por lo tanto, a lo siempre presente, a algo que trascienda del propio tiempo, un movimiento tan instaurado en el orden natural de las cosas, que para su comprensión no sea necesaria la imposición, sino la práctica de la vida. Esta percepción no tiene nada que ver con algo físico, no se trata de mantener los cadáveres frescos. No es un culto tampoco a los sujetos, sino a lo volitivo, a lo 'predicado', a la acción. Nuestra acción debe tener su eco en la eternidad, como diría un romano.

Romper con el pasado no significa olvidarlo, sino no vivir sumido en la derrota, en la gloria pasada, en la nostalgia o en peleas estériles; no mantener vivos a nuestros muertos como si fueran zombies. Nuestro espíritu debe ser el del montañero que nunca retrocede, la de aquel que es capaz incluso de morir por alcanzar una cima. Ningún paso atrás, que sea todo nuestro sino un avanzar. Sentimiento trágico el nuestro, cierto, ingrediente perfecto para nuestro heroísmo, heroísmo que no elegimos, sino que forma parte de nuestra forma de ser, que es nuestra vida y que aún así disfrutamos.■

8 comentarios:

  1. El hecho es que hay muchos en el campo político que tienen ansia de estar siempre en el pasado, en lugar de estar en un presente en el que el pasado y el futuro ocupen su lugar, porque, no lo olvidemos, para nosotros el tiempo es esférico.

    Casos de lo dicho: los falangistas, anclados irremesiblemente en los decenios de 1930 y 1940. Siguen erre que erre con el mismo discurso, los mismos símbolos, etc., como si verdaderamente estuviéramos en esa época. Lo lógico sería su autodisolución. El otro ejemplo es de los republicanos de izquierda españoles, que creen estar permanentemente en el decenio de 1930. Paralelamente a los falangistas, mismos discursos y símbolos. Igual de penosos que los falangistas, pero quizás más pesados.

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  2. Así es, León Riente. Y estoy completamente deacuerdo.

    Hay un sector político en España que es puro anacronismo.

    Y bien dicho lo de que el tiempo es esférico "para nosotros". Creo que esa realidad sale a relucir en el artículo, aunque no se hable de ello.

    Es curioso cómo una visión del tiempo concreta puede determinar la concepción de una ideología, una religión... y con todo ello la forma de vivir de las personas.

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  3. Pues siento tener que discrepar, Daorino, pero entras en una pequeña contradicción. Dices que "no seamos víctimas de la historia y de la nostalgia" y, sin embargo, sois nostalgicos de ideologías que llevaron la guerra, el caos y la destrucción al planeta en una guerra mundial, y lo que es más grave, que propiciaron el genocidio de millones de personas, basandose en la macabra idea de la supuesta supremacia racial aria.

    Lo siento, pero no llego a entender como alguien puede intentar resucitar esas ideas fanáticas y volver a cometer los mismos errores del pasado. Está visto que hay personas que no aprenden de la historia y se empecinan en revivir las ideas que un loco aplicó hace 70 años, unas ideas nacionalsocialistas, nazis o como se les quiera llamar.

    Si de verdad quieres romper con el pasado y construir algo nuevo, nada más alejado que intentar reconvertir viejas recetas que demostraron su inutilidad y que fueron nefasta para la humanidad.

    Saludos cordiales.

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  4. Está claro que hay personas que por mucho que me explique, que por muy bien que lo escriba, no lo van a entender.

    Cada cuál es libre de opinar lo que quiera pero yo, ante la libertad de opinar, prefiero entender lo que leo.

    Si algo explico, querida Wafah, es la necesidad de romper con el pasado, si acaso recoger los buenos frutos heredados por nuestros 'padres', pero en todo caso vivir en los tiempos que nos han tocado vivir, donde todo es muy diferente a hace 70 años. También hablo de la necesidad de un cambio de mentalidad y de pensamiento, así como ceñir el discurso a las realidades y necesidades actuales.

    Lo siento, pero no llego a entender como alguien puede intentar resucitar esas ideas fanáticas y volver a cometer los mismos errores del pasado.

    Le aseguro que no es mi intención resucitar el marxismo de antaño ni ninguna otra ideología que tenga en sus bases una superioridad bajo supuestos raciales o morales; pretendo que mi modelo o las ideas que defiendo sean susceptibles de ser defendibles por cualquier comunidad racial, pueblo o etnia.

    Al contrario que usted, Wafah, yo no condeno los sucesos históricos, ni a las personas que lucharon por algo pensando que era lo correcto. A mí los progres me dicen siempre que quién soy yo para decir lo que deben o no deben hacer unos u otros, como si tuviera prohibido opinar al respecto: si no quieren que opine al respecto que no hagan público tales cosas. En fin, yo les replico: ¿quiénes sois vosotros para decirme a mí lo que está bien y lo que está mal?

    Y no lo lamente, discrepe todo lo que quiera.

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  5. Por favor, no me llames de usted que me haces muy mayor.

    Vaya por delante que estaría bien que un dia explicases que modelo defiendes tu, para saber si podemos tener puntos en común o no.

    Me parece muy bien que no condenes sucesos históricos pero yo si lo hago. Creo que tambien estoy en mi derecho. Y eso no es decirte lo que está mal, si no lo que yo creo que está mal.

    Saludos.
    P.D.: Si me lo permites, Daorino, me gustaría condenar la violencia que se ha desatado en Palestina y que está causando muchas víctimas entre la población civil. Espero que se puede conseguir un alto el fuego de forma inmediata y que se llegue a un acuerdo de paz definitivo que lleve consigo el reconocimiento del estado Palestino.

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  6. P.D.: Si me lo permites, Daorino, me gustaría condenar la violencia que se ha desatado en Palestina y que está causando muchas víctimas entre la población civil. Espero que se puede conseguir un alto el fuego de forma inmediata y que se llegue a un acuerdo de paz definitivo que lleve consigo el reconocimiento del estado Palestino.

    Mira, estamos deacuerdo. Y en un plano personal y político lo condeno, por supuesto. Otra cosa es el terreno historiográfico, donde no hay necesidad de condenar nada.

    Con lo de condenar me refiero sobretodo a esa necesidad que tienen muchos en obligarte a condenar ciertos acontecimientos del pasado, cuando dichos acontecimientos han sido agotados en el tiempo. ¡Que me dejen vivir mi propio tiempo!

    Para que haya paz los israelíes deben abandonar Palestina inmediatamente. Palestina es Gaza, Cisjordania y todo el territorio ocupado por los judíos sionistas.

    Lo que pasa allí ocurre en cualquier parte de Europa y ya tenemos a la OTAN y a la ONU dando por saco.

    ¿A dónde deben ir los judíos sionistas? NO ES MI PROBLEMA. Que se vayan a Madagascar o se queden todos en Manhattan.

    En cuanto a explicar mis planteamientos, mi visión, creo que es bastante evidente en este blog, en lo que fue El Mundo de Daorino y en Círculo Identitario Nietzsche. Creo que mis ideas son perfectamente asumibles para la defensa de la identidad de cualquier grupo humano en su lucha para no sucumbir al totalitarismo del mundialismo tal como viene planteándose.

    Por supuesto, entrañará diversas contradicciones, pero las contradicciones son de difícil solución, prácticamente inevitables.

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  7. Creo que una cosa es querer resucitar el pasado, lo que es siempre equivocado, y otra diferente comprenderlo liberándolo de las falsificaciones interesadas de quienes intentan imponer un pensamiento único.

    El pasado es inspiración no pasa volver a él sino para defender ideas que son validas siempre, en la realidad concreta de nuestro momento que no puede ser la de hace un siglo.

    Esta es la actitud que hay que recuperar y me parece muy acertada la elección de Daorino de imágenes tomadas de la pintura futurista.

    El futurismo quería romper con el pasado y con una realidad sentida decadente y opresiva, sin vitalidad, era parte de un movimiento que quería ser de renovación y regeneración en Europa.

    Era una aspiración que recorría toda la cultura, en el arte con las vanguardias artísticas de la época, cierta música atonal, el cine expresionista, en general en toda la cultura de ese momento, y en la ideología y la política con la "Revolución Conservadora" alemana. Todo se agitaba y existia un fermento de cambio, de voluntad creadora.

    Este espíritu hay que recuperarlo para regenerar nuestra sociedad y sacarla del pantano de esta degeneración espantosa y podredumbre a que nos han conducido.

    En este sentido los temas y las ideas de hace cien años son mucho mas actuales que toda la bazofia con que nos han inundado en los últimos decenios y dle máximo interés. No para repetir un pasado o resucitar una ideología sino para recuperar un espíritu encontrar el camino de la regeneración.

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  8. Excelente comentario, Oso, creo que has sintetizado perfectamente el mensaje del artículo.

    Y utilizas el concepto "regeneración". Eso es lo que yo quiero, hoy más que nunca necesitamos una regeneración, una regeneración tal que se traduzca en el surgimiento de un nuevo movimiento.

    Excelente esto que dices: En este sentido los temas y las ideas de hace cien años son mucho mas actuales que toda la bazofia con que nos han inundado en los últimos decenios y dle máximo interés.

    Por ello digo, en el artículo: Y no confundamos lo viejo con lo nuevo ni lo nuevo con lo viejo. Aquello que parece muy viejo a veces puede ser tan actual como el mismísimo instante fugaz del presente. Existen elementos que siempre son lo nuevo, que o bien nunca han perecido o una vez perecidos viven para siempre: no se puede romper con ello, no forman parte del tiempo, son todas las épocas, todas las dimensiones...

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