21 de diciembre de 2012

DIGRESIONES BAJO LA LUNA INSOMNE


Soy un amante de la naturaleza y de las cosas bellas. Todo lo que procede de la naturaleza está inspirado en un elevado y sagrado ideal estético; pero es bello por el mero hecho de la existencia de un orden natural de las cosas que conduce siempre a la vida y a la muerte, como sino trágico: el uno primordial en su incesante desgarramiento. Obviamente aquí la belleza como concepto e ideal puede entrar en contradicción con muchos, pero no entre los que dicen sí a la vida.

La naturaleza es a vistas del hombre moral una carnicería despiadada. Empero, yo veo belleza por doquier. Veo belleza en la carroña y en el buitre, en la gacela y en el león, incluso cuando una hiena se come viva a su presa: no puedo dejar de maravillarme, hay algo que me atrae a los designios de Ares. Ninguno de los protagonistas citados son culpables de actuar como lo hacen, porque la hiena no puede dejar de ser hiena, ni el león… así que aceptémosles tal cual. El hombre es el único animal que no se acepta, y he ahí que surge la moral, como elemento en respuesta a su no aceptación, a la no asimilación de una parte propia y esencial de su naturaleza humana. Aceptando toda la dimensión humana podremos enfrentarnos a todos nuestros problemas como especie. ¿Pero por qué el hombre no se puede aceptar, por qué es capaz de tanta mala conciencia? La única respuesta posible es que es la única forma de ser hombre, que no hay otra forma de ser hombre que con todo nuestro mal de conciencia, con toda nuestra negación. El hombre parece el único animal no nacido para serlo. Y este planeta es testigo de ello: la Tierra, deidad que nos da cobijo, que nos hace sentir como hormigas en la panza de un oso… pero es hermosísimo andar sobre los lomos sagrados de una diosa. Por esta tesitura humana, este mal de nuestra especie, por este problema avenido por la inteligencia, que por un lado nos da todo pero que por el otro nos lo quita todo también, muchos pensadores hayan reflexionado sobre que el hombre debe ser superado y enunciado la batalla entre el último hombre y el superhombre: el superhombre es la superación de todo lo humano en su sentido moral. El último hombre contra el superhombre no es un capricho filosófico, no es una ensoñación germánica en un sanatorio, sino que quizá se trate del futuro paso evolutivo de nuestra especie, aunque sea en su dimensión ética. Un hombre despojado de moral, de moral bipolar, de moral del desierto, será un hombre sin mala conciencia, un hombre abarcándose por completo, con aceptación de toda su naturaleza... siempre trágica.

El hombre ha hecho de sí el centro de todo y ha olvidado que en realidad no pone orden sobre nada, que si acaso su orden es efímero e inconsistente, y que su desafío constante algún día se volverá contra él: que nadie piense que esta civilización no acabará sepultada bajo la tierra o los mares. Síntomas de tal realidad se están dando. Y no quiero decir que centrarse en las necesidades humanas y centrar el mundo a nuestra proyección y cosmovisión, sea lo incorrecto (hemos de tener nuestra propia brújula), pero lo cierto es que el hombre como tal ha hecho de sí el centro absoluto olvidándose del resto, y diría que hasta despojándole de importancia a todo lo demás; y atinando, afirmo que ese antropocentrismo procede de una minoría privilegiada que ha hecho de sí el centro de todo y que por lo tanto hace del resto el medio para sus fines perversos; los demás hombres y todo lo que no son los hombres, reducidos a meras baratijas prescindibles: bestias que poder llevar al matadero. Obviamente esta visión no tiene por qué venir de esa minoría, quizá me haya ido muy alto, pues es evidente que a niveles más cercanos existen sujetos éticamente dañinos e insalubres. No todos los hombres y mujeres son dignos, el derecho a la dignidad debería ganarse; si así fuera el mundo estaría repartido de otra forma, de mejor forma. Sin embargo hasta esto nos provocaría problemas, porque claro, todo dependería del significado dominante de dignidad. Las palabras «hoy» tienen valor y significado relativos, siendo impuestos por la subjetividad del poder.

La inteligencia no es un mecanismo exclusivo de los hombres. La capacidad de entender y solucionar situaciones, problemas, etc. se da en muchos más animales. Es probable que por su debilidad relativa en un terreno natural lleno de depredadores físicamente superiores, la inteligencia haya tenido en el hombre un impacto mayor en su desarrollo evolutivo para a la larga poder sublevarse ante la adversidad del medio. Pero bien, la inteligencia se da en todos los seres vivos, en mayor o menor grado, lo mismo que el instinto; instintos que tal vez hayan sido capados por el propio hombre para huir de su origen más salvaje y ser un sujeto menos determinado, menos predecible: aquí quizá no sea antropocéntrico pero me podrían tildar de “occidentalocentrico”; no obvio la realidad de que a pesar de todo existen hombres y mujeres que andan con los pies desnudos sobre la tierra y sin embargo son felices, tanto como nunca sabrán serlo muchos hombres y mujeres atiborrados de comida y de comodidades, y de diversos elementos baladíes (¡y no me estoy refiriendo al buen salvaje ni a ninguna tesis de optimismo antropológico!). El asunto es que el hombre, o cierto tipo de hombre, ha perdido el rumbo del orden natural de las cosas por la razón antes mencionada de haber capado sus instintos y haberse desorientado de toda comprensión sobre la auténtica realidad de las cosas. Pero no está todo perdido, existen elementos esenciales en el ser humano que son puramente instintivas, en cuanto irracionales, y que siempre entrarán en contradicción con los 'constructos' artificiales venidos de la ingeniería social humana. ¿Y qué es el instinto? No es otra cosa que ese mandato del ordenador natural de todas las cosas, el fatum que conduce irremisiblemente a un orden no humano, cuyo fin es la vida... la vida y la muerte como una misma cosa. Si existe un factor fundamental en la vida, en el orden natural, ese es el de la renovación constante, de transformación de la materia en diversas formas de vida con idiosincrasia diversificada. Quien se tuerce perece, quien no... perece también, pero su semilla germinará.

Las orcas son unos cetáceos fascinantes. Se comunican con su propio lenguaje, tienen su propio modelo de sociabilidad y demuestran una gran inteligencia, es decir, capacidad de aprender técnicas, de comprender y de solucionar problemas. También son implacables en la caza, un tanto sanguinarias... pero hacen lo que tienen que hacer... y punto; y cómo no, es trágicamente bello.


10 comentarios:

  1. Tratas del enigmático asunto del superhombre. Y de la principal pregunta y enigma relacionado con este concepto: ¿superhombre psicofísico o superohombre moral? Esto suponiendo que hubiera que elegir, claro.

    Pero, ¿como debería ser ese superhombre moral? No creo que el superhombre desde el plano ético, sea un hombre completamente desprovisto de moral (entendida en sentido amplio), sino un hombre con otra moral. Si el superhombre ético fuera el hombre desprovisto de moral, el mismo Nietzsche ya hubiera señalado algunos ejemplos históricos de semejante tipo humano. Y todo desde el australopithecus sería involución en ese caso. En el asunto de la moral gana aquél que consigue hacer que otro vea las cosas morales desde su perspectiva. Superhombre es aquél que rechaza explícitamente la moral de esclavos hoy dominante, pero no para sustituirla por la nada ética, sino para crear sus propios valores y ética.

    Tú eres un experto en cuestiones de moral y me gustaría conocer tu criterio sobre este asunto.

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  2. Gracias por lo de experto, pero es sin duda un calificativo que me queda muy grande. Lo digo sinceramente.

    Aquí digo: Un hombre despojado de moral, de moral bipolar, de moral del desierto, será un hombre sin mala conciencia, un hombre abarcándose por completo, con aceptación de toda su naturaleza... siempre trágica.

    Sin duda haya inducido a error el aserto ‘despojado de moral’, aunque inmediatamente después, aclare a qué moral me refiero: a la de los piadosos, a la de los perversos piadosos, que de hacer algún bien sólo lo hacen por su mala conciencia y bajo unos principios muy definidos que proceden de la ‘revelación’ y no de su soberanía como hombres.

    Así que por lo que a mi criterio respecta no debemos despojarnos de moral. Hemos de tener nuestra propia brújula, por supuesto. Sin embargo creo que debemos abarcar un plano desde lo moral a lo amoral para afrontar diferentes perspectivas de nuestra misma realidad. Lo amoral nos ha de ser útil a la hora de entender la realidad, sin hacer juicios morales sobre ella, para poder valorarla en su medida –o ahí residiría la intención- y abarcarla completamente, aceptándola tal cual es: sin dualismos, sin bipolaridades...

    Por supuesto, desde otra perspectiva, hemos de pertrecharnos de una moral que nos ayude a ser fuertes, y a ser posible a que no sea una moral que esté todo el día diciendo esto es lo bueno y esto es lo malo, esto está bien y esto está mal: los hombres somos seres sociales, nos comunicamos, trabajamos en grupo (como las orcas), a pesar de que nos guste la soledad y a veces afrontar la vida solitariamente: la naturaleza humana está bajo el prisma de la diversidad, de cierto grado de aleatoriedad.

    Bajo una base amoral, nuestra moral debe servirnos para ser más fuertes, más soberanos; y bajo la comprensión y aceptación total de la naturaleza, con lo trágico y lo ‘afortunado’, podremos afrontar lo que nos conviene y lo que no nos conviene, forjando así nuestra costumbre. Nuestra moral debe construirse, por así decirlo, desde cierta amoralidad, siendo lo amoral lo que debe prevalecer y lo moral simplemente nuestra costumbre, algo que nos defina como grupo, como idiosincrasia social independiente; no lo moral como una base estricta mortificante a la que ceñirse, siendo susceptible de ensanchar los conductos de la mala conciencia.

    Una moral que huya de la dualidad, de la desacralización del mundo, de la mortificación judeocristiana, y que suponga un sí a la vida, un sí a la vida en toda su dimensión, por dolorosa y absurda que pueda ser, que nos empuje a la acción, a la vitalidad creadora. El sentido lo ponemos nosotros, pero la realidad, con sentido o sin él, se mueve de una forma, y lo mismo que entendemos una suma o una resta, o unos cálculos con derivadas, hemos de entender la vida lo máximo posible.

    Cuando asevero lo siguiente: el superhombre es la superación de todo lo humano en su sentido moral.; quiero referirme al concepto de ‘humanidad’ como elemento que hoy supone una concepción moral, y no biológica. De ahí a que enlace el fragmento a mi texto LO HUMANO EN SU DIMENSIÓN MORAL.

    http://librepensamientorevolucionario.blogspot.com.es/2012/11/lo-humano-en-su-dimension-moral.html

    La humanidad como concepto moral ha rechazado a buena parte de la humanidad como concepto biológico; elemento, el biológico, al que se debería circunscribir lo humano. Con la concepción moral de humanidad los hombres son humanos o bestias, o inhumanos.

    Gracias por la aportación. Espero haber sido lo suficientemente aclaratorio.

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  3. Gracias por este pormenorizado desarrollo. ¿Ves como no me equivocaba en mi penúltima afirmación?

    Incidiré en dos aspectos más. "Moralista" es un término que, al menos en español, tiene cierta carga peyorativa. Sin duda estamos ante un concepto importante y controvertido.

    Teniendo en mente lo anterior, ¿estás de acuerdo en que propones "simplemente" algo así como sustituir una moral de esclavos predominante por una moral de señores? En tal caso, ¿procede, según tu forma de verlo, una caracterización de aquellos tipos humanos a los que les es lícito tener y sostener una moral de señores? (porque creo que ambos estamos de acuerdo en que la mayoría seguiría con su moral de esclavos). Si procede me gustaría conocer tu criterio al respecto.

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  4. Moralista no sé hasta qué punto puede o no tener carga peyorativa, pero desde luego para nosotros la tiene, la tiene porque suele tratarse de aquel que quiere imponer su criterio absoluto o sobre el bien y el mal, y en lo que sería el progre, alimaña dominante en todos los círculos del sistema y de pensamiento políticamente correcto, la moral se revela con cierto relativismo, en el que el bien y el mal son confusos pero que deja claro quiénes son LOS BUENOS y quienes los malos y por lo tanto todo lo que hagan los buenos es bueno.

    La moral es un concepto importantísimo, que no merece su vulgarización. Supone un problema filosófico de primera magnitud y debe tratarse con mucho detenimiento e interés.

    Teniendo en mente lo anterior, ¿estás de acuerdo en que propones "simplemente" algo así como sustituir una moral de esclavos predominante por una moral de señores?

    Yo no quiero hacer nada por el esclavo, el esclavo debe ser objeto de sumisión. Lo que no voy a consentir es que una moral de podredumbre, que castra las potencias humanas, se revele como dominante, dejándose el “fuerte” juzgar. ¡Qué no te juzguen!, que no te juzgue el débil. El débil ha tenido la destreza de hacer sentir al que le supera culpable de su propio estatus superior.

    Yo planteo una moral para los menos, una moral que no está alcance de todos. Es como proponer que suban una montaña… y quizá todo el mundo no sea capaz de subirla.

    El moralmente fuerte no le debe ninguna comprensión al débil. El débil cuando dice “compréndeme” lo que espera es al asentimiento, darle carta de naturaleza a su desprecio por la vida y por lo excelso. Un ejemplo claro es en las mujeres cuando lloran sobre algún asunto, sobre todo si ese asunto parte porque un hombre le ha hecho “daño”. Siempre dicen que no la comprenden, que no esto... en realidad dice que “no me ha asentido en todo”, “que no se ha dejado dominar por mi debilidad”.

    En tal caso, ¿procede, según tu forma de verlo, una caracterización de aquellos tipos humanos a los que les es lícito tener y sostener una moral de señores? (porque creo que ambos estamos de acuerdo en que la mayoría seguiría con su moral de esclavos). Si procede me gustaría conocer tu criterio al respecto.

    El que es señor tiene, por supuesto, unos caracteres propios para ello. Para ser señor no hay que ser un pijo, un hombre maduro, un ricachón, etc. No, para nosotros ser señor es lícito entre aquellos que han entendido que la libertad es una conquista individual y que no hay más libertad que en aquello que es labrado para nosotros como capacidad de. La libertad no se mide en lo que me dejan hacer, sino en lo que soy capaz de hacer por mí mismo. Eso es para mí primordial en un señor, entre otras cosas.

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  5. SER UN SEÑOR, COMO SER UN ESCLAVO, ES UNA ACTITUD ANTE LA VIDA.

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  6. Gracias por tus aclaraciones.
    Voy a dejar una afirmación como conclusión provisional a la que considero que hemos llegado (si no es así házmelo saber, por favor):

    Hoy las elites sociales están compuestas por esclavos con mentalidad y moral de esclavos. El corpus ideológico que les alimenta en esa moral de esclavos es el liberalismo, esa ideología de tenderos.

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  7. No sé hasta qué punto eso puede ser o no una conclusión provisional, pero desde luego toca un elemento importante, que no es otra cosa que al dominación del liberalismo mediante el cultivo de esa mentalidad, que obliga a muchos a venderse al mercader, el sucio mercader. Y aquí mercader no se refiere al currante de un bar, de un negocio familiar...

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  8. Participando de esta conversación, diré en primer lugar que los hombres nos diferenciamos de los animales (algunos más que otros, eso tambien es verdad) en que nosotros somos animales racionales. Es cierto que algunos animales tienen una cierta inteligencia, pero la capacidad de pensar y racionar es única y propia de los humanos. Esa racionalidad nos hace tener una moral y una ética, desde el momento que diferenciamos entre el bien y el mal. Esa moral puede ser en algunos aspectos cambiante según las cultural, las razas o las religiones pero hay unos principios básicos mínimos, como son los derechos humanos reconocidos en la carta de las Naciones Unidas, que deben ser respetados por todos. Esto hace que no entienda muy bien que es eso de "moral de esclavos" y "moral de señores". La moral solo puede ser una, porque sino estaríamos aplicando diferentes raseros a un mismo hecho lo que provocaría discriminación. Aunque a algunos no os guste, hay cosas que están bien y cosas que están mal, lo otro es un relativismo moral que no tendría mucho sentido y que además sería profundamente cruel e injusto.

    Saludos.

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  9. La moral es relativa en sentido general, pues no existe una sola forma del Bien y del Mal. A su vez la moral es absoluta en el mismo momento en el que un particular o una cultura adoptan una única forma del Bien y del Mal.

    Pero esto a un nivel particular, en el sentido de que uno percibe la moral como un todo, como un TODO que representa los principios que condicionarán la acción de la persona si se construye desde la razón o una moral que será condicionada por el propio obrar de la persona, es decir, la acción condicionará la moral. Me decanto por lo segundo, MI MORAL ES UNA DEFINICIÓN DE MI MISMO, YO NO SOY LA DEFINICIÓN DE UNA MORAL.

    Por lo demás, dando una vuelta de rosca, LA MORAL CONSTITUYE POR SÍ MISMA UN RELATIVISMO, PUES DIVIDIENDO LAS COSAS ENTRE BIEN Y EL MAL DEJA DE LADO e imposibilita TODA CONVERGENCIA HACIA LO ABSOLUTO, a entender toda la realidad desde una visión AMORAL.

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  10. MI MORAL ES UNA DEFINICIÓN DE MI MISMO, YO NO SOY LA DEFINICIÓN DE UNA MORAL.

    Que digo que mi moral es una consecuencia de mis actos, de mí mismo; que yo no soy una consecuencia de una moral.

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