12 de enero de 2013

CULPABLES PARA SIEMPRE

ESCENA DE LOS JUICIOS DE NUREMBERG, ALLÁ POR 1945
Sesenta y ocho años después el nazismo y el fascismo siguen siendo culpables de todo. En España, casi 35 años después de la constitución, todo sigue siendo culpa del franquismo. La democracia siempre es inocente, la democracia nunca acomete nada. ¿Cómo van a ser los fascistas y los nazis los represores si quienes gobiernan son los marxistas culturales por un lado y los liberales por otro, ambos aunados bajo el concepto de su democracia, que domina y legisla de la mano del capital y sistema plutocrático, que patrocina y beneficia a las instituciones democráticas, donde se devuelven a la perfección, por ser sumamente sencillas de corromper y de manipular? ¿Cómo iba a ser el franquismo culpable de todo si en España se basan las cosas bajo una monarquía parlamentaria desde hace casi 35 años? ¿Cómo puede ser que los derrotados de la Segunda Guerra Mundial y un cadáver sigan siendo culpables de todo?

Muchos dirán que la culpa de que no haya democracia hoy son el estado plutocrático y las oligarquías dominantes. Dirán que es por culpa de la naturaleza humana. Y claro, ¿de quién iba a ser si no? Pero supongamos que la democracia es perfecta y que la culpa de que no se lleve a cabo es de la naturaleza humana, siempre fácil de corromper, de sobornar, de… ¿Cómo haríamos los hombres para instalar un sistema democrático en el que se prescindiera de la naturaleza humana, que hace imposible toda democracia? Una vida sin hombres haría imposible toda proeza humana, pero con ellos todo sistema democrático no tiene objeto… La pregunta anterior debe ser tomada muy en serio, porque si la naturaleza humana hace imposible cualquier empresa de cierto calado utópico, bien haríamos en construir algo que encauzara esa naturaleza humana de otra forma. No obstante, tal naturaleza no es sólo algo proyectado hacia lo peor, no, lo humano es una dimensión mucho mayor. No me detendré en ello, pues ya lo desarrollé en un artículo llamado Lo humano en su dimensión moral y que podría resumir así: “El día que se comprenda de una vez que aquello que llaman inhumanidad, refiriéndose a algo que carece de las cualidades bondadosas del hombre, el día que aquello que llaman inhumanidad sea eliminado semánticamente como una actitud fuera de lo humano, cuando se entienda que es precisamente lo inhumano una enunciación esencialmente humana por excelencia, la moral caerá hecha añicos, como un cristal se hace añicos contra una roca, y por ende todos estarán preparados para entender completamente la dimensión humana de la persona (…)”

¡TÚ, CULPABLE PARA SIEMPRE!
Planteado lo anterior, habiéndome sumergido en la propia contradicción del termino humano, me he dado cuenta de que el altanero de la moral tiene un serio problema conceptual o emocional, ya que este tipo de ser se mueve por los odios y los amores desmedidos en muchos casos, porque ¿cómo es posible que este tipo de seres ensalcen las cualidades humanas, pidiendo a gritos más humanidad cual evangelista en un púlpito, y a su vez condenen la naturaleza humana, como responsable de todo? En realidad no existe contradicción pues humanidad es referido al hombre es su dimensión moral mientras que naturaleza humana es el hombre en su dimensión biológica, dimensión que el moralista rechaza y odia. ¡Cuán enfadadas están estos hombres con la naturaleza! Y claro, así se comprende ese aire de grandeza y de superioridad del moralista, que a modo de endiosamiento desprecia todo lo que ve como “animal”, es decir, la naturaleza humana.

Tras la Segunda Guerra Mundial quedó claro que los grandes vencedores fueron los marxistas y los liberales. Los liberales, con su democracia liderada por una oligarquía bien fuerte en el sector privado, y el marxismo, bien fuerte hasta su “colapso” con su bunkerizado estado democrático popular, en el que las personas, su fuerza de trabajo y todo lo habido en suelo soviético, no pertenecía a los soviéticos, sino al estado, que hacía de todo lo que contenía su propiedad privada. (Ver Sobre la propiedad y otros asuntos) Por lo que a pesar de todo, a pesar de que los vencedores se aseguraron de “haber desactivado” toda insurrección nacionalista en Europa, hoy siguen siendo los fascistas los culpables de todo. Esta realidad no deja de ser cómica, una realidad que permite a la democracia, al estado democrático de cosas, salir indemne siempre, como si se tratara de la panacea de todo sistema, como el elemento mediante el cual todo podría ir bien. Y yo digo que nadie sabe qué es la democracia, pues decir que la democracia es simplemente libertad es de una inmadurez deslumbrante.

La democracia supone que el pueblo interviene en la toma de decisiones de un estado concreto, pudiendo decidir su futuro. Y así sucede actualmente. Cada cuatro años el pueblo o lo que sea, pues llamarlo pueblo me resulta vergonzoso, decide quiénes van a regir el destino del país. Así pues, la democracia, y así ha sido siempre, o casi siempre, consiste en que el pueblo delegue el poder a una minoría selecta, que hoy conocemos como clase política, para gestionar el estado. Al final el pueblo no decide nada, sólo habrá sentado a unos señores que en democracia dilapidarán el dinero ganado mediante el cobro de impuestos mientras dicen a todos lo que tenemos que hacer, imponiéndonos bajo presupuestos democráticos sus decisiones. Esos representantes “elegidos” u obligados a elegir ocuparán las instituciones democráticas, las protegerán… son su chiringuito. Esos representantes siempre se escudarán en que han sido elegidos por una masa lobotomizada y sin memoria, poco crítica por incapaz... Da igual que les roben, seguirán votándoles. El sistema bancario, el sistema plutocrático en su mayor densidad, patrocina esta farsa, o esta realidad democrática. Sí, la plutocracia es el patrocinador de la democracia, porque los plutócratas se mueven mejor en las democracias. Así que la democracia tendrá algo que ver en todo esto, algo de culpa tendrá en todo lo que nos envuelve, como propiciatoria de... pues si la democracia es fácilmente corrompible... ¿no es culpa de la democracia todo lo que sucede? Y si es culpa de la condición humana, ¿no es hora de pensar que se hace imposible toda forma de democracia en su sentido ideal?

DEMOCRACIA LIBERAL
La democracia es una tiranía más. Hoy no vivimos en una pseudodemocracia, sino la democracia como tal, una democracia liberal, hecha con dinero y por el dinero. Nadie elige la democracia, el modelo de democracia, es que el poder no se elige, se autoimpone; ¡que me especifiquen cuando hablen de democracia a qué tipo de democracia se refieren o desean! Porque hay muchas formas de democracia, y esta es una de ellas. No es psuedodemocracia, es democracia. Y como toda forma de poder tiene el monopolio de la fuerza, con sus cuerpos represores, ya sean militarizados, armados o legislativos. Disfruten, señores, disfruten.

Sin embargo, pase lo que pase, se haga lo que se haga, si la mayoría del pueblo recibe palos de lo que ha elegido… le echarán la culpa al fascismo, a Hitler, a Franco… La democracia saldrá indemne y airosa de toda crítica, de toda profundización sobre su esencia como forma de poder. El sistema tiene bien pensado todo para que la democracia no sea un elemento cuestionable, para que nadie piense en ella como un sistema que basado en el dinero se ha llevado muchas vidas consigo. No sabemos bien cuántos muertos habrá en la conciencia imaginaria de la democracia, pero seguramente serán millones. La democracia, esa inocente democracia del dinero, esa democracia de plutócratas, ese modelo de democracia que nos ha traído el capitalismo, que mantiene las armas calientes, los cartuchos en el suelo, los cuerpos quemados y siniestrados alrededor del mundo. Va siendo hora de revelarse ante esta democracia, que de δῆμος (dḗmos: pueblo), de κράτος (krátos: poder), juntas “poder sobre el pueblo”, que no del pueblo: etimológicamente “poder del” y “poder sobre” son interpretaciones, el resto definiciones o derivaciones de la interpretación etimológica. Ya es hora de decir basta a esta democracia en la que gobierna cualquiera y vota cualquiera. La democracia no es la panacea, nunca lo ha sido. Allí donde haya un poder habrá coacción, y esto no es fatalmente innecesario. Un estado de cosas tendrá que haber mientras el hombre emprenda su sino en un mundo socializado. ¿Pero de verdad queréis el estado de cosas actual? Es hora de una ruptura con el estado hoy dominante.■

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