16 de febrero de 2013

LAS PELOTAS DEL SISTEMA

DEPORTES, FÚTBOL, RACISMO ANTIBLANCO Y MANIPULACIÓN DE MASAS



Dinero y manipulación

Dinero a mansalva, sueldos millonarios, fanatismo desmedido, conspicuos beneficios. Nadie en el mundo se merece ganar 18 millones de euros al año, y menos por jugar al fútbol. Lo que recibe es desproporcionadamente mayor que lo que da. Un futbolista, y el futbol en general, no tiene ninguna utilidad social que no vaya más allá de lo meramente deportivo, o como entretenimiento: el mundo podría ser sin el fútbol, el fútbol no es esencial para el mundo, aunque quizás sí lo sea para este régimen. El fútbol como disciplina deportiva ha sido totalmente envenenado por el negocio. Quien quiera ver un partido de verdad tiene que irse a ligas de categoría inferior, donde los sueldos son nimios, o ver un partido de fútbol entre niños, donde el dinero no juega, sino sólo el deporte, el deporte en unos niños apasionados, picados y envalentonados detrás de una pelota, demostrando sus habilidades. Ningún cirujano que ha salvado centenares de vidas es seguido por las masas, ni ningún docente que ha consagrado su vida por la educación de los más jóvenes, ni siquiera un corredor de ultrafondo, que empujado por su pasión, lleva su cuerpo a las metas más grandiosas, a cambio únicamente de la gloria, siendo el dinero algo insustancial. Y mientras tanto, las masas se pelean por un portugués y un argentino, se preocupan por sus vidas y hablan incluso de lo injusto que es que el nigeriano que juega en Rusia gane más que los dos citados; muchos dicen que hasta merecen ganar todo eso, pues cosa curiosa, todo futbolista, millonario hasta lo indecible, tuvo una vida dura, de dificultades, etc. ¡Demagogia!, ¡nada justifica que un jugador de fútbol gane todo ese dinero! Esto lo discuten muertos de hambre, gente hasta el cuello con su hipoteca o en miserable paro. Esto es cómico, pues lo que ganan estos simples mortales en un mes, habilidosos con una pelota, pero carentes de todo lo demás, podrían solucionar todos los problemas económicos durante años de al menos cincuenta personas. Nadie se merece ganar tanto dinero, es completamente inmoral. Al menos así lo es para mí. Y aquí tomo partido.

La vida para las masas, o para buena parte de las mismas, gira en torno al fútbol y concretamente entre dos clubes de fútbol. Parece que en la vida no hay nada más. Las masas no quieren pensar en otra cosa y se escudan en que la vida es demasiado miserable para estar siempre preocupados por los problemas cotidianos. Los medios de comunicación alimentan esta realidad. Los medios deportivos juegan a favor del Estado y de los poderes detrás y por encima del estado, ofreciendo siempre la comidilla del día para estos hombres y mujeres fanáticos del fútbol, que demuestran un gran vacío en sus vidas. Por supuesto, esta manipulación va dirigida sobre todo al público masculino, aunque también hay muchas mujeres, cada vez más, envenenadas. Asimismo, he de decir, sólo de pasadas, que si para el hombre es la prensa deportiva (o monólogo del fútbol), para la mujer lo es la prensa del corazón. Pero bien, a las mujeres se les atrae al mundo del fútbol, ¿cómo? Los deportistas, o empleados del establishment mediático-deportivo al servicio del Ministerio Innombrable de Manipulación Masiva del Estado de Ocupación, hacen de modelos, posando, mostrando ciertos encantos masculinos que tanto atraen a las superficiales mujeres (digo que ellas son superficiales –y no todas-, no que sólo ellas lo sean, pues es obvio que los hombres también lo son –y no todos). De esta forma observamos cómo el fútbol y todo lo que rodea satisface todas las pasiones y focaliza la fuerza de la masa en otra dirección que no sea el poder.


Racismo antiblanco en el deporte

El fútbol es un buen medio para proyectar toda la propaganda marxista cultural y para nosotros un buen medio para observar con claridad qué poderes mandan y manejan el mundo, además de cuáles son sus planes. El racismo antiblanco es un tema candente, y vemos cómo las organizaciones deportivas (y todas en general) del fútbol y los clubes o sociedades deportivas se han convertido en auténticas luchadoras contra el racismo, o racistas antiblancas, según nuestro punto de vista. Los clubes saben que es bueno para su “sello de identidad” (proyección comercial) y prestigio convertirse en una especie de ONG o paradigmas del estado moral de cosas dominante. Tal actitud les otorgará gran reputación y para el establishment será un buen medio para focalizar toda su propaganda a las masas: el fútbol juega un papel importante como medio propagandístico, así como “todas” las series de televisión o películas.

Por todo esto nos encontramos noticias de este estilo:

Terry, multado con 277.000 euros y cuatro partidos

Terri tuvo la “mala hybris” de dirigir insultos a quien no debía. Insultos “racistas” que ningún blanco puede decir. Y aunque fue declarado no culpable por la justicia ordinaria si lo fue por la “justicia del fútbol”. No ocurre lo mismo cuando es la inversa:

Suárez: "Me llamo blanco de mierda". Mickeal: "Es un idiota" 

Dicho suceso ocurrió en el baloncesto, pero es indicativo del estado de cosas predominante en el deporte. Y se ha llegado a tal extremo de que un club de fútbol puede ser susceptible de sanción porque el público, espontáneamente, profiera insultos racistas, o entendidos como tales: 

El Sporting, sancionado por insultos racistas

El club puede ser de nuevo multado por gritos racistas

Italia multa al racismo

Toda la propaganda marxista cultural en el mundo deportivo va dirigida siempre a atacar a la raza blanca, desdibujando cada vez más la fisionomía de los países europeos. Las selecciones europeas de fútbol están representadas, muchas de ellas, por personas no europeas, y quien no tiene en sus filas a no europeos son centro de críticas. Esto no ocurre por ausencia de blancos en selecciones africanas. El fútbol, en este sentido, es un indicador de la decadencia u ocaso de Europa como territorio de los hombres de raza blanca por un lado, y del estado moral de cosas natural o sano por otro. Por ello molestó ese espontáneo grito de “¡No hay italianos negros!”, lo cual demuestra que existe una idea clara de lo que es y no es europeo, aun siendo la masa la que hable. Dicha proclama no supone un ataque racista, por lo que aquí juega una vez más la interpretación del sistema y nos pone de relieve sus intenciones: europeo puede ser cualquiera. Dicho público simplemente tomó partido sobre una forma de entender la identidad italiana, alejada de la visión multicultural que proponen los medios de intoxicación marxiano culturales para los países predominantemente blancos. ■

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