11 de febrero de 2013

LA MONTAÑA


Mis dioses son las fuerzas de la naturaleza. Cada vez que salgo a la montaña vivo mi religión activamente. Mi templo es el mundo y mi vida una oda a los dioses.



Quien no posee un espíritu proyectado al heroísmo no es un montañero, sino un dominguero.


Muchos piensan que soy un loco, un suicida, un negligente, por irme a la montaña y exponerme como me expongo. Creo que la gente exagera. De todas formas, no entiendo por qué extrapolan a mí todas sus inseguridades y complejos.


A quienes dicen que van a la montaña a no hacer kilómetros, sino a “disfrutar”: ¿cómo demonios avanzan? ¿Y por qué son tan envidiosos?


La montaña te pone en tu sitio. De cuántos arrogantes me he reído en plena cuesta.



Los que hacemos muchos kilómetros… y muchos desniveles… también disfrutamos.


Los árboles son templos vivos donde se siente el espíritu de la Tierra.


En la naturaleza todo es devenir.


Los dioses disfrutan observando a los montañeros: te lanzan ventiscas, lluvia, rayos, truenos, un sol infernal… Algunas veces no te dejan subir la montaña; y es hermoso ver a un simple mortal enojado con los dioses cuesta abajo, con una leve sensación de fracaso. Pero el mortal dice “volveré”… y vuelve: es gratificante poder vengarse de los dioses.


Hacer veinticinco kilómetros en Sierra Nevada con mal de altura y sobrevivir.


Enteraros ya, para un pagano los dioses son impíos, y bajo tal ejemplo debe mostrarse el mortal ante lo que devenga –impío en la misma medida que un Dios-, pues sabe que los dioses esperan del mortal el desafío para ponerse a la altura de ellos.


Para ser el favorito de los dioses o de alguna deidad concreta... hay que ganárselo. Por ello las montañas no tratan a todos por igual.


Todos los hombres ansían la libertad pero nadie la tiene o nadie la encuentra; o esperan a que se la den. Es absurdo. La vida de los hombres se ha vuelto tan complicada y enrevesada por culpa del propio hombre… Pero luego vas al campo y te encuentras a la vaca pastando, a la cabrita por los montes, al cerdito por el barro, al caballo sobre el cerro, a los buitres en el cielo y a un sinfín de seres que viven sin preocupaciones humanas con todas sus necesidades relativamente cubiertas, aunque también pueden sufrir la escasez (sequía, ausencia de presas o de carroña…). Intuyo que eso es la libertad: no creo que un animal sea menos libre en la medida en que yo me pueda sentir así por el hecho de que una vaca no tenga mi inteligencia. La libertad es sólo algo al alcance de los no-hombres, y en los hombres sólo una sensación. Nuestra inteligencia y raciocinio nos privan de un sentimiento real de libertad, de libertad natural, de libertad a la altura de un águila que rasga a su presa y se la come aún viva. No podemos ser libres y sin embargo la libertad lo abarca todo rededor de nuestras vidas sin que ello suponga un drama real, a pesar de mucho exaltado por la libertad: que se la quede. Todas las ideologías basadas en la libertad parten de un error tremendo: su falta de respeto a y comprensión sobre la naturaleza humana. Nuestra naturaleza es el compromiso, y eso es nuestra libertad.


Para encontrar la gloria has de haber superado todos los temores, y con todo ello la propia muerte.


La fuerza no es sólo física: cuando las piernas fallan sólo queda la mentalidad y una voluntad superior.


La montaña desnuda a la persona.


Quien espera de los dioses protección... es un mimado, y un esperanzado.


Que existan dioses benefactores se debe únicamente  porque el hombre se ha ganado el favor por sus propios méritos. Los dioses saben del valor y de la valentía, y por ello sólo a los valerosos y valientes protege. Eso no es ser piadoso, sino ser justo.


La montaña es el último rincón para dar rienda suelta al espíritu heroico.


¿Por qué lo haces? Porque es lo que le da sentido a mi vida.

6 comentarios:

  1. Como supongo que tu entrada no va a tener ningún comentario, ahí va mi felicitación por publicar sencillamente lo que te gusta.

    Se muy bien lo que es publicar entrada tras entrada en mi blog sin que nadie se digne a decir ni comentar nada. Pero bueno, publico lo que me gusta, igual que haces tu, y eso ya es suficiente...

    Saludos y enhorabuena.

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  2. Gracias, Wafah. La verdad es que el asunto de los comentarios no me preocupa. Aveces la gente no tiene nada que decir, jejeje...

    Hasta pronto y, de nuevo, gracias.

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  3. Daor, aunque me gustaría hacer un comentario sobre tu ultimo artículo publicado en CIN, no lo voy a hacer porque ya dije que no iba a volver a comentar en ese blog en donde se censuran y se eliminan comentarios por mero capricho. Es una pena que no publiques esos artículos tambien en tu blog, así seguro que más gente podría comentar y dar su opinión al respecto.

    Un saludo.

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  4. Supongo que León Riente tendrá sus motivos para moderar los comentarios como lo hace.

    Los textos que escribo para CIN son exclusivos para CIN, por ello no los publico en mi blog.

    Siempre puedes escribirme a mi correo privado y comentarme lo que te apetezca respecto a mis textos.

    Hasta pronto.

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  5. Me ha parecido muy buena tu apreciación sobre el sentimiento de un montañero.
    Hay muchas veces en la vida en la que nos tenemos que enfrentar a las estúpidas preguntas de los neófitos que no hacen nada más que intentar poner en evidencia delante de los demás tus aficiones o tus pasiones. Muchas han sido las veces en las que he tratado de dar una respuesta no dañina, pero a esta altura de la película, como casi todo me la trae al pairo, si mis respuestas molestan, pues después les digo que para que preguntan...
    Prefiero vivir solo, que mal acompañado...
    El amor por la montaña es algo muy personal, y no responde a excusas ni a explicaciones. Haces lo que te llama y punto.
    La frase en la que dices lo de " a la montaña no se va a hacer quilómetros..." yo tengo mi propia respuesta, y es que nadie te puede decir como disfrutar en la montaña (ni en el mar), pues es algo muy subjetivo. Habrá quién disfrute meditando bajo una Encina, y habrá quien lo haga recorriendo la integral de Sierra Nevada en 8 horas, o el UTMB en 24 horas. Hace poco nos subimos a Sierra de las Nieves, y tras 28 kms abriendo huella por la nieve y 11 horas y media, traíamos una sonrisa de oreja a oreja.

    Un abrazo, y gracias.

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    1. Gracias, Fran, por tu comentario.

      Conozco esa sonrisa de la que hablas, dura días, hasta semanas, jejeje... ¡Qué bien se siente uno después de una buena pateada en el campo!

      A mí me da igual lo que la gente piense, soy como tú en ese sentido, pero me gusta decirles algo para que se enrabieten, jejeje...

      Y por supuesto, no hay que dar excusas ni explicaciones, en la vida uno se proyecta de la mejor forma posible: unos deciden ser algo, prefieren el heroísmo, la vida, la sensación de grandeza y la gloria, y otros el sofá, la quietud sedentaria, etc. Ni qué decir que somos de los primeros.

      Hasta pronto. Un abrazo.

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