25 de noviembre de 2013

EL ESTADO POLICIAL DEMOCRÁTICO

La democracia ha hecho de cada ciudadano un policía. El ciudadano no lo sabe, pero es como un perro al que le han adiestrado para rastrear un tipo de olor. Cuando lo huele se dispara la alarma y el ciudadano ladra.



Cuarenta años de dictadura en la que cada español tenía que pensar y decir las cosas de una manera y ahora en democracia tenemos policías ideológicos que señalan con el dedo indicándonos lo que se tiene o no que decir y pensar para ser libre.



La democracia es una dictadura. Toda forma política lo es. La confrontación terminológica democracia y dictadura es por lo tanto falsa, incoherente, una tomadura de pelo.


Ser libre no tiene o no debería tener una forma concreta. Si la tiene no hablamos de libertad, sino de algo a lo que se le ha llamado libertad.



La superioridad moral que destilan muchos hombres de la modernidad, igualitaristas y universalistas, pone de manifiesto su mentalidad inquisitoria. Un moralista de esta calaña es un autoritario por definición, porque un hombre de superioridad moral lo que pretenderá siempre es imponer su idea de Bien, y el muy bobo, imbuido de su propia estupidez, pensará que lo hace por el bien de todos, porque se siente un biempensante. El hombre de superioridad moral -y que quede claro que esa superioridad no es tal- piensa que el mal es algo ajeno a su persona. Los que pensamos por encima del bien y del mal, en hacer simplemente lo correcto, no tenemos ese problema.


Si la gente prefiere una democracia porque es la forma menos mala de ser reprimido, demuestra que tiene poco amor a la libertad y, sin duda, ya ha renunciado a luchar.


La educación es la mejor forma de crear una sociedad mejor, dicen. Me temo que no necesariamente. ¿Os habéis fijado en el educador? Hoy educación es manipulación. No creo en ninguna educación que esté dentro de las instituciones del sistema actualmente regente.


La televisión es como un altavoz y tiene la misma función que las bocinas cuando en las guerras se acercaban los aviones a bombardear: avisar de un estado de alerta. Pero dicho estado es constante, la televisión mantiene activo el estado policial democrático.



Mediante el pacifismo el estado nos somete. Toda esa moral pacifista ha despojado a los pueblos de ese "espasmo" revolucionario, de ese impulso que hace que la historia tiemble y el tiempo casi se descoyunte. Una pose no pacifista es la única garantía para la paz, es que no ser pacifista no significa que no se desee la paz, sino que se está dispuesto a luchar por tu propia paz. La pose pacifista hace indefensos a los pueblos mientras que una pose temible puede crear periodos de paz duraderos. El pueblo ha sido envenenado con el pacifismo, esa ideología que lo único que hace es debilitar a las personas, hacerlas obedientes, dóciles y manipulables. La paz es una noble aspiración, nadie quiere la guerra, pero la paz exige un precio, exige un sacrificio, exige LUCHA.


Y el ciudadano común, parte del aparato de estado policial democrático, te recuerda que el pacifismo es la única respuesta. ¡Qué vas a hacer? ¿Vas a dejarte pegar? Si no hay nada en tu vida por lo que dieras un puñetazo, nada por lo que diera la pena dar la vida o derramar sangre, me temo que en tu vida no tienes nada importante, nada que le dé valor.


La represión democrática es la más inteligente de todas, asumámoslo. Es la más elegante, la más disimulada y la de más éxito. Tanto es así, que toda una masa social colabora en dicha represión, y lo hace sin darse apenas cuenta a la vez que, paradójicamente, se siente rebelde y antisistema.

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