7 de mayo de 2014

SOBRE LA VERDAD, LA AMISTAD, LA TRAICIÓN Y LA IDENTIDAD

Es complicado decir la verdad, porque el “lenguaje de la modernidad” esconde en sí mismo muchas mentiras.


El cristianismo ya no necesita entrometerse en el estado de forma notoria porque su ética ya opera sola, como un virus en todas las esferas de la vida de la sociedad moderna. El cristianismo gobierna aunque no gobierne realmente.



No puedo decir que soy respetuoso con el Islam y luego tachar de enemigo a todo musulmán. Pero puedo considerar enemigo al invasor y al colaboracionista, sea o no musulmán. Yo los problemas los atajo de forma integral: el Islam es sólo uno de los puntales que nos ha traído la inmigración masiva, el más ruidoso y peligroso si cabe.

El Islam es mi enemigo ideológico, como lo es cualquier religión que aspire a imponerme sus leyes político-espirituales: más si me lo impone un enemigo extranjero. Yo no pierdo la perspectiva, ni el rumbo, ni soy un ingenuo: pero soy un estratega, o aspiro a ello.

No soy intercultural, porque no quiero que la religión haga la cultura de mi país, prefiero que sea el laicismo y la libertad individual, el espíritu de debate y de plaza griega lo que dominen los rincones, el librepensamiento, el respeto mutuo, el patriotismo y el amor por la propia sangre y el espíritu elevado, además del cultivo de todo lo bello. La religión que se quede en el interior de cada casa.

Como pagano tengo la suerte de tener un templo enorme, una religión invencible que es imposible retenerla en el calor de una casa y sus paredes: es el mundo mismo; donde los dioses son reales y se manifiestan continuamente, sólo hay que estar atento.

Nuestros héroes del pasado nos enseñaron muchas cosas. Tal vez sea el olvido lo que nos impide verlo. O nos ciega el odio, quizá sea eso. A lo mejor soy demasiado librepensador o demasiado imparcial o hago demasiadas distinciones.

¿Era Hitler un traidor por tener judíos en su ejército? Es decir, ¿era Hitler un traidor por tratar con el judío alemán, el enemigo? ¿Eran pues todos los judíos enemigos?

Los romanos usaban tropas auxiliares, quienes dormían fuera del campamento. Yo no voy a dormir con musulmanes, aunque sean españoles. A los musulmanes extranjeros los quiero fuera de mi casa, directamente, pero yo no voy a dejar a un español tirado: siempre que elija bien.

Porque con los traidores no hay que tener piedad.





¿Ha cambiado el mundo realmente? La misma corrupción que en Roma, el mismo egoísmo, las mismas injusticias y el mismo descontrol de las pulsiones humanas. Contrato en lugar de esclavismo, capitalismo en lugar de esclavitud, marxistoides en lugar de esclavos… Ahora Roma está en Washington. Glorificamos Roma y nos olvidamos de todo lo malo que en ella había. Hasta los valores en sí eran los mismos, aunque como tal se mostraran de forma diferente, si bien mejor o peor entran dentro de otras valoraciones que no ahondaré ahora mismo. Es que antes había un concepto de lo bueno, hoy también. Antes había un concepto de justicia, hoy también. Cambia su contenido como valor. En cuanto a lo primero, podréis deducir que cambia el decorado. El eterno retorno es algo más que una filosofía, más que una idea, y puede que nosotros seamos los mismos de entonces.



Lo que se ve al fondo es el Yebel Musa, una de las torres de Hércules (la otra es el Peñón de Gibraltar). Sobre ellas se apoyó la fuerza personificada para separar Europa de África. Y por algo lo haría, ¿no?


Plantear la superación del nacionalsocialismo supone un razonamiento que por sí mismo chirria en los estancados en la cosmovisión nacionalsocialista tal como fue, incapaces de comprender o simplemente asimilar tal deseo de superación. El primer reflejo es de resistencia.

Todo tiene que ser superado, y nosotros si conseguimos ser la superación de algo, deberíamos desear con todas nuestras fuerzas que nos superaran igualmente: ninguna generación debe ser esclava de la generación anterior ni de la propia historia de su sangre o de su nación: lo que somos se manifiesta por sí mismo.

El movimiento en defensa de la sangre, de la patria, de la familia, del orden natural, trascienden del propio nacionalsocialismo, pues dichos ideales no son de su propiedad y la defensa de tales valores no se circunscriben a la respuesta ideológico-moral concretada en un tiempo donde Europa se defendió con todo lo que tenía y más, fracasando en un triste y heroico final en una Europa arruinada.

Mal honramos a nuestros héroes del pasado si con paso firme no avanzamos a escribir nuestra propia historia.



Las culturas fuertes no se mezclan. Si las mezclas surge la posibilidad del racismo, de la xenofobia, de eso que llaman intolerancia, pero sobre todo la posibilidad de su destrucción.

Eso que llaman racismo son impulsos naturales y lógicos de los diferentes grupos humanos en pos de la supervivencia de su etnia, cultura o raza. Lo que provoca tantos problemas es forzar a la interculturalidad, a la multiculturalidad y a la mezcla. Es precisamente lo que llaman tolerancia hoy el mayor ejercicio de intolerancia. 

En la modernidad vivimos una inversión semántica de las palabras. Es duro crear discursos en un mundo tan tramposo. 1984 es una lectura obligatoria para entender el mundo actual.



La religión no debería ser asunto de estado. Debería ser asunto de estado apaciguar todo intento de imposición religiosa, ya sea con la fuerza o no. Ha de venir del estado el ensalzamiento de la patria y de la sangre, debe ser el estado, como representante de la nación, que encarna el destino común del pueblo, la máxima expresión de elevados valores nacionales que llenen de orgullo a sus ciudadanos. Eso hoy no sucede.


No hay mayor castigo para el traidor que el destierro y que viva con esa vergüenza toda su vida.


Nada más bello que la diversidad, ya que es de la forma en que se expresa la naturaleza. Y nada más noble que luchar porque toda esta riqueza perviva por siempre, porque hacerlo es preservar la naturaleza, el origen de todo conocimiento verdadero.

Contra la globalización en todas sus formas, por los pueblos y las naciones.

TEXTO DE INTERÉS: 


«La mezcla destruye». Con una afirmación tan sencilla fue como me convertí en un identitario y entendí todo lo racista (en sentido marxista cultural de odio racial) que era. Empecé a amar el mundo en toda su diversidad, a sentir el orden natural de las cosas y eché por la borda, como un lastre que pesaba demasiado, todo igualitarismo. De esto ya han pasado muchos años. Pero aquel instante lo recuerdo, ese despertar: nunca hasta entonces me sentí tan libre en la vida, empezando a amar por primera vez el mundo tal como es, diciéndole sí.

TEXTOS DE INTERÉS:

1 comentario:

  1. Eso de tener una religión -como el cristianismo- que si te confiesas o te escudas en el libre albedrío ya está todo solucionado ,es un chollo...

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