16 de junio de 2014

LOS HIJOS DE MARTE

Rómulo y Remo
Siempre he sentido mi mundo en llamas. Todo a mi alrededor es arder y luego un montón de ruinas: seguidamente me recreo en una fuerte depresión y resurjo de mis cenizas. Mi dios benefactor o mi mala compañía, en quien pienso más que nadie, siempre fue y es el Ares griego, posteriormente Marte en Roma. Quizá no sea casualidad que naciera un martes y que además lo hiciera en marzo. Parece que mi mundo, mi vida, cumple un sino inherente a la batalla, a la belicosidad, a cierto caos, a cierta destrucción, a cierto destino trágico siempre ligado con el fuego: aún yendo solitario a la batalla, aún sabiéndome perdido, es mejor “morir” o “consumirse” que ser un cobarde. Quizá por ello no sea tampoco casualidad mi inclinación hacia el Fénix, ese magnífico ave de alas flamígeras, inmortal, que surge de sus cenizas más fuerte, renovado. Quizá de ahí surja mi ánimo siempre de regeneración, de reinventarme, de vivir en permanente evolución, sin estancarme, aunque siempre respetando y cumpliendo con el inexorable orden natural. ¿Respetando? El orden natural no se respeta, se impone: lo único que requiere es aceptarlo.

Ares y Afrodita
Ares siempre fue un Dios repudiado por su padre, Zeus, incluso por sus propios adoradores, que le rendían culto para apaciguarlo antes de la batalla; incluso en algunos mitos es como si lo quisieran ridiculizar. Su impulsividad, su sed de sangre, su llama, eran demasiado incluso para “el padre de todos” o “vertebrador de la unidad”. Tampoco es que fuera demasiado querido en el Olimpo por los dioses, excepto por la insaciable, bella y generosa Afrodita (Venus en Roma), pese a ira de Hefesto (Vulcano en Roma). Sin embargo Ares fue adorado en Esparta, pueblo de brío incuestionable, cuyas hazañas debemos honrar como el gran pueblo heroico europeo que puso a ralla a los primeros invasores de nuestra tierra: ellos son todo un ejemplo de lucha y sacrificio. 

Marte junto con su hijo Cupido
Pero Ares también hace justicia. La hace con violencia, matando, pero hace justicia. Según cuentan las leyendas un hijo de Poseidón violó a una mortal de nombre Alcipe. El hijo de Poseidón fue castigado hasta la muerte por parte de Ares. Así se hace justicia, una justicia implacable, sin clemencia. Allí donde va Ares el cielo se ilumina como una antorcha puede iluminar una habitación. El fuego, la llama, allí donde los Hijos de Ares o de Marte van todo a su alrededor crepita.

Y a Marte le debemos Roma. Sus hijos Rómulo y Remo dieron lugar al gran Imperio, a ese gran mundo producido por el hombre europeo; una obra de talla tan incomparable, tan perfecta, que todo lo que vino después fue pura imitación; o intento de reinstauración.

Así pues, Ares o Marte como fuerza creadora, forjadora de mundos, iniciadora de civilizaciones. Casi entroncaría esta realidad con el concepto de nihilismo positivo y con el mito del Fénix: forjar de la nada un todo, de la ceniza una llama y un destino. No es extraño entonces que este “dios marcial” fuera considerado originariamente según algunos expertos como el dios de la fertilidad, la vegetación y el ganado.■

Enlaces de interés:

3 comentarios:

  1. Te entiendo. Yo soy mujer de fuego en el horóscopo chino. En el occidental, virgo ascendente escorpión.

    ResponderEliminar
  2. Cada vez me convenzo más de que el feminismo y el neopaganismo están íntimamente ligados

    http://www.alertadigital.com/2014/06/11/feministas-chifladas-se-exhiben-emporcadas-de-sangre-reivindicando-su-derecho-a-menstruar/

    Ambos coinciden en aquello de las "renovaciones" y lo de la sangre y su color rojo marciano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Su análisis es rebuscado y no sirve ni como provocación. Esfuércese un poco más.

      Es como si dijera que el cristianismo coincide con el canibalismo por eso de comerse la carne de cristo (la hostia) y beberse su sangre (el vino)... vaya, ¿coincide? De ahí podría deducir que el cristianismo es un paganismo monotemático, donde Cristo es el cordero servido a la gloria de Dios y la salvación de los hombres. A partir de aquí puedo enlazar a lo que ha dicho usted, Sr/sra Cualquiera.

      Parece que critica la renovación. Que sepa que Marte es un Dios ascendente y viril.

      Lo único que podría recordar a neopaganismo podría ser el culto a la sangre, pero tal cultor se hace incluso en el cristianismo, y en las misas de forma notoria con la sangre de Cristo.

      Lo de esas chicas menstruadas que enseñan su sangre sin vergüenza me parece el colmo de la impudicia, consecuencia del feminismo más esquizofrénico.

      Eliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.