3 de julio de 2014

EDUCACIÓN, NATURALEZA HUMANA Y DERECHOS HUMANOS


En mi web dedicado al senderismo digo: “Dicen que el montañismo es la conquista de lo inútil. Pero no es cierto. Es la conquista de uno mismo, y eso no puede ser jamás algo inútil.” Quienes dicen algo así como “lo inútil” viven imbuidos de la mentalidad materialista, de la mentalidad de amor hacia los objetos, de la mentalidad que relega la trascendencia a un segundo plano o literalmente lo borran de su vida; son los mismos que dicen que la filosofía no sirve, que la pintura no sirve, los mismos que sólo desean lo práctico y que dé un beneficio económico, sólo económico. Dicho en montañeros o que se dicen montañeros equivale a tratar a la naturaleza como un producto, como otro objeto más con el cual poder comercializar y sacar dinero, o simplemente disfrutar como el que va de compras a relajarse. Con esto no critico a los pueblos que viven del “turismo” de montaña, y que ofrecen sus servicios, sino la propia mentalidad del mundo moderno, que despoja a todo de su belleza, de su alma, de su profundidad, de aquello que hace de las cosas elementos simbólicos de una trascendencia oculta y no meros trozos sacados de una fábrica. Critico esa sociedad, esa forma de vida, afanada en mercantilizar todo y crear un mundo frío y desolado espiritualmente, un espíritu el humano completamente enfermo de su propia realidad.

Quien ama la naturaleza vive en constante rebelión contra el mundo moderno y material, porque ante todo lo material es un medio para un fin mucho mayor, y nunca el fin mismo.


Los títulos académicos son una exigencia que pone frenos a la mente libre. La mente libre se aburre en la enseñanza reglada, pues no puede dar rienda suelta a toda su creatividad. La enseñanza reglada como elemento rígido, homogeneizador y aborregante, ha hecho mucho daño a las mentes libres y brillantes. Dios sabrá cuántos genios han fracasado en el mundo académico por culpa de la enseñanza que nos somete. Bien se sabe que muchos de los más destacados genios nunca fueron a la universidad, algunos ni siquiera fueron a la escuela. El talento, el don, la voluntad de poder, son atributos de la genialidad que se perfeccionan con la sabiduría adquirida a lo largo del tiempo vital o que viven latentes desde el nacimiento y que al finan brotan por sí mismos o se malogran. Son atributos que a su vez dotan de ciertas actitudes, algo que no se puede prefabricar en ningún colegio. Los títulos hoy hacen a los cualificados; es eso hoy lo valioso, el resto da igual.


Por ejemplo: Leonardo


Mitad animales, mitad dioses. Así nos pensamos a nosotros mismos. Nuestra parte de Dios habla con la razón, la animal con los instintos que nos negamos con nuestro lado endiosado. Como un único ser, sin dualidades, bien deberíamos mirarnos como dioses estúpidos o como animales con un instinto elevado a la capacidad de raciocinio.


La voluntad humana es un impulso antinatural en cuanto capaz de oponerse al orden que impone la naturaleza. Es capaz de erosionar el mundo y hacerlo a su forma aunque esto puede dar lugar a graves consecuencias. Por muy dioses que nos pensemos el pulso siempre lo ganarán los dioses, es decir, la naturaleza. Nunca me cansaré de decirlo: “La razón no debería servirnos para crear realidad, sino para entenderla.”


Los debates son buenos para establecer alianzas, frentes comunes o enemigos. En los debates es bueno tener la razón y exponer razonadamente: no se trata de convencer sino de hablar lo más cercano a la certeza. Pero en la vida mundana, es decir, la efectiva, la inmediata, aquella que no basa sus razones en la razón, el poder se compone de otras formas, y no todas ellas favorables a la razón. Lo que importa es una mayoría de gente o una minoría dominante que pueda domar a la masa como un jinete a su buena bestia. Por lo tanto, ya puedes tener razón en todo, que sin apoyo de una mayoría o de un grupo de poder, estás perdido: tu verdad vale nada; es más, la Verdad pura, de existir, no tendría valor.


El igualitarismo consiste en obligarte a ser como todo el mundo. Todo un atentado a la individualidad, a la diferenciación. Por ello el igualitarismo es por sí mismo una ideología. No existe una ideología que nos obligue a ser diferentes. Sin embargo si existe un frente anti-igualitarista. El igualitarismo es una forma antinatural, demasiada diversidad existe como para obviarla mediante razonamientos.

No obstante, no confundamos el igualitarismo con la igualdad. Una cosa es partir en igualdad de condiciones y otra igualar. Una cosa es ser iguales ante la ley y otra ser iguales en todo como personas. La igualdad debe partir desde la función del derecho, no como elemento que defina a todos los seres humanos.


Detrás de todas las medidas y políticas que fomentan el genocidio y exterminio del hombre de origen europeo, es decir, blanco o caucásico, existen muchos defensores de los derechos humanos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.