6 de julio de 2014

LAS MENTES OCIOSAS Y LAS MENTES INÚTILES


España pide a gritos toda una generación dispuesta a morir por ella para enterrar a sus enemigos bajo sus pisadas. ¿Pero dónde está? Un país deja de existir cuando quienes lo conforman no sienten su patria como aquello que les da su aliento. ¿Habrá muerto España y no nos hemos dado cuenta?


Quizá sea hora de darle un vuelco al diccionario. Aquello a lo que éste denomina como mente ociosa es en realidad la mente inútil. La mente ociosa es la mente creativa, la mente que se divierte mediante la creación, una mente que se cierne casi despreocupada de todo en pos de una pasión. Todo lo bueno que tenemos en el mundo ha venido de una mente ociosa, es decir, libre y ultramundana.

Y es que la filosofía sólo es posible con la mente ociosa. Las mentes inútiles no son capaces de pergeñar un buen pensamiento, y menos sacar de él todos sus frutos.



Sólo una mente ociosa se plantea formidables metas. Una mente inútil vive todo el día en el sofá o sentado en una silla… perdiendo el tiempo.


Es la mente ociosa la mente trabajadora. Aquella mente trabajadora en la que todos piensan es en realidad la mente mecánica, la mente esclavizada en los medios de producción, que enferma el espíritu; es decir, estamos ante una mente máquina.


Hay esclavitud allí en quien vive haciendo lo que le da la gana sin ton ni son, porque en realidad no vive torno a lo que pudiera decidir o razonar por sí mismo, ni toma decisiones soberanas, sino que vive a impulsos, a pulsiones… sin ningún objetivo. Un hombre sin metas es un hombre a la deriva.


El trabajo sólo es bueno cuando significa el medio para vivir y para enriquecer a tu pueblo; nunca lo es cuando es para enriquecer a intereses egoístas o te imbuye de tal manera que te absorbe y no te deja vivir. El ideal burgués que a todos nos envuelve, clímax de la sociedad capitalista, es en realidad esa mente inútil y mecanicista.



La mente que busca ocio en un cine, o en un partido de fútbol, o en un bar… En realidad no vemos a la mente ociosa, sino precisamente a la mente mecanicista, que dicta que después de trabajar debes gastarte el dinero en elementos de esparcimiento para no pensar… en el trabajo.

Todo confabula y conspira para hacer de tu vida un algo inútil y meramente productivo dentro de la cadena capitalista que centra tu vida en producir y consumir.


En mi libro de relatos Escorias y Cenizas reza al comienzo, a modo de frase advenediza: “La locura es mi herramienta de trabajo”. Sin duda eran grandes momentos para mi mente ociosa. Desde entonces no he vuelto a escribir “ficción”. Sin duda necesito motivación. Con la literatura se pueden decir muchas cosas, casi todo; incluso aquellas cosas que de otra forma serían ilegales.


Mirarte a los ojos en un espejo y observar el infinito…



La democracia griega se basaba en el patriotismo y en la línea de sangre transmitida generación tras generación; es decir, en la exclusividad del hombre griego libre. No hay democracia sin patria. Cuando una democracia empieza a ser de todo el mundo, ya sabemos lo que pasa con lo que es de todo el mundo: es de todos y a la vez de nadie y finalmente no hay democracia, sino oclocracia.

Yo quiero mi democracia y no la democracia de “los cualquiera”. Yo quiero mi patria y no una patria de extraños.

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