16 de octubre de 2014

SOBRE VICTIMISTAS


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Cuando un débil quiere hacerse fuerte se recrea en su propio dolor, es decir, en aquello que le impide crecer por sí mismo o que le constriñe, puesto que le supera, careciendo de una voluntad para la lucha: su primer impedimento es él mismo. Es entonces cuando pergeña innumerables artimañas para generar la mala conciencia, venciendo en batalla psicológica al que por sí mismo es superior y noble: convierte una debilidad en su punto fuerte. El hombre elevado tardará mucho tiempo en darse cuenta de esto, pero tantos milenios después los esclavos ya dominan todo el mundo mediante la pena, la lástima, la autoculpa… y todos esos elementos que circulan rededor de la mala conciencia.


Ser oprimido no es una realidad propia, sino una pose: no hay opresores ni oprimidos, sino gente que domina y gente que no lucha. Ser oprimido consiste en serlo si quieres serlo. De ahí surge la víctima que no lo es, pues eso es un victimista, alguien que presume de un mal ajeno, es decir, de un dolor que no suele ser propio o si lo es simplemente no lo combate o dice que le duele algo que realmente no le duele. 

Al final lo mismo se siente oprimido como opresor; culpable de ser opresor por tener un buen móvil a costa de los recursos africanos, como oprimido por tener que vivir en una sociedad de consumo. El victimismo, como forma de estar en el mundo, muy propio de las personas adolescentes, es, en definitiva, la tendencia o actitud que consiste en quejarse por todo aunque no le duela nada.




Con el tiempo los victimistas se dieron cuenta de que su dolor, ya sea fingido o creído, podrían construir toda una moral que se erigiera como superior. La superioridad moral hizo que el de voluntad débil venciera a cualquiera con un poco de (mala) conciencia. Luego se dieron cuenta también de que con los recursos propios de esta moral podrían justificar hasta los cañonazos que pudieran lanzar. Ellos son el Bien: matar entonces encuentra justificación. Pero ahí ellos mismos se retroalimentarán de la bestia que han creado, pues también se sentirán mal consigo mismos, también serán poseídos finalmente por la mala conciencia. El mundo vive en este último estado de cosas, está desatado.


El victimismo es buen negocio. La mercancía es la pena, es decir, hay que dar pena. A cambio recibirán buenos emolumentos o ventajas; la demanda, al parecer, es amplia.




Sentir pena por los demás o por cosas que pasan es una necesidad en muchos. A falta de flagelo, pues el dolor físico es demasiado para ellos, dolores emocionales, dolores para el espíritu, los cuales no hay que subestimar. Buscan con ello recrearse en un dolor, en un sufrimiento, ¡se alimentan con ello! Han llevado la empatía a un extremo de estupidez suprema, pero creo que llamarlo empatía es erróneo, pues una cosa es comprender el sufrimiento y el dolor ajenos y otra recrearse en ello, buscarlo, sentirlo como propio y además culpable. Es preferible alejarse de gente así, despreciarlas como el que desprecia un excremento, pues en realidad se creen superiores, aunque sea moralmente: se ven justificados para todo por tanto dolor.


La acusación de victimista es algo muy generalizado también, y la suelen aplicar los victimistas de verdad con las personas que éstas han decidido que sean los opresores, los causantes de tanto dolor, de su propio dolor. Si alguien políticamente incorrecto señala una tragedia será acusado de victimista, de que exagera, de alarmista. Es algo curioso que suceda esta realidad. El victimista te dirá de aquello por lo que puedes sufrir y hasta te dirá qué es sufrimiento real y que no es sufrimiento real. Sucederá de esta forma tan dogmática y tan categórica, en el mundo hay personas exclusivas con el epíteto de oprimido y represor, y punto; de la misma forma pasa con el moralista, moralista que consiste en su versión no alejada del bien y de mal en decir en todo momento lo que está bien y lo que está mal, y ojo con contradecirle.


Para ir a la iglesia basta con ir a la sede de algún partido político.


En lo material ha triunfado la mentalidad y los ideales burgueses. En lo moral la tradición abrahámica, cuyo paroxismo deviene durante el martirio de Jesús en la cruz, convirtiéndose en ejemplo de lo humano. Siendo atrevido en la afirmación, dichos elementos explican por sí mismos el mundo actual.


Religiones abrahámicas


El victimista convierte aquello que le hace ser lo que es, es decir, aquello con lo que más se identifica hasta el punto de hacerlo equiparable a su propio yo, en el origen para todo su quejido. El homosexual se queja todo el tiempo de que es homosexual y le echa la culpa a todo lo que le pasa al hecho de que es homosexual; y lo más importante, reprocha a muchos –a la sociedad, que es siempre culpable de todo, jaja– que no le acepten tal como es. ¿Tan importante es que te acepten? Si eso es importante tan orgulloso no estará: él mismo se niega. Esta situación es extrapolable a cualquier colectivo o persona que reúna estas características incluso entre muchos identitarios y lectores de Nietzsche, no quiero dar la impresión de que lo hago exclusivo para la persona homosexual. Sólo ejemplifico una realidad más amplia con algo concreto.

Por lo tanto el victimista es alguien que convierte en su dolor su propia condición, exigiendo y obligando a los demás a ser aceptado como es o, al menos, demanda que le acepten como dice que es. Parece que se queja por algo, parece que realmente pudiera ser una víctima o un oprimido, y sin duda lo es de sí mismo, de su propia inseguridad.


En los estados donde las minorías ya no son oprimidas o perseguidas, donde los denominados como oprimidos son libres, los victimistas generan sus propias realidades objetivas para dar cabida a sus dolores irreales, inexistentes y paranoias propias de una persona con una enfermedad mental.




En definitiva, el victimista se queja del dolor de riñones de otro que no es él. Es un farsante, un ponecaradepena, que en realidad trivializa la situación de las personas que son realmente dominadas por algo o por alguien. A una persona que es dominada por algo se le ayuda mediante la acción, no sintiendo pena por él o haciendo propio su dolor.■

6 comentarios:

  1. Este blog es estupendo, y esta entrada tambien. Felicidades.

    Vivimos en un mundo de valores invertidos. El primer valor natural es la supervivencia, la propia y la de los descendientes. Y para sobrevivir hay que ser fuerte. En una escala de valores naturales, la fuerza (tanto fisica como inteligencia aplicada a la supervivencia) es equiparable a la bondad. Es no significa que no haya que ayudar al debil, sino que no se puede hacer exaltacion de la debilidad. Lo deseable, lo bueno debe ser ser fuerte, lo indeseable, lo malo, debe ser lo debil.

    Para aumentar las posibilidades de supervivencia, y evitar la tirania, los individuos se agrupan en comunidades. La vida comprometida en una comunidad es lo natural en el hombre.

    Uno de los grandes males del cristianismo (o del postcristianismo, o judeocristianismo, o como queramos llamarlo), es la excesiva preocupacion por la salvacion individual. Realmente, para un cristiano, lo unico realmente importante es la propia salvacion. Esto conduce a un individualismo que a la larga puede llevar a la destruccion de las comunidades naturales.

    Es curioso (o revelador) como la palabra "pagano", en realidad significa "paleto", es decir habitante rural. El termino pagano era el que usaban los romanos cristianizados, que habitaban mayoritariamente en ciudades, para referirse a los romanos no cristianizados que habitaban principalmente en pueblos. Y es curioso que lo primero en ser destruido del imperio romano son las ciudades. Dando paso a la alta Edad Media que es eminentemente una sociedad rural. Es decir, que la Civilizacion la salvan los paganos. Y si el cristianismo sobrevivio, y se expandio, fue porque se paganizo, porque acepto los valores naturales.

    Como dijo Celso "hay una nueva raza de hombres nacidos ayer, sin patria ni tradiciones, .... son los cristianos"

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    1. Excelente comentario, gracias. Muy esclarecedor lo que dices sobre el mundo rural y la ciudad.

      Dices: "no significa que no haya que ayudar al débil, sino que no se puede hacer exaltación de la debilidad." Creo que eso es clave y explica muchas cosas. No se trata de aniquilar a nadie, sino de hacer fuerte a quien no lo es.

      No hay nada que rebatir.

      Gracias por comentar y por la valoración del blog.

      Hasta pronto.

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    2. ¡Excelente no! ¡Merecedor de encabezar cualquier ensayo sobre el tema!
      Y no esclarecedor ¡Del todo revelador!

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  2. ¡Magnífico, incontestable!

    Veo que en este tema sí coincidimos al 100%, o casí.

    "La superioridad moral hizo que el de voluntad débil venciera a cualquiera con un poco de (mala) conciencia. Luego se dieron cuenta también de que con los recursos propios de esta moral podrían justificar hasta los cañonazos que pudieran lanzar. Ellos son el Bien: matar entonces encuentra justificación."

    Esto es justo lo que ha ocurrido, no sólo en el manido (pero no por ello menos cierto) ejemplo de los bolcheviques o los revolucionarios franceses del XVIII, sino en todo el mundo occidental. Todos usan la palabreria democratista y derechohumanista para justificar los peores crímenes. Bien decía Raimon Panikker, que observo el Nazismo de primera mano: "Se ha usado el chivo expiatorio de Hitler, ´el mal absoluto`, para justificar cosas peores de las que hizo Hitler."

    "Sentir pena por los demás o por cosas que pasan es una necesidad en muchos. A falta de flagelo, pues el dolor físico es demasiado para ellos, dolores emocionales, dolores para el espíritu, los cuales no hay que subestimar. Buscan con ello recrearse en un dolor, en un sufrimiento, ¡se alimentan con ello! Han llevado la empatía a un extremo de estupidez suprema, pero creo que llamarlo empatía es erróneo, pues una cosa es comprender el sufrimiento y el dolor ajenos y otra recrearse en ello"

    No podría estar más de acuerdo, y es como si viera, mientras lo leo, la mesa de debate de "Fort Apache" jajaja!!
    ESOS FLAGELANTES SANTURRONES.... que tienen tanto complejo de culpa dentro de sí que "se arrancarían su piel blanca", como decía la famosa frase de "una marxista cultural" (Yo la llamaría simplemente una estúpida...una flageladora que no tiene bastante con flagelarse ella)

    Y muy a destacar la introducción, es decir, el primer aforismo. Cae como una losa.

    Mi enhorabuena por el texto, y por el "bisturí afilado" que has usado en cada reflexión.
    Seguiré "tirando" de alguna de ellas, como no puede ser menos.

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  3. Coincido con los comentarios anteriores. Este blog es sensacional y muy original. Con análisis muy acertados. A mi nunca dejará de sorprenderme la inmensa pena que le produce a la gente el cacareado supuesto genocidio de los seis millones de seres que odian trabajar los sábados. Lo hacen muy suyo. Pero lo más sorprendente es que les encanta visitar los famosos campos de exterminio(?) y pasar un mal rato. Que se vayan todos los borregos al cuerno! En realidad son unos morbosos a los que les encanta regodearse con el sufrimiento ajeno. Cuándo les pregunto por qué no sufren tan apasionadamente por las víctimas de Hiroshima y Nagasaki me salen con que no hay punto de comparación. Es lo que tiene la nueva religión abrahamica del Siglo Xx. Tienen muchos adeptos fanáticos y morbosos. Un saludo

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  4. Acertadisimo todo el artículo, me ha gustado mucho y coincido más o menos en todo. Es la ideología predominante, es cierto, la del victimismo.. se fomenta hasta en la escuela pública, cultivando la debilidad aprobando a los niños con suspensos y no pudiendoles marcar disciplina porque se pueden "traumatizar". Con vuestro permiso me gustaria copiar un párrafo de un texto japonés, el Hagakure, un texto sobre el bushido que muestra un ejemplo de actitud ante las dificultades. "No es suficiente evitar simplemente sentirse desanimado cuando llega una prueba. Cuando llega una desgracia, el Samurai debe alegrarse y coger la suerte que le es ofrecida por poder emplear así su energía y su valentía. Tal actitud difiere radicalmente de la simple resignación. Cuando la marea sube, el barco flota...
    Cuando se ha oído hablar de las hazañas de un Maestro, pensar que cualquier cosa que uno haga no podrá jamás igualarlo, es señal de un alma mezquina. Se debe pensar, al contrario, que "si el Maestro es un hombre como yo, ¿por qué yo he de ser inferior?" En cuanto un Samurai se decide contestar a este desafío contra sí mismo, ya está en camino de la mejoría. Ittei Ishida ha dicho: "Un hombre reconocido como sabio por los otros, sólo adquiere esta reputación porque ha comenzado a profundizar sus conocimientos desde su más tierna edad. Nunca es el resultado de un aprendizaje tardío, incluso si éste es difícil."

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