12 de marzo de 2015

IDENTIDAD Y TERRITORIO

Ser identitario no es sólo defender tu origen, aquello que te hace ser lo que eres. No es sólo una mirada al pasado, a las raíces, a lo que de alguna forma fuimos, “aunque no lo fuéramos realmente”. No se trata de una tendencia egoísta, ególatra y egocéntrica, pues un identitario, en el mismo momento que así se declara, adquiere un compromiso no sólo consigo mismo y con sus orígenes, sino que se presta a la lucha, al deber y a la obligación de defender las demás culturas e identidades. Es decir, al resto de los orígenes de muchos pueblos y culturas, que la globalización quiere destruir.

Pero ante todo un identitario es un luchador contra el universalismo, esa ideología de igualación y aniquilación de la diversidad.



Siguiendo la lógica del significado real de “ética”, cuyo origen etimológico significa costumbre, viene de la acción el ejemplo real con el cual podemos guiarnos para construir una sociedad llena de voluntad y de virtudes. Una persona ejemplar hace con su acción, si esta es noble, -incluso si no lo es, pues también son necesarios los ejemplos de lo que no debe ser- mucho más que un charlatán que dice tal cosa y que sólo presume de ciertas cualidades.

Hoy nos guiamos mucho por la palabrería y nos olvidamos de lo realmente importante: la persona y su acción, es decir, el ser humano como ente volitivo, como ser en devenir, que demuestra cada instante lo que es en ese instante y lo que puede llegar a ser.

Nuestra sociedad necesita de gente ejemplar. En la Roma pagana y en la Grecia antigua tenían a los héroes y a los dioses, esos seres arquetípicos que eran completamente reales, y sus mitos, llenos de sabiduría. ¿Pero qué tenemos hoy? Sólo el ejemplo de lo execrable. El buen gusto y el buen ejemplo son una excepción.


Cuando la izquierda se vuelva patriota, consciente de su nación, cuando quiera hacer pueblo... romperá con el internacionalismo, que es lo que le une con el gran capital, que quiere y desea la globalización: es decir, un estado sin trabas nacionales, sin pueblo, sin diversidad, estando todo reducido a una sola cosa.



Derrocar a Gadafi supuso una suerte para algunos intereses turbios, que pudieron instalar al estado islámico en la costa mediterránea; si, a esos tipos conocidos antes como los rebeldes, cuando los medios decían que eran los buenos, y no terroristas.

Las primaveras árabes han devenido en todo un invierno y paradójicamente en la reislamización en un sentido muy estricto en aquellos países. Al final Estados Unidos y su política exterior, apoyada por sus vasallos europeos, han hecho buenos a aquellos dictadores como Sadam Hussein o al citado Gadafi.

Occidente, ese concepto que no es más que la denominación imperial del dominio estadounidense, ha dejado el mediterráneo africano peor que nunca. Uno de los muchos logros de la democracia, que aspira a la universalidad.


Aquellos países que no puedan hacer contrapeso al imperio y tengan la "mala suerte" de poseer cuantiosas materias primas estratégicas, caerán en desgracia por culpa de la dictadura de Washington, que amenazará con su imponente aparato militar. Eso es terrorismo global, eso es auténtico terrorismo legal; legal porque es el mismo quien pega los tiros quien se hace una ley a su medida.


En una democracia parlamentaria nunca decide el pueblo, sino una mayoría. Democracia y parlamentarismo es en realidad un oxímoron.



Los que se dicen de izquierdas en España escupen sobre su país, nación, patria, bandera e historia todos los días. Sin embargo se desviven por Palestina, Rusia u otras naciones, ya tengan estado o no –incluso van a países extranjeros a luchar, aunque hablamos de contadas excepciones, con la excusa de que su lucha es internacional, ¿pero es internacionalista la lucha de un palestino que pelea precisamente por su identidad y un estado propio, que le es negado? ¿Acaso no lucha por su identidad el pueblo ruso que habita en Ucrania…?–. Es la paradoja de la izquierda española, la menos patriótica y la más resentida y contradictoria de Europa… y del mundo.

1 comentario:

  1. Muy bueno lo de Gadafi. Pienso igual. Estados Unidos y Francia no tendrían que haberse metido en el norte de África. Ese es un problema para todo el Mediterráneo. Por otro lado, oh misterio de la vida, Libia no es un país generador de inmigrantes como Marruecos o Argelia. Lo mismo con Irán. Las naciones más criticadas del mundo islámico son también las que mejor tienen a su gente. Por algo los iraníes no copan Europa como otras etnias. Saludos.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.