5 de junio de 2015

TRAS 1945...

La libertad de expresión como derecho consiste en regular lo que se puede decir.

Las leyes contra el odio vienen dictadas por gente que odia mucho.

El mundo de Orwell es muy real.


Así que cuidado con lo que dices:



¿Tienes miedo? Si así es, ¿cómo puedes sentirte libre? ¿Hasta para sentirte libre te han amaestrado?



La libertad de expresión es tuya, no algo que te den.


Creo, y digo que lo creo pues no me atrevo a sostenerlo con firmeza en este momento, que un buen gobernante no ha de tener ni demasiada bondad hacia ni demasiado en estima a su propio pueblo.


Superar la derecha y la izquierda, es decir, sobrepasar los límites establecidos por la moral política -y esto supone superar igualmente la transversalidad- quiere decir que mis acciones y decisiones serán al margen de la ideología a la cual pudieran dichas decisiones y acciones encasillarse, por lo que no voy a dejar de hacer algo por miedo a parecer comunista, u otra cosa por miedo a parecer liberal o lo que fuera. Ni le voy a decir a un adversario político no a una iniciativa o acción si ésta es positiva.

Una política nacional, que quiere gobernar y servir a una nación y a su pueblo, presupone que todo irá orientado a las necesidades de la nación y del pueblo y que no habrá más fin que la nación y el pueblo, y que todo, dinero, mercado, etc., son sólo medios para el desarrollo de la nación y del pueblo, pero nunca el fin.

¿Pasa algo de eso? No. ¿Por qué? Porque no hay nación, pero es que tampoco hay pueblo. Sólo hay una masa en descomposición, y un territorio que se disuelve. 


Todo mundo de leyenda valdría más la pena vivirse que este mundo real que nos azota, porque en un mundo de leyenda existen personajes elevados y distinguidos, cuyos ejemplos da lo mismo que sean para mal o para bien. Mientras tanto la modernidad de nuestro mundo real se caracteriza por la predominancia de los cualquiera, por la aniquilación de la grandeza.


¿Es posible que no exista la derrota? ¿Es posible que en realidad únicamente hayan personas que se rinden o que mueren?


Quise elevarme y sin darme cuenta caí en un abismo.



En 1945 Europa fue derrotada y sobre sus ruinas construyeron un monstruo decadente, que hasta hoy sufrimos. Puede que pronto nos hundamos de nuevo en un mundo en ruinas y entonces qué vendrá: ¿el resurgir de Europa junto con sus hombres y mujeres o su extinción? Yo deseo los finales de etapa, de ciclo, a pesar de que devengan acompañados de sangre, lágrimas y metralla, pero es que ese inicio, ese nuevo comienzo, ese aleteo del Fénix, me da algo de fuerzas. Pero para ello nosotros, hombres y mujeres invencibles, ajenos al desaliento, hombres y mujeres que siempre se levantan, hemos de ganar nuestra guerra, nuestra guerra espiritual; y luego sobre los campos, donde podamos reír a carcajadas sobre las ruinas y los cadáveres de quienes soñaban con masacrarnos. Somos la revolución de la alegría, da igual lo que nos maldigan.


Oh Europa desnortada, perdida en el tiempo, ida sobre la tierra como una borracha facilona, ¿ya no escuchas el eco de tus ancestros?


Lo malo de las democracias basadas en el parlamentarismo y el sistema de votación es que los menos deben pagar por la estupidez de la mayoría. Por lo tanto, no hay lugar para la excelencia. Cuando gobiernan las mayorías se impone lo mediocre. Al menos así viene siendo desde hace décadas.



Sobre las elecciones del 24 de mayo de 2015
«Españoles, como viene siendo habitual tras unas elecciones, deciros de nuevo que os merecéis todo lo que os pase, por votar a los de siempre, a los que nos han llevado hasta donde estamos, a esos mismos de los que siempre os quejáis. Disfrutar de lo votado, y disfrutarlo bien, que os duela. LA MAYORÍA DE ESPAÑOLES HABÉIS PERDIDO YA EL DERECHO A QUEJAROS. Os deseo paro, penuria, desahucios, inmigración masiva y que os pudráis viendo lo que hacen vuestros corruptos electos.

Siento una gran impotencia. No se puede esperar de una masa de borregos que de la noche a la mañana se conviertan en sabios. Vosotros sabréis, la mayoría, lo que habéis votado. ¿Merece la pena luchar por España? Por la mayoría de españoles, al menos, parece que no.

Hoy, una vez más, el pueblo español ha demostrado que prefiere las cadenas a la libertad, que es cobarde y sobre todo que carece del carácter necesario para dar el cambio correcto al país.

Disfrutar de lo votado, insisto, pero sobre todo cuando os jodan no os quejéis, decir: es por mi culpa.»



El optimismo antropológico es el origen de todos los desvaríos filosóficos, ideológicos… y de todas las decepciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.