2 de julio de 2015

LIBERTADES DE PACOTILLA

Son tiempos raros, todos se escudan en la libertad de expresión, pero existe un temor no declarado a la hora de expresarse. La dictadura de lo políticamente correcto es La Gran Ley Mordaza; lo que se legisle como tal se quedará pequeño. La censura y la ausencia de libertad de expresión viven en nosotros mismos.


Expresar que “¡digo lo que me da la gana!” es una forma de admitir que no se piensa, o que se piensa poco.


Te han convencido de que eres libre. Te han convencido de que tomas decisiones. Te han convencido de que tu vida tiene algún valor para ellos.




Si el sistema lo domina el dinero es imposible ganar la guerra mediante la política. Habrá que educar, luchar y trabajar para que no domine el dinero y entonces el sistema que nos domina caerá, junto con sus dominadores.


La libertad como dominación: liberar un pueblo significa que se va a imponer el sistema de libertades de los libertadores.


El demócrata es el dictador que ha convencido a las masas de que son libres o que de alguna forma convence o puede convencer a éstas de que pueden ser libres gracias… a él.




Llevamos siglos siendo esclavos de la banca. No es nada nuevo, lo sé. Pero ahora lo podemos ver muy claro, no por la fuerte crisis griega en concreto, donde se ve la servidumbre de la Unión Europea a organismos monetarios y a la banca, sino por la crisis generalizada que en mayor o menor medida sufren todas las naciones.

Ahora las naciones son más esclavas que nunca de la banca. En casi una década los gobiernos sólo han hecho políticas para saciarla y pagar una deuda que la gente común no ha generado mayormente, de hecho la deuda de la gente común es escandalosamente minoritaria, siendo mayoritaria la deuda privada, pública y… ¡de la propia banca!

Estamos jodidos. No todos son culpables, pero pagamos todos, sobre todo la gente común, una gente a la que no han rescatado ni socializado su deuda. La embargarán si pueden, porque responden con sus bienes o su poco dinero, ¡con su vida! De la misma forma ha ocurrido con el pequeño empresario y/o persona emprendedora. En este estado de cosas sobreviven los peces más gordos.

El dinero es deuda, y la deuda es esclavitud.





Sólo el dolor y el sufrimiento nos harán libres. Partiendo de esta premisa ninguna filosofía hedonista nos liberará de modo alguno.



El hombre es un ser que necesita algún tipo de ataduras en la vida para sentirse seguro, para sentirse feliz, para tener un sentido de las cosas. Hoy las personas han decidido que esa atadura girará en torno a la idea de la libertad, idea a la cual profesan una fe tal que cualquier crítica a la misma es como un acto de herejía, convertirse en una especie de infiel.

Por alguna razón la libertad es sobre todo creer en ella.



Alguien que en un discurso político habla en nombre de la libertad es alguien de naturaleza sospechosa y nuestra primera pulsión debería ser desconfiar. De la misma manera que deberíamos desconfiar de cualquier persona que dice que es la solución a todos tus problemas, al margen de que te hable de libertad o no.



La libertad hoy es como un bien de consumo. O si  no ¿por qué te compraste la casa más grande, el coche más rápido, o más bonito... que pudiste, incluso si se escapaba de tus posibilidades, sacrificando otras cosas más prioritarias o importantes? Fue duro darse cuenta de que la libertad tiene la misma consistencia que el humo, que no se puede comprar ni conseguir así como así, y que encima vale bien poco, ¿verdad?.





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