10 de septiembre de 2015

EL SUICIDIO DEL HOMBRE EUROPEO

Europa no se muere de forma natural, 
ni la asesinan directamente, 
simplemente se está suicidando con asesoramiento
(daorino)

Cuando soy receptor de cualquier medio de comunicación percibo cómo intentan comerme el cerebro con ciertas ideas clave: la tolerancia radical, la autonegación de una identidad propia (del europeo, pues “somos mezclados”, “somos impuros”, “somos hijos de mil padres”…), la veneración del mestizaje y de la inmigración, la victimización de la mujer y el igualitarismo en todas sus formas. Tal cosa resulta escandalosa ya en ciertas cadenas de radio públicas donde directamente se da asesoramiento al inmigrante para regular su situación, por ejemplo. Criticar todo esto, es decir, poner lo que ya he puesto, será para el adoctrinador del sistema de valores imperante un alegato fascista, de intolerancia, completamente nazi, hasta me acusarán de ser un asesino. Pero el texto no ha hecho nada más que empezar.

Así que existe un trabajo activo por parte de los sectores sociales y económicos dominantes en que se asimilen ciertas ideas que de alguna u otra forma benefician al sistema en pos de su misión universal, “unificante”, pero que perjudica seriamente a la identidad de los pueblos, y por ende de las personas, que se someten a confusión, a desubicación.

Mientras miles de autóctonos han sido despojados de sus viviendas y dejados
a su suerte en el paro los países europeos dan la bienvenida a miles de
extranjeros-refugiados sirios, a quienes se les dará asilo con todo pagado.
¿Refugiados económicos o caballo de Troya del ISIS? O más bien las dos cosas.
Todo va dirigido a un fin de adoctrinamiento. Hoy dominan las ideas y las inoculan desde la televisión hasta en la escuela. Quizá sea aventurado decir que si el hombre recibe una educación no es para educarlo, sino para domarlo, para hacerlo libre bajo la idea que el sistema tiene sobre la libertad. Te enseñan a ser libre, no a que seas libre. Puede que en la Edad Media las personas estuvieran menos manipuladas, o al menos no tanto por las ideas, sino por la necesidad (el hambre) y la inevitabilidad (la guerra). Al no tener la gente tanta cultura academizada las relaciones personales y la sabiduría popular tenían mayor peso. Por eso ciertos elementos idiosincráticos como la nobleza o la lealtad, es decir, componentes más humanos y dignos, cuando hoy sólo hay intereses comunes, en un sentido ideológico y económico. Con esto no bendigo la ignorancia, sino que denuncio el hecho de que la educación y el conocimiento enseñados no te hacen necesariamente ni más inteligente, ni más consciente. Que puede, en definitiva, que un leñador del siglo V, que no ha visto una escuela en su vida, que ni sabe lo que es un profesor, sea menos manipulable y tenga más dedos de frente. Esto es especulación, por supuesto, pero es que llevo tantos años sin ver un acto libre en una persona…

Pues bien, cuando escucho algún medio de comunicación veo un gran esfuerzo para conseguir que se asimile la inmigración y otros elementos considerados de exclusión. Cuando las instituciones o los medios de comunicación nacionales no sirven a las personas que debieran dirigirse, a los autóctonos -fácilmente manipulables ante cualquier imagen que dé pena o lástima-, y se convierten en transmisores de una moral al estilo de una ONG fraternalita o radicalmente solidaria, algo va muy mal. Cuando lo prioritario es algo externo a nosotros… algo va muy mal. Cuando los medios de comunicación sólo te enseñan lo que tú tienes que ver, no lo que ocurre realmente, algo va muy mal. La famosa imagen del niño sirio en la playa turca ha conmovido a todo el mundo, y ven la necesidad de tomar acciones, pero se olvidan de su vecino, o del hijo de su vecina, que no pueden llegar a final de mes, que pasan hambre: eso no existe porque no lo muestran en los medios. Es el Mito de la Caverna de Platón, que siglo tras siglo adquiere mayor significado, más en nuestra sociedad del espectáculo. Y si a algo encamina toda esta reeducación y adiestramiento social es al olvido de sí, para ser pura entrega, abnegación en su sentido amplio y más perfecto, al menos si se trata de jugar con el dinero que no es propio. Al final algo es seguro, los países europeos no sólo han perdido soberanía, también el arraigo a su propia identidad, a lo que les define como lo que son. También parecen haber renunciado a defenderse.

EUROPA DICE SÍ A SU DESTRUCCIÓN FÍSICA
Los europeos viven en un proceso de descomposición, más o menos avanzado según que naciones todavía con mayoría caucásica. El sino de Europa, si nada ni nadie lo remedia, estriba en dejar de ser europea para convertirse en una mera referencia topográfica. Y todo será por la rendición del hombre europeo, que se ha vendido a unos ideales universales que lo aniquilarán, física y espiritualmente. Y no será por culpa de nadie más que del europeo, que busca su muerte, y además activamente, pues se niega a sí mismo. Es la sensación que tengo y a ciencia cierta es algo muy real, que sucede. Es fácil verlo si eres identitario. Los demás o no lo ven o no quieren verlo, o lo niegan o trabajan para que el desastre se consuma.

Desgraciadamente, la resistencia que podemos hacer es escasa. Toda actividad encaminada al hecho digno de resistir será reprimida, ya sea mediante censura mediática, no pudiendo proferir nuestro discurso, o mediante la condena moral exclamándonos con palabras policía, o simplemente pisándonos con el trabajo metapolítico marxiano cultural, que ha reconvertido los valores de lo que llaman la Europa Occidental, dinamitando sus antiguos pilares para cimentarla sobre otros no tan distintos, pues al fin y al cabo son igual de judeocristianos. Tal vez la modernidad parezca menos conservadora pero los valores de piedad, lástima, pena, es decir, todo lo derivado de la mala conciencia y de sus sucedáneos, están ahí. Y a pesar de todo parece que hay un despertar nacionalista en Europa, sin duda forzado por el peso de la realidad, un azote que hace que la gente vaya despertando de su profundo sueño. El tiempo dirá. Las parcas tejen fino.

En la modernidad observamos cómo neoliberales y neocomunistas se han aliado. Sus discusiones son por matices. Se han aliado, intencionadamente o no, en base a una serie de valores y de objetivos comunes. Ambos defienden por ejemplo la inmigración a capa y espada, y lo hacen de forma tan dogmática que no admiten réplica. Es que no se paran ni a discutirlo. Lo máximo es proyectar proclamas difamatorias contra toda obstinación hacia sus tesis, que convergen en el igualitarismo, el totalitarismo de la igualdad. La igualdad, otro dogma que no se puede cuestionar. Tenemos que ser todos iguales, pero en la práctica lo que hacen es igualar, y desgraciadamente siempre a la baja. Así que en cuanto a dogmas se refiere, el defensor de los valores de la inquisición moderna no admitirá discusión, preferirá la descalificación, pues bien saben que deben reprimir el discurso de la resistencia identitaria europea, que va contra sus terribles objetivos, a nivel monetario y ético, y contra su cosmovisión universal igualitaria para con la especie humana. No, no quieren el debate, y si lo llevan a cabo invitarán a un memo para ridiculizarnos o crearán un debate asimétrico de muchos contra uno para que el mensaje no llegue claro. Saben que una guerra argumental cuerpo a cuerpo justa, en pugna dialéctica, la tendrían casi perdida, porque saldrían a relucir su auténtica cara, que revisten de solidaridad, buenas intenciones y amor al prójimo.

Es inevitable preguntarse por qué quieren acabar con Europa y por qué el europeo lo acepta. No es una idea conspiranoica, sino una realidad palpable. A fechas actuales, septiembre de 2015, no sólo se ve más claro, sino que asusta casi ese deseo del europeo por acabar consigo mismo. Toda esa propaganda que hace culpable al hombre blanco de todas las desgracias del mundo y de la historia han hecho su mella, y con ello vemos el gran poder de la mala conciencia. Lo que ya denunció Nietzsche en el siglo XIX hoy adquiere dimensiones más dantescas aún. Así que seré claro, ¿qué ha pasado? Más de dos mil años de judeocristianismo, una cultura judeocristiana que dinamitará a Europa, que la matará de culpa, de pena… porque parece que el europeo no puede con el peso de su historia. Las naciones europeas tienen su pecado original en la historia, así parece que nos lo quieren hacer ver. ¡Eres culpable por nacer europeo de todo lo malo ocurrido en la historia de Europa! Esta moral ha socavado el espíritu europeo y la ha convertido en una buena y fácil presa para toda la propaganda que lanzan contra nosotros. ¿No merecemos vivir? Aunque puede que haya otra explicación a todo esto: la venganza contra Europa por rebelarse durante los años veinte y treinta; ¡y desde que Europa perdió la II Guerra Mundial todo son represalias!

Esta realidad, que la masa desconoce generalmente, aunque vive inmersa en la misma, requerirá de un gran esfuerzo metapolítico. El enemigo lo tiene todo, ¡todos los medios a su disposición!; sin embargo nosotros tenemos el discurso y el peso de los acontecimientos, que nos darán la razón.


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