31 de diciembre de 2015

A MARTILLAZOS (III)


"Libertad para qué" fue lo más inteligente que dijo Lenin; pero antes que él lo dijo de alguna forma Nietzsche, sólo que para el prusiano no fue lo más inteligente. Un fanático de la libertad es el poseído por una interpretación de la libertad, por una libertad aprendida. Por lo tanto no hay libertad más allá de lo que queramos que sea o de lo que nos enseñen. Yo no he visto a nadie que sea libre, como he dicho alguna vez sólo veo a gente que me dice todo el rato lo que es ser libre; es decir, a alguien imponiendo su criterio. 

Siendo la libertad una formulación podemos decir que la libertad moderna es la más abstracta de todas. Antes la libertad era luchar por un hogar y un plato de comida, era algo real, un para qué lícito. Hoy la libertad es una quimera, es nada, es una abstracción, es luchar por algo o contra alguien que piensas que no te deja pensar. Quien no te deja pensar eres tú mismo, ¡imbécil! La sociedad moderna es nihilista por ello, pero nihilista negativa, pues su libertad se basa en la nada o en buscar luchas absurdas para justificarse ante la existencia. O simplemente la lucha por la libertad se justifica por fantasear con ella como el que suspira por un amor platónico.

Un homosexual que lucha mediante la ideología del homosexualismo lo hace en contra de la libertad de las personas homosexuales, puesto que la ideología y su formulación de libertad no son más que una forma de dar órdenes. Es extrapolable a cualquier otra ideología, religión o mandamientos.

¡Qué ninguna idea te dé órdenes!

La esperanza es lo que necesita el hombre para tener cierta seguridad en el futuro, pensando que todo irá bien sin que él haga nada en absoluto.

La libertad absoluta e individual ajena a todo elemento humano externo supone el estado anarquista donde la idea de libertad se impone como jefe totalitario del ser y del cuerpo de cierto individuo. ¡El Estado soy Yo!

Fanáticos de la libertad que se creen librepensadores.

Europa debe volver a su origen. Y no está en Cristo.

Para la izquierda la transversalidad es de extrema derecha y para la derecha la transversalidad es de extrema izquierda. Para los del centro transversalidad es un guantazo en la cara. La política transversal no es ubicable, no es unidireccional. La transversalidad es política holística y tiene que ver más con la aplicación de criterios de sentido común que con practicar pautas rígidas de ideólogos marxistas, liberales, capitalistas, etc. Es decir, la transversalidad no es unidireccional.

La esperanza es la voz del vago que habita en tu voluntad.

La libertad abstracta es nada. Libertad -si significa algo- es algo muy bien distinto a aquello por lo que la gente lucha. La libertad, si debe ser algo, es sólo aquello que hacemos mediante la voluntad, aquello que decidimos, aquello que hacemos nuestro. Nada más. Porque la libertad en sí es nada. Por eso he dicho muchas veces que la libertad es y no es, que es algo que no existe y que a la vez lo abarca todo. La libertad es una formulación. No me digas que luchas por la libertad: dime cuál es tu libertad.

La libertad es una idea tiránica. Su propio pronunciamiento te intenta convencer de que tienes algún control sobre las cosas. Y si hay control es sólo sobre tus decisiones, decisiones condicionadas por multitud de elementos. No hay libertad, sólo lucha ante las circunstancias.

La esperanza en uno mismo no es esperanza realmente, sino orgullo, aquella sensación que nos hace sentir capaces de todo y de amarnos justamente. Es decir, la creencia en uno mismo, el convencimiento sobre que nada viene regalado, sino que deviene a fuerza de trabajo y de voluntad.

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