6 de enero de 2016

EL GLOBAL-IGUALITARISMO

Reformulación de las bases éticas del nuevo capitalismo mundial

No veo a hombres buenos ni malos, ni a hombres bondadosos o malvados. Quién soy yo para juzgar algo así. Ni siquiera podría hacerlo ante alguien que me estuviera a punto de matar, porque ¡y si él piensa que tiene buenos motivos para apretar el gatillo!: la moral es ante todo subjetiva y un juicio, nada que describa o defina, y al final toda maldad es simplemente el hombre revelándose ante lo establecido como Bien, o la apreciación de un hombre moralizador que es incapaz de aceptar o digerir un acto ajeno. Y es que siempre le atribuimos una maldad excesiva a ciertas personas e ideas – ¿y no hay paradójicamente algo de maldad en esa atribución? –, cuando la moral es sólo una interpretación racional mediante nuestra conciencia, aquello que nos hace distinguir entre lo que pensamos que nos favorece y aquello que no nos favorece.

Sin embargo si veo a personas guiadas por una idea, por un conjunto de ideas, por una ideología, por una forma de vida… que nos dirige a. Pues sólo se puede llegar a un sitio, y a ese sitio nunca se llega porque las ideas son siempre un viaje y el lugar al que nos conducen es totalmente inexistente, pues no hay punto donde una idea se pueda asentar absolutamente: si se defiende una idea es para su realización absoluta, pero... ¡¿es algo así posible?! Ese es el problema al que nos enfrentamos los hombres, a un viaje duro y sin rumbo, confuso y abismal, que nos aguijonea desde dentro.

Somos seres morales, pero para entendernos y para ver las cosas tal como son debemos olvidarnos de ello, pues hará posible todo ejercicio de empatía y todo acercamiento a lo real. También evitará ser presa de las fauces del fanatismo.


Sólo tenemos un enemigo, pero ese enemigo se manifiesta en apariencia diverso, adoptando muchos semblantes. A dichos semblantes les unen lo esencial y les separan matices, pero son el mismo enemigo de conciencia universal; y no se trata de un reduccionismo simplón. Sin embargo muchos se contentan prolongando una lucha ficticia contra el nacionalsocialismo y contra el viejo comunismo –contra el viejo comunismo destacan los liberales, derechistas y capitalistas al uso, a quienes toda idea social les suena a comunismo- o simplemente negando el peso de la realidad. Sobre el nacionalsocialismo, casi todo el mundo sigue librando una guerra imaginaria contra ello.

El comunismo en su nueva versión ha convergido con los intereses liberales, de hecho éstos se contentan sirviéndose de ello; pero he de matizar que en realidad los neocomunistas no son comunistas, sino liberales con ideas de progreso utópico o de progreso hacia la utopía: hacia la nada, o como mucho hacia la imaginación, hacia los sueños de arcoíris. Comunistas ortodoxos, convencidos de las ideas originarias, hay pocos… son rareza. Pero lo mismo pasa con cualquier ideología con bases teóricas claras: tampoco hay liberales ortodoxos, o al menos bajo las formulaciones del siglo XVIII y XIX. Por ello mi esfuerzo en no sólo señalar al enemigo, sino en definir el capitalismo actual, un capitalismo que inevitablemente ha bebido de fuentes liberales en cuanto al economicismo y que éticamente deviene de las luchas por la libertad y de la igualdad triunfantes durante la Revolución Francesa como fenómeno más inmediato y rompedor de nuestro tiempo histórico (y tres siglos son nada en historia), junto con influencias neocomunistas, reformulando la libertad y el igualitarismo o redimensionándolos geográfica y biológicamente, ya en tiempos mucho más recientes e inmediatos. Al fin y al cabo liberales y marxistas han compartido mismas pulsiones: hicieron una revolución de clase (burguesa o proletaria), lucharon por la libertad y por la democracia (una parlamentarista y sufragista, la otra popular y proletaria), por la emancipación… En el fondo son aliados, ¿fue casualidad una alianza demoliberal-marxista durante la Segunda Guerra Mundial? Puede que muchos se arrepintieran, pero no fue casualidad, sino algo lógico.

Los liberales no hacen demasiados aspavientos a los neocomunistas, sobre todo si se trata de admitir y de aceptar sus propuestas culturales, pregonadas como marxismo cultural, que nada tienen que ver con el comunismo ideológico real de Marx y Engels –que entroncaban con el antisemitismo y el totalitarismo–. Los neocomunistas son la consecuencia de la batalla cultural contra Europa que libraron y libran muchos intelectuales que se sirven de lógicas marxistas, y por ello son marxianas, que no marxistas. Los neocomunistas devienen como servidores fieles del capital internacional, son quienes miman la mano de obra barata que necesita el capitalismo para regular los precios salariales del mercado laboral, son la justificación para crear discursos liberales que causen temor e intranquilidad a las personas, sobre todo a los pensionistas, esos agradecidos estómagos, fáciles de manipular. Los neocomunistas como policía del pensamiento también sirven para el fomento e implantación de las nociones de lo políticamente correcto a pie de calle, instituyendo los valores y el lenguaje de la nueva era universal: igualitarismo extremo de la raza, de la enseñanza, de los sexos… Dichos ajustes al final se traducen en plena falsedad, puesto que en la práctica se contentan con ejecutar una inversión de valores, caricaturizando lo que es tradicional, o natural. Un ejemplo de inversión, de fomento de la igualdad sexista-feminista, sería el absurdo espectáculo de las Reinas Magas Republicanas en la ciudad de Valencia el día de la víspera de reyes durante la tradicional cabalgata. No se trata de igualdad, sino de odio, al final no se trata de cambiar mucho, sino de darle otro enfoque. Es como satanismo político, protagonizado por sacerdotes que idolatran una cruz invertida.

REPRODUCCIÓN INVERTIDA DE LAS TRADICIONES: REINAS MAGAS

Así que en torno a todo esto el enemigo a combatir es el capitalismo, cualquier forma de capitalismo; el capitalismo actual como fenómeno deshumanizante, es decir, como estructura de ideas que aniquilan la trascendencia a la que vive ligada la naturaleza humana, que parece empequeñecerse ante las posiciones materialistas y nihilistas (negativas); pero sobre todo, por ser el capitalismo el impulsor dominante en la nueva mentalidad global igualitaria, como he dicho anteriormente, donde todo lo biológico y cultural son salvables bajo la idea de que todo es una construcción que fomenta necesariamente la desigualdad. También, porque el capitalismo se escuda en un igualitarismo que deviene en totalitarismo, en arma de control de las masas humanas bajo un ideal donde todo es aparentemente justo de forma racional, lo que anula el sentido crítico de cualquier individuo. Las palabras bonitas también pueden ser antesala de la barbarie. ¿Quién puede estar en contra de refugiados o de personas que lo pasan mal, por ejemplo? Pero con esa idea te enternecen, te ablandan, siendo la realidad otra: poco después tu hija es sobada o violada en una plaza de la ciudad de Colonia, por ejemplo, por personas llegadas a tu país gracias a las políticas de inmigración masiva o de las políticas de recepción de refugiados que pagas tú con tus impuestos y que por pena consentiste habiendo llamado racistas a aquellos que te advirtieron. Así que la lucha es la lucha contra esta gran estafa que nos procura una falsa libertad, unas falsas promesas de igualdad, una esperanza que nos deja paralizados… contra el Capitalismo económico y sus herramientas de ingeniería social (manipulación).

EL MUNDO COMO MERCADO
Hoy el capitalismo es un modelo complejo, va más allá de derechas y de izquierdas y por ello mi esfuerzo en reformularlo, pues hoy tanto un lado como el otro no son más que matices de un mismo fenómeno. Por ello el superar esa dimensión moral de la política es enfrentarse a un monstruo mayor, a un enemigo que se presenta ya no con una cara, sino con varias. La metamorfosis del capitalismo en el siglo XXI es la fusión del liberalismo controlando las lógicas de mercado, negocio y producción, frente a las reformulaciones culturales de la neo izquierda en su propósito de transformar todo, de construir un mundo bajo su ingeniería social que pretende derruir toda europeidad… destruyéndola anímicamente, desnaturalizándola, despojándole de una identidad propia y diferenciada para abocarla a la Humanidad, a la raza Humana. No debería sorprendernos ver a un Pablo Iglesias y a un Mariano Rajoy defendiendo la democracia como ideal máximo, en el fondo son aliados.

Negando esta realidad no combatiremos al enemigo de ideología universal por el simple motivo de que no sabremos señalarlo; es aquel que pretende romper con toda autoctonía, con toda exclusividad, aquel que trafica con nuestro futuro, que vende nuestra riqueza nacional, que llena nuestras patrias de elementos alógenos o te intenta manipular el pensamiento con todo tipo de propaganda, ya venga de la prensa escrita, de la literatura, del cine o del deporte... La guerra a muerte contra el universalismo no se ha librado aún. El universalismo no es más que la aplicación global del igualitarismo y de un modelo totalitario de democracia. La igualdad es la idea más tiránica, que surge tanto de la revolución francesa (liberal y burguesa) como de la revolución comunista (marxista y proletaria), mas antaño de las bases éticas abrahámicas: de todo ello bebe Occidente, y de todo ello se envenena y morirá. ¿Así que vamos a seguir negando la convergencia existente entre esos que se llaman de derechas y de izquierdas? Su superación implica entender que forman parte del mismo fenómeno y atacarlo en su conjunto, sin distinciones, se hace necesario para que se genere un discurso antimundialista de peso que devenga en nuevo sujeto político. Eso en España equivaldría a entroncar con la nueva realidad generada, y para el nacionalismo español un cambio de rumbo que pudiera hacer que olvidaran los viejos símbolos y el pasado para empezar a avanzar hacia un futuro político (la conquista del poder) que hoy por hoy se contentan con no afrontar.


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1 comentario:

  1. Hola Dani. ¿Cómo va, tanto tiempo?

    Creo yo que hay límites para el subjetivismo. El que tira del gatillo no es bueno. Voy a dar un ejemplo concreto: la gentuza del ISIS. Me parece que el fundamentalismo islámico es intrínsecamente perverso, malo por naturaleza. Otro ejemplo: no hay relativismo cultural que me permita entender la ablación de clítoris o la lapidación de las adúlteras. Al final de cuentas, veo una moral universalista de respeto total por los Derechos Humanos, por la vida y por la integridad física de las personas. Es una expresión de deseo. No contemplo como una posibilidad el dispararle a alguien totalmente desarmado y más si es mujer o niño.

    Contrariamente a lo que dice el texto, creo que Occidente en muchos aspectos debe hacer valer su hegemonía. Por lo menos en ciertos temas morales como pena de muerte, ejecuciones masivas, respeto por la mujer y la niñez, esclavitud y otros. Ojo, con este discurso termino justificando la porquería de Bush y compañía pero bueno, hay que ver caso por caso.

    Según creo, vamos hacia una época de una ética laica de origen religioso, Papa Francisco, Dalai Lama, etc, que parece devenir en una paz universal que, posible y lamentablemente, devenga en el tan temido Nuevo Orden Mundial. Es complicado el asunto. De todas formas, hay que sincerarse y notar la cuña occidental y masónica en ciertos acontecimientos lamentables que sacuden el Oriente.

    ¿Cuál es el límite? ¿Dejamos que en Oriente violen, vendan, maten y secuestren mujeres y niños? ¿Apoyamos que nuestros gobernantes bombardeen otros países? ¿Justificamos el tráfico de armas? La verdad, no tengo respuestas, solo preguntas. Por eso, en esta nueva etapa, me dedico de lleno a la literatura en desmedro de mis ensayos de antaño. Saludos.

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