6 de julio de 2016

EL SUFRIMIENTO EXISTENCIAL

El sufrimiento define a las personas, las desnuda, las despoja de todo lo que no son. Hace que se evidencie el valiente o el cobarde, el laborioso o el vago, el burgués o el trabajador, el que le dice sí y el que le tiene miedo... No hay que buscar sufrir, ni permitirlo si es posible, pero hay que asentir al verlo, sin desmoralizarse. Y cuando hay que buscarlo, cuando sufrimos para hacernos más fuertes, hemos de disfrutarlo porque no es más que por amor hacia nosotros mismos. Para mí el "sufrimiento" es siempre un entrecomillado, pues no es sufrir tal como es entendido cuando se acepta la vida tal como es: al final se convierte en hábito.



El sufrimiento es necesario porque es lo único que muestra lo mejor de las personas. Cuando la paz o el sosiego reinan en la vida de los hombres los sentimientos grandes se desvanecen y éstos se transforman en seres sin trascendencia, insubstanciales y nihilistas, adorando la nada por la nada, despreciando así la vida y abandonando todo compromiso en pos de una idea de libertad que se adhiere al aire como un vapor pestilente.



La muerte es sufrimiento para los vivos. Nada más. Hay que decir sí a la muerte, sí a la buena muerte; heroicamente, en plena euforia.


Sentir empatía y entender el sufrimiento humano, ser comprensivo y asentir por las vicisitudes ajenas, no nos debe obligar a darle la razón a quienes sufren. Es un error pensar que alguien que sufre o ha sufrido tiene una especie de superioridad moral, o de notoriedad racional, o que tiene justificado el emprender ciertas acciones que para otros serían completamente reprochables. Más hoy que la gente sufre por nada, hasta por no tener tomate para los macarrones: millones de personas quejándose todos los días por nada; yo sólo me quejo de lo delicada y estúpida que es la gente. Así que bien, cuando alguien te exige comprensión por lo general quiere que le des la razón en todo: su sufrimiento o no simplemente es chantaje emocional.



El sufrimiento es la trama principal de nuestras vidas. Si le decimos sí tendremos una buena vida, si le decimos no seremos presa del miedo, de la esperanza y de personas que se presentan como salvadores.


El dolor del parto debería ser el sueño de toda mujer: es el padecimiento que las conecta con la trascendencia, ¡qué sentido tendría dar una vida sin sufrir! La abnegación más absoluta en pos de la vida, sacrificarse por algo que la dignifica, que la hace ser mejor... Las mujeres son seres de amor. Una mujer entregada en el amor es una mujer que se está realizando. Lo demás son mentiras y falacias del mundo moderno.


El sufrimiento burgués es tener que trabajar.



Gracias al drama ha surgido del hombre las mayores obras de arte. No habría arte con felicidad absoluta o al menos no merecería la pena.


El suicidio sólo es honroso por honor. No hay honra en la debilidad, en quien se aniquila a sí mismo por miedo a vivir.


Decir sí a la tragedia es simplemente aceptar el sino que nos es dado a todos los hombres. No se trata en ningún momento de aplaudirlo, de decir ¡venga, vamos, mátalos a todos! No. Se trata de vivir aceptando lo que va a ser queramos o no. La vida es bella porque el dolor hace contraste con los momentos felices. El placer es delicioso porque contrasta con la tragedia y el sufrimiento.



El masoquismo es la adición a vivir, a sentir intensamente. Y en el montañismo hay algo de eso; y por experiencia tal sentencia se me impone innegable.


El sufrimiento es el origen de todo lo bueno, pero a su vez, en demasiadas ocasiones, resultado de todo lo malo. ¿Es acaso lo malo el padre de lo bueno?



La violencia es la respuesta ante la maldad y a su vez una manifestación de la maldad misma. Pienso que tenemos algo de confusión moral aquí. ¿Sería matar lo correcto? ¿Sería correcto dejar vivo a alguien que mataría sin más? ¿Realmente matar te convertiría en alguien malvado si tal homicidio fuera necesario y ¡correcto!? En el fondo conocemos las respuestas a todo este embrollo, pero la moral que nos han inculcado nos nubla. Una vez aniquilas la moral en toda esta ecuación todo se ve diáfano y el juicio madura y se puede concebir sin recogimientos. Una visión amoral mata la moral. Nietzsche no mató a Dios, ¡mató la moral!, y con ello nos abrió un camino…

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