31 de mayo de 2017

ORÍGENES Y TINIEBLAS


De varias personas aisladas de distinto sexo surgieron familias gracias a uniones de amor o al mero instinto de vivir, de prolongarse en los hijos e hijas: el amor a la posteridad, a no dejar de existir. De las familias surgieron tribus y de ellas líderes. De las tribus se fueron formando estados más complejos y en ellos también había líderes. Se formaron pueblos, más amplios y territoriales aún, y también tenían líderes. Eran territoriales porque los pueblos, porque los grupos homogéneos, desean hacer patria, quieren ganarse su suelo y no vagar sin rumbo, sin destino: un hogar es ponerse un centro en el mundo. ¡Y qué es "el pueblo" sino la lucha constante por una tierra! Y por ello hubo guerras y por ello la patria es amar la sangre de los ancestros que nos dieron un lugar por el que luchar y donde vivir. Los pueblos se hicieron indistintamente nación y éstos, como todo grupo, también formaron su estado. El estado contiene a las naciones que representa, pero el estado puede ser ocupado, usurpado, así que si una nación no domina a su estado no hay democracia que valga aunque los usurpadores llamen al voto. Tampoco lo hay si una nación desconoce su propia situación, sus males más profundos. 

De las primeras familias que dieron lugar a tribus y luego a pueblos surgieron costumbres. A esas costumbres les llamamos tradición. Esas tradiciones dieron idiosincrasia al pueblo, que luego quiso ser nación y estado. La tradición no es más que la condensación de la creatividad humana de un grupo de seres con un denominador común, el origen de una moral, de aquello que da peso a las naturalezas mutables del bien y del mal. Y sí, de esas tradiciones surgieron dioses también, y con éstos mitos, comportamientos, voliciones (expresiones de la voluntad), inspiración, amor, sangre, guerra, arte… ¡cultura!... ¡ciencia!...

Llegados al punto en el que un pueblo no quiere vivir, reniega de su nación y de su estado: repudia y luego olvida su origen. ¡El hombre universal es alguien que viene de ninguna parte! Reclama su individualidad como si tal cosa fuera posible por sí misma y no gracias a aquello de lo que reniega y repudia. Todos divididos los pueblos se mueren, todo relativizado todo es cuestionable, si todo es cuestionable no hay ni verdades ni certezas por las que algo adquiera solidez y una existencia duradera. 

Llamar libertad a la negación de todo aquello que te determina es cerrar los ojos a la realidad y paradójicamente ser menos libre. Un pueblo que quiere y lucha por ser libre perece a causa de ello. No es la libertad más que luchar por nada: quitarse las cadenas que otro hombre o grupo de hombres te pone no es luchar por la libertad, sino por tu propia voluntad, a la cual impiden vivir y realizarse. Todo lo bueno surge del compromiso: el amor no es más que amar al otro, amarse a sí mismo no es más que egocentrismo. Se debe vivir y morir por algo que nos supere, por algo que nos engrandezca. Una mujer que muere por su hijo es mil veces más fuerte y heroica que un intelectual que dice luchar por la libertad. Un leñador cuidando de su familia en un bosque recóndito, mimando a su mujer y a su prole, comprometido con el porvenir y la posteridad, es infinitamente más honorable que cualquier payaso lector de libros y de periódicos que no dicen más que vendas tu alma al diablo o te desvivas por cuatro derechos de mierda que en la práctica sirven para nada: porque todo lo que tiene valor te lo ganas tú mismo. Una puerca amamantando a sus jabatos es más digna que cualquier vasallo de la modernidad.

La luz sólo brilla entre las tinieblas. Las tinieblas son el mundo. Por ello el mundo es trágico y por ello el mundo es bello. Hoy viven los hombres dominados por las ideas, por abstracciones… quieren morir por fantasmas y perderse la oportunidad de vivir.■

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