16 de febrero de 2018

dominĭum


No creo que todo tiempo pasado fuera mejor aunque aveces me inunde la nostalgia. Pero entiendo que el pasado ocupa un lugar en nosotros que nos enseña que todo es aún posible. De hecho creo firmemente que el tiempo presente no es más que la fusión del pasado avanzando hacia el futuro: el tiempo no es lineal, ni cíclico, sino esférico; porque todo lo que somos lo hace el ayer, el hoy y el mañana y todo ello converge en un sólo punto.


Siempre que he tocado fondo de verdad hay algo dentro de mí que sonríe. Mis demonios hacen que la llama arda de nuevo y resurjo de las cenizas más fuerte que nunca.


El látigo de Nietzsche no era para domar a la mujer, sino para atraerla, para que le amara.


Es inefable esa sensación de estupidez que siento cuando me relaciono con las gentes en muchas ocasiones. No hablo de una situación embarazosa, de algo a lamentar, no, me refiero al simple hecho de estar con ciertas personas, que pudieran ser cualquier persona. No es un sentimiento de superioridad, simplemente es una sensación que me embarga, que surge desde muy hondo, y que me dicta que me aleje de lo mundano… pues mi sitio es otro.


Primero lamentaba estar solo. Luego me acostumbré. Cuando maduré algo más entendí que era un tesoro. Ahora es una necesidad.


Nos buscamos a nosotros mismos y estamos en nosotros mismos: perdemos mucho el tiempo queriendo ser otra cosa.


Mi deseo más poderoso no es nada material, sino poder dominarme.


Las personas nobles son nobles porque no saben ser otra cosa mas que lo que son. Huye del ladino, del que te vende paraísos, del que dice que te va a salvar, pues te engaña, te enseña un rostro noble para tapar su verdadera faz. Si no hay más remedio que tratar con estos seres, bien se ha de dejarle saber que le conoces como la alimaña que es.


El mal vence porque para pararlo no hay más remedio que usar sus medios y sus formas. Luchar contra el mal implica un sacrificio profundo, el nuestro: perder la inocencia no es más que ser cada vez más un condenado en una humanidad que se esfuerza en fastidiarse los unos a los otros. Eso si de verdad se quiere pelear contra el mal, si de verdad se está dispuesto a sonreír a los demonios que duermen en nuestro espíritu, alma… llamarlo como queráis. En la moral no se cumplen las leyes de la naturaleza sensible, no hablo de que el agua apague el fuego… sino de que para acabar con el mal es necesario una dosis de maldad.


Más que creer, pues creer es dudar, sé que existen personas tóxicas, personas que absorben tu energía y vitalidad. Sólo el código penal impide que estas personas no sufran a mis manos, y es una pena, porque me planteo si tales personas merecen vivir o no, si merecen vivir sueltos o no. Existen seres que por alguna razón sólo saben hacer daño a los demás y disfrutan con ello.

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