28 de marzo de 2018

PUEBLO DIFUNTO


Hace muchos siglos ya que la cristianad arrasó con el panteón. No parece tan lejos el día en el que los musulmanes arrasarán con la basílica de San Pedro. Sólo espero que dentro de 500 años alguien rescate mis escritos y arrase con todo el mundo sarraceno. Escribir para el futuro, escribir para la guerra, escribir pensando que lo que hoy digo tendrá consecuencias y que serán devastadoras y bellas…


Dueño de las ideas las proyecto para dominar a los hombres. Dominar a los hombres es lo que los hombres desean; desean ser dominados y llamar a eso libertad.


El sufrimiento como origen de todo lo bello, del arte elevado, de la excelencia. El hedonismo como origen del arte que llaman moderno, que no es más que el hombre degenerando.


Creo en la justicia social, no en la lucha de clases. Si decimos que hemos superado la derecha y la izquierda por qué tanta ansia entre los patriotas socialistas por proletarizar la lucha. ¿Defendemos a los trabajadores por justicia social o porque son trabajadores? No voy a participar en disputas marxistas disfrazadas de patriotas, ni en batallas anacrónicas.


El refugio más seguro de todo hombre debería ser su propia mente.


Quizá no merezca luchar por España, ni por ninguna nación. En realidad uno no lucha por una nación, sino por un pueblo. El pueblo es como la familia, pero la familia ha muerto, como el pueblo. Cuando uno siente el desarraigo entre las personas más cercanas quiere decir que ya no hay nada por lo que luchar que no sea uno mismo. España, como otras naciones, ha perdido esa idea del destino común. Ha mancillado su origen mezclándose con sangres extrañas y ha sido empujada -aunque casi siempre por voluntad propia- por ideas suicidas, ideas que corrompen la esencia misma del origen de un pueblo, conformador de nación.

Quizá sea mejor luchar por un tipo de hombre, un tipo de hombre noble y fuerte de espíritu. Un tipo de hombre capaz de hacer resurgir algo nuevo, un nuevo destino, un nuevo camino creativo; es cierto que las naciones se crean, pero los pueblos lo crean personas unidas por un origen común. La revolución no consiste en hacer reformas, no. Se trata de derrumbar todo y construir sobre las ruinas, de proyectar a nuestros ancestros hacia el futuro para ser partícipes de la eternidad. Y por ello quizá sea necesario dejar que España muera, que Europa muera y que “los más”, aunque sea en espíritu, mueran. Sólo así los más aptos puede que resurjan, los que no han sucumbido a la realidad de esta modernidad, y haya así un nuevo amanecer, una nueva época que rompa con todo lo anterior.


La conciencia soporta mayores pesos que el cuerpo. Y por ello el cuerpo no puede con la conciencia.


¿Cómo controlar tanta rabia? ¿Cómo controlar tanta impotencia? ¿Cómo no llegar a implosionar a causa de ello, haciéndome daño a mí mismo? ¿Cómo no retorcerme de dolor? ¿Cómo no ahogarme en mis propias lágrimas y turbarme por mis pensamientos sanguinarios? ¿Cómo seguir frenando a la bestia? ¿Cómo evitar mi autodestrucción?


Mi ideología surge de lo que es por sí mismo, de la esencia de las cosas, de lo natural. Es extraño llamar a algo así ideología. Quizá no lo sea, seguramente no lo sea: sólo es una forma de vivir espontáneamente. No distingo lo material de lo sagrado, la naturaleza como tal es espiritual. No hay más allá, sino un único mundo posible. Si los judeocristianos os llevan al cielo, yo os llevo a la tierra y al cielo que son de este mismo mundo; si los judeocristianos parten todo en dos, yo lo convierto en uno.


Si la sangre no es importante para un pueblo, ese pueblo perece irremisiblemente.

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