13 de junio de 2018

EL NUEVO CLERO

Sólo se respeta a lo que se teme o se hace temer. Amar u odiar a lo respetado es otro cantar.



Esta imagen es un fake, pero ilustra perfectamente el discurso del régimen.
No obstante esta revista ha publicado cosas por el estilo.

Matando a Europa es el gerundio marxista. Entonando la culpa de todo es de Europa, del hombre blanco... ¡los marxistas y sus sucedáneos han conseguido que el hecho de matar mediante marxismo esté bien visto! Eliminando la herencia genética europea mediante el mestizaje, eliminado y reescribiendo su historia para que se interprete como un pecado original provocado por el nacionalismo de los diferentes países europeos, generando mecanismos de ingeniería social para pervertir a la juventud y poner a las mujeres en contra de los hombres europeos (¡y caigan en brazos de sarracenos y africanos!), para desviar la sexualidad y para confundir… los hombres blancos de Europa se dirigen a su muerte física y espiritual. Nos están matando -¡estamos ante un genocidio!- y por alguna razón el hombre blanco europeo apenas opone resistencia. Europa se suicida con asesoramiento mediático, educativo y sexual. Adiós Europa.


Dar pena es una de las actitudes cristianas de las que más ha abusado el marxismo. Y ha conseguido lucrarse con ello.


He llegado a la seria conclusión de que la religión tal como es conocida es más útil en cualquiera de sus formas que el ateísmo. Aunque el ateísmo en Europa y aquello que llaman Occidente no es más que la cuarta religión abrahámica, una suerte de cristianismo profano. Dicho esto cualquier religión que te acerque a un Dios es más útil para el ser humano que la religión o la filosofía que te aleje de él (ellos). Aunque obviamente negar o no creer en Dios es afirmarlo. Por lo tanto Dios sirve para vertebrar una sociedad, para imponer una ética y unos valores ordenados... ¡genera unos mecanismos de mala conciencia que dirigen al hombre al orden! - en las no abrahámicas opera la vergüenza-, y en este sentido el ateísmo fracasa pues uno mismo responde ante si mismo en lugar de ante un Dios, y nosotros por regla general siempre estamos muy dispuestos a perdonarnos o a disculparnos con facilidad.


El marxismo es la lucha del trabajador por ser burgués. La clase trabajadora marxista es por definición una envidiosa.




Los amantes de los derechos humanos quieren darle dinero a cualquiera declarado oprimido; sí, una paguita. De esa forma éstos supuestos oprimidos nunca dejarán de ser unos oprimidos, escoria, puesto que serlo es lo que les da de comer: el sistema les premia por ser bazofia, una carga, o simplemente se siente mejor -el sistema- ayudando a otros por los que por una extraña razón siente pena (o no, sólo un perverso interés). Eso podemos extrapolarlo a todas las esferas de la vida en las sociedades basadas en una ética de la lástima; y es que los derechohunanistas hacen que la gente se sienta orgullosa de su podredumbre, hacen de aquello que les hunde o que dicen que les hunde su modo de vida. Dar pena es un negocio, confunden ser pobre con ser humilde y ser humilde con el derecho de ser una carga para la sociedad en su conjunto. También confunden el ser diferente con ser oprimido de verdad, y por ello los oprimidos crecen y se generan, porque dar pena es un modo de vida y ser declarado en peligro de exclusión una posibilidad de ingresos o de ciertos privilegios.


El instinto gana en valores a la inteligencia.



Son los marxistas y la gente que se dice de izquierdas en general quienes más han atacado a la Iglesia Católica por los diversos casos de pederastia y abusos a mujeres; y sin duda son hechos más que reprobables. No obstante la izquierda encuadra el problema en todo el estamento religioso de esta confesión y en ninguna otra, o al menos no lo hace con tanto énfasis no vayan a caer en lo que ellos llaman “intolerancia religiosa”. No actúan con la misma beligerancia contra otras religiones, con lo que se entrevé ahí una estrategia de la izquierda proveniente de su ateísmo militante y odio visceral al clero católico. Es así cuando los únicos desmanes denunciados son los de un grupo específico. Pero de todo esto surge una paradoja, y es que al final los marxistas son más dados al sacerdocio de lo que ellos creen. Lo son con otra pose pero en el fondo con un mismo denominador común: imponer una ética, y la ética es la antesala de la religión. El marxismo es religión, catolicismo invertido, catolicismo de la materia en lugar del catolicismo del reino de los cielos que predicaba el nazareno. 


Y estas personas con esta ideología son también perpetradores de crímenes que mucha gente defiende sin vergüenza alguna, ¡y con mucho fanatismo! Defienden el aborto sin restricciones, que se lleva la vida de miles de seres aún por nacer pero sin duda vivos. Defienden la inmigración masiva que se lleva la vida de miles de personas en los océanos, en los camiones… contribuyendo con ello a la trata de neoesclavos beneficiando a mafias y ONGs (mafias lucradas mediante el arte de dar pena). Pervierten a los jóvenes con obscenas clases sobre sexualidad, incluso les intentan confundir en su propia identidad sexual ¡desde la infancia! El día que podamos rendir cuentas a los criminales marxistas y marxistas culturales o a los denominados de izquierdas de todas la corrientes existentes… ¡cuánta impunidad!



De todo lo aquí expuesto sólo cabe decir que la derecha no es inocente y ha participado en todo lo dicho tanto como los marxistas culturales. Ha sido el liberalismo el que ha utilizado el marxismo para fines perversos. Ambos flancos de la política sirven al mismo mal y juntos forman un mismo ser.

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